A un año del primero de julio, ha quedado claro que la verdadera transformación solo se podrá lograr con la movilización, y la lucha organizada de las y los trabajadores, jóvenes y campesinos, tomando el destino de nuestras vidas en nuestras propias manos y no depositando esa tarea en un personaje por muy buenas intenciones que éste tenga.

El primero de julio de 2018 sin duda significo un paso adelante en la lucha de los sectores más pobres de nuestro país, ya que, utilizando el proceso electoral, salimos a decirle a los partidos de derecha que ya no los queríamos más en el poder, porque no estábamos dispuestos a seguir soportando políticas que significaban empeorar nuestras condiciones de vida. Es por ello que amplios sectores de las masas depositaron sus esperanzas de cambio en López Obrador, dadas todas sus promesas de campaña junto años de lucha en los que millones de personas se involucraron en tareas de organización de Morena.

Sin embargo, durante este proceso en el que Morena asumió la presidencia de la república y logra mayoría en ambas cámaras, hemos visto como se han subido a este barco personas que son totalmente ajenas a los intereses de los millones de trabajadores que llevaron a Morena al poder. Así mismo, el actual gobierno mantiene las mismas políticas de fondo que durante años han beneficiado a los empresarios y banqueros. Al mismo tiempo que intenta realizar cambios superficiales para favorecer en algo a los más vulnerables, sin embargo a cada paso en esta dirección se encuentra con los mismos zánganos de siempre aferrándose a sus privilegios a costa de la mayoría empobrecida del pueblo.

Morena ante el movimiento obrero y campesino

Podemos mencionar dos ejemplos muy claros, que expresan cual es la posición de AMLO ante las luchas obreras y campesinas; las huelgas en Matamoros y la lucha contra el Plan Integral Morelos y la termoeléctrica de Huexca.

Las huelgas en Matamoros son el mejor ejemplo de que la fuerza de la clase obrera en el momento en el que se organiza, es imparable, y ellos lograron en las calles lo que en la ley no se podía lograr. Si bien AMLO planteo un aumento salarial, a los empresarios esto no les importó y no lo cumplieron, no es sino hasta que los obreros salen a la huelga que pudieron hacer realidad este aumento, incluso rebasando lo que el mismo López Obrador había plateado.

El asunto es que mientras Obrador guardaba un silencio complice, dos de sus principales colaboradores intervienen como verdaderos esquiroles y traidores ante esta situación. Por un lado, Ricardo Monreal haciendo llamados a acabar con las huelgas de manera inmediata, para no afectar a las empresas, es decir pone por encima los intereses de los empresarios sin importarle en lo absoluto los intereses de los trabajadores; esto con el argumento de las “perdidas millonarias que afectarían la economía del país”. Esto es cinismo puro, pues por años somos los trabajadores los que hemos perdido mucho a través de la terrible explotación laboral que se vive en las maquilas.

Por otro lado, Yeidckol Polevnsky, la presidenta del partido, haciendo declaraciones abiertas en contra de esta maravillosa lucha obrera, y difamando de la forma más vil a la abogada Susana Prieto, siendo que ella ha jugado un papel fundamental en las victorias de estas luchas.

En el otro ejemplo, AMLO sabe muy bien que en las zonas de Morelos y Puebla hay una tremenda lucha en contra de los megaproyectos de muerte desde hace muchos años, ya que él visitó estos municipios e incluso en campaña manifestó su oposición a la termoeléctrica, con lo cual muchos campesinos le dieron su voto ya que se vislumbraba que Obrador estaba del lado de su lucha. Ahora se ha manifestado a favor de dicho proyecto y está gestionando para poder llevarlo a cabo sin importar las luchas campesinas de esta región. Incluso ante el asesinato de Samir, uno de los principales dirigentes de este movimiento, nuevamente guardo silencio, demostrando gran insensibilidad ante esta lucha.

Estos son solo dos ejemplos de como AMLO está viendo y enfrentando los movimiento de la clase trabajadora, pero hay muchas otras situaciones que ejemplifican esto, como lo es la propia reforma laboral de su gobierno, que no plantea mejoras reales hacia los trabajadores, de hecho no combate la tercerización, como lo prometió en campaña. Pero también tenemos la reforma educativa y nuevamente un silencio ante la huelga de los trabajadores de la UAM.

De fondo lo que hay es una política económica que no acaba con el neoliberalismo, sino que lo mantiene, y lo combina con una política asistencialista en la que el gobierno le da recursos al pueblo mediante becas, pensiones y demás apoyos, planteando que no es necesario luchar, que él con sus reformas solucionara los problemas de los sectores más pobres. Pero esta posibilidad es totalmente irrealizable, más aún en una situación de crisis económica a nivel mundial, tan sólo en los últimos días se ha rebajado la expectativa de crecimiento del PIB al 0.8% para este año.

¿Es poco tiempo para cambiar las cosas?

Muchas personas de manera honesta y con la esperanza de realmente ver una mejoría en el país, plantean que no le podemos exigir a López Obrador que en apenas unos meses de llegar al gobierno cambie las cosas después de las porquerías que hicieron los gobiernos anteriores. Es cierto que no se puede cambiar todo como por arte de magia, sin embargo, desde el primer momento se deben trazar las directrices de hacia dónde podemos ir avanzando. Y lamentablemente esas directrices señalan que el nuevo gobierno no quiere acabar con la explotación de la clase trabajadora y que mantiene a los hombres más poderosos de este país o “la mafia del poder”, al frente de las palancas principales de la economía, no los toca en lo absoluto, y les permite que sigan funcionando prácticamente igual que como lo han venido haciendo en los últimos años, es decir acumulando grandes fortunas, a pesar del combate a la corrupción.

El primero de julo del año pasado, la clase trabajadora mexicana le dio un duro golpe a la burguesía y sus partidos de derecha, demostrando así de lo que es capaz. Pero hoy queda más claro que nunca que eso no es suficiente, que tenemos que seguir impulsando la lucha obrera, juvenil y campesina en las calles, al mismo tiempo que construimos una izquierda organizada y revolucionaria, esta es la única manera de lograr una verdadera transformación.


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