El 1 de julio de 2018 trastornó el funcionamiento normal del Estado mexicano. Durante décadas la burguesía y sus partidos tradicionales gobernaron directamente, pero con su derrota electoral la derecha perdió el control directo del poder público, cuando menos en el Ejecutivo y el Legislativo.

Un verdadero descalabro del que ahora intentan recuperarse. La pérdida de millones de militantes entre el PRI y el PAN, la amenaza de pérdida de registro, las escisiones, los desencuentros internos, las acusaciones de fraudes e incluso los golpes son ahora la nota corriente de estos partidos. El descrédito y la crisis no es para menos y la burguesía lo sabe, por eso busca salidas también por fuera de sus partidos, de la derecha tradicional, en iniciativas “ciudadanas” como la “Alternativa por México” lanzada recientemente por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex).

Sin embargo, tienen en contra la crisis económica del capitalismo que ha hundido, aún más, el nivel de vida de las masas y deslegitimó sus partidos. El desarrollo de los últimos meses es un capítulo más en la historia de la crisis política que existe a escala global, partidos que habían gozado de poder por décadas y “sistemas bipartidistas” que gestionaban las políticas neoliberales han cedido, en algunos casos colapsando estrepitosamente, dando paso a formaciones cada vez más a derecha e izquierda o elementos de tintes demagógicos y fascistas que ahondan la crisis del sistema, como Trump, Bolsonaro o Macri.

El PRI siendo PRI y el PAN a golpes

Quizá el caso más representativo es el del PRI, partido que es heredero de los años dorados de la dominación de la burguesía mexicana ahora ha caído hasta el tercer y cuarto lugares de las votaciones, ha perdido legisladores, gobernadores, militantes y negocios. El intento desesperado de hacerlo resurgir pasa por elegir a uno de sus dirigentes más grises que ha sido ungido en medio de acusaciones internas de fraude y acarreo.

La larga crisis arrastrada por el PAN ha llevado a una serie de divisiones y desafecciones de los sectores tradicionales, de la ultraderecha y también del oportunismo falsamente liberal, desde Espino, Clouthier, Fox, etc, hasta Calderón, Zavala y otros; además de una deriva autoritaria interna que hace uno días acabó a golpes en Puebla. Y el PRD que se había convertido en una muleta más del PAN, buscando desesperadamente entre los escombros de Nueva Alianza una tabla a la cual agarrarse en medio del naufragio.

Enfrentamientos en el aparato estatal

Pero también son varios los sectores de la derecha que han entrado en confrontación con el aparato del Estado para desestabilizar al nuevo gobierno. Desde el amparo de los magistrados del Poder Judicial y otra alta burocracia contra la baja de salarios, el debate de los aeropuertos, la renuncia del Secretario de Hacienda y el motín de la Policía Federal, cada uno ha sido una oportunidad para la derecha de recuperar un poco del terreno perdido. Esto refleja que a pesar del gran golpe que le hemos dado, ésta casta sigue pataleando por sobrevivir y fortalecerse nuevamente.

La derecha se reorganiza

En este sentido, el gobierno de AMLO se presenta a la izquierda del panorama electoral, sin embargo, su política no implica una ruptura de fondo con el sistema. Su programa expresado abiertamente por él, por altos funcionarios de su gobierno y por dirigentes de Morena es encontrar el camino para que los empresarios puedan seguir “desarrollando” al país, aunque ahora de manera responsable y honesta. Pero resulta que no todos los empresarios están de acuerdo con esta idea.

Concretamente la Coparmex ha decidido que no puede esperar mucho del PAN y del PRI y no confía en los sectores de la burocracia estatal, así que lanzó su propia campaña, sin más va a formar su propio grupo y trabajar directamente por sus intereses. Esto es ya una muestra de lo que puede pasar.

Si AMLO y Morena siguen por el mismo camino, la derecha que por el momento está aún recuperándose de las heridas puede tomar la iniciativa y bajo el mando directo de la burguesía levantar alternativas de derecha. Sin bien se mira lejos no está descartado. El movimiento obrero y popular podemos evitarlo fortaleciendo la movilización combativa e independiente por un gobierno obrero y socialista.


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