Este 1 de diciembre se cumple un año de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador después de una victoria arrasadora con más de 30 millones de votos en las elecciones del 2018. El fin de más de 80 años de tiranía prianista fue posible gracias a años de lucha incansable de la clase obrera, la juventud, el campesinado y los pueblos indígenas. Las y los oprimidos dejamos claro nuestro deseo de un profundo cambio social y nuestra gran fuerza. 

En estos 12 meses el nuevo gobierno ha llevado a cabo algunas medidas exigidas por el movimiento como la abrogación de la reforma educativa o decretar la obligatoriedad de brindar educación pública hasta el nivel superior. También están los programas sociales como los apoyos a adultos mayores, las becas, etc., un avance todavía insuficiente para acabar con la miseria que asfixia a millones de personas en el país.

AMLO centra toda su política social en la esperanza de aumentar los ingresos estatales gracias al fin de la corrupción, incrementando los ingresos petroleros, la construcción de grandes infraestructuras y la llamada “Austeridad Republicana”.

Acabar con la impunidad de los corruptos ¡Un PEMEX nacionalizado bajo el control de los trabajadores!

Con ese objetivo se puso en marcha la campaña de “la lucha contra la corrupción”. Sus primeros pasos han demostrado que no es fácil pasar de las palabras a los hechos, especialmente en la batalla contra el huachicoleo para evitar el desvío de los ingresos del petróleo al crimen organizado que incluye a políticos y a empresarios. Hasta ahora de los 600 detenidos ninguno es de alto perfil y ya se ha liberado ¡al 56 por ciento!

La promesa del gobierno de conseguir la autosuficiencia de la industria petrolera será inviable con medidas superficiales que no cuestionen hasta el final el funcionamiento de este sector decisivo. Es un problema muy grave y antiguo que ha llevado a la bancarrota al sector más rico del país. La paraestatal arrastra una deuda de 100 mil millones de pesos y los ingresos cayeron un 4,6 por ciento este año.

En primer lugar, es necesario renacionalizar PEMEX, pero con esto solo no alcanzará, sabemos que antes de la privatización el robo también era sistemático. Hay que depurar la cúpula de esta industria de todos los ladrones que provocaron su bancarrota. ¿Quién puede asumir esa tarea? No pueden ser los mismos que se benefician de la corrupción o llevan décadas tolerándola. Deben ser los trabajadores organizados quienes hagan una gran limpieza para garantizar que los miles de millones que genera el petróleo sean disfrutados por el pueblo.

Además del huachicoleo, hay otro problema que AMLO parece no contemplar, y es que las exportaciones petroleras van a la baja. México no una excepción, sin ir más lejos ha presentado caídas que superan el 29 por ciento este septiembre. Dejar el futuro de la mayoría encadenado a las decisiones de grandes especuladores con los precios de las materias primas y los vaivenes de la economía mundial puede desembocar en más sufrimiento para las familias.

¡No a los megaproyectos de la muerte!

Por otro lado, entre las grandes infraestructuras previstas por el gobierno están el Aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas, el tren transístmico, el tren maya o el Proyecto Integral Morelos, todos ellos basados en una combinación de inversión privada y pública. En total planea desarrollar mil 600 proyectos entre 2020 y 2024.

Uno de los graves problemas de toda esta propuesta es que implica continuar con la depredación de la naturaleza y el despojo que el PRI, el PAN y los imperialistas han impuesto durante sus gobiernos. Las comunidades están hartas de tantos años de saqueo que sólo trae miseria, marginación y la destrucción del medio ambiente indispensable para la vida sobre la tierra. Esta situación explica el descontento en varias de ellas, pues su experiencia les demuestra que la modernidad nunca llega para transformar sus vidas, sino para enriquecer a otros.

No podemos aceptar que para intentar mejorar la vida de parte de la clase obrera sea necesario convertir en una pesadilla la vida de otros sectores del pueblo. En México hay mucho dinero, pero no está en los bolsillos de las familias campesinas pobres, sino concentrada en un pequeñísimo grupo de ricachones. A su cabeza se encuentra Carlos Slim, el hombre más rico de Latinoamérica en 2019 con una fortuna de ¡¡¡64,000 millones de dólares!!! Es ahí adonde debemos mirar para conseguir los recursos que necesitamos.

¡Solo el pueblo salva al pueblo!

AMLO se propone acabar con la gigantesca desigualdad social a través de la “Austeridad Republicana”, es decir, evitando derroches, estableciendo topes salariales a los altos funcionarios y elevando el salario mínimo. Aunque se han realizado diferentes decretos con esta intención, en la medida en que el corrupto aparato judicial sigue intacto como en los mejores tiempos del priísmo, algunos como el tope salarial no se pusieron en práctica. ¡Jueces y magistrados superan cinco veces el límite propuesto! Esta realidad agradable para unos pocos, contrasta con la subida del salario mínimo, imposible para muchos trabajadores gracias a las tretas empresariales legales e ilegales. 

Es una de las grandes lecciones del primer año de AMLO en el gobierno: el Estado mexicano —sus leyes, sus altos funcionarios, sus cuerpos de hombres armados— están al servicio de los capitalistas. ¿Cuántos ladrones, violadores o corruptos pertenecientes a la élite hay en las cárceles?

También tenemos las reformas sobre revocación de mandato y consultas aprobadas en las últimas semanas que, si bien son positivas, no garantizan automáticamente la participación democracia en las decisiones de la clase obrera, la juventud y los campesinos.  Los poderosos a pesar de ser una minoría tienen bajo su control grandes instrumentos para crear confusión. Los grandes medios de comunicación y propaganda se pondrán en marcha para chantajear a la población amenazando con que cualquier medida que recorte los beneficios capitalistas traerá el caos. Esto respecto a los medios legales, en relación con los ilegales, tienen sus matones para intentar amordazar e incluso asesinar a quienes se atreven a alzar su voz.

Sería maravilloso poder resolver los grandes problemas de las familias trabajadoras con algo tan sencillo como un decreto. Pero la experiencia nos ha demostrado que nuestros derechos ni se conquistaron ni se conseguirán con esta facilidad. La oligarquía mexicana y los imperialistas, con su largo historial de fraudes electorales, corrupción, y represión, recurrirá a cualquier medio para garantizar sus beneficios. Los 43 normalistas de Ayotzinapa son tan sólo una de las dolorosas pruebas de esta verdad.

No se puede confiar en los capitalistas

A pesar de la disposición conciliadora de AMLO y de que las medidas del nuevo gobierno no han supuesto todavía un grave desafío para el sistema, los capitalistas están muy preocupados por la demostración de fuerza que protagonizamos en las elecciones de 2018. Son conscientes de que en México nos hemos incorporado al proceso insurreccional que sacude América Latina. Al igual que en Bolivia o Venezuela, la contrarrevolución está esperando una situación propicia para tomar revancha. La burguesía no está dispuesta a retroceder ni un centímetro en sus privilegios.

Su ofensiva es contundente y no escatima en tomar oportunidades para golpear al gobierno que las y los trabajadores sienten como suyo. La derecha más recalcitrante comienza a reorganizarse en torno a estructuras como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, dirigidas por personajes como Gustavo de Hoyos y Claudio X. González, magnates de grandes corporaciones envueltas en corrupción y evasión masiva de impuestos.

La estrategia para desestabilizar al gobierno va desde las mentiras francas, hasta el boicot abierto y las provocaciones con intensión de justificar los ataques y el chantaje de la cúpula de la Fuerzas Armadas al gobierno de Morena.  

La debilidad invita a la agresión

Un ejemplo de esta estrategia fue la detención fallida de Ovidio, cuando un sector de las FFAA garantizó el fracaso de la detención para responsabilizar al gobierno del error y atizar el descontento de la tropa hacia el gobierno alimentando un sentimiento de humillación. Este grave incidente también sirvió para que el crimen organizado diera su opinión sobre el nuevo presidente. El mensaje fue claro: respétame o habrá guerra. Frente a este desafío, la estrategia de seguridad de “Abrazos, no balazos” no resultará eficaz para combatir el poderío del narcotráfico y sus vínculos con la derecha, las FFAA, el sistema judicial y financiero.

La cúpula del Ejército y la policía tampoco está cómoda con este gobierno. AMLO en vez de depurar todas estas instituciones armadas infectadas de corruptos y criminales, apoyándose en las denuncias de las víctimas y la organización de los soldados de base, está realizando concesiones cómo ceder el mando de la Guardia Nacional a militares.

López Obrador debería tomar nota de la trágica experiencia de Evo Morales, que también intentó ganarse la simpatía de los generales con prebendas. Sus maniobras no impidieron que, llegado el momento, Williams Kaliman, comandante en jefe del ejército boliviano, no tuviera el menor problema en reclamar su dimisión a pesar de que hacía menos de un año, cuando asumió su cargo, se declaró un “soldado del proceso de cambio”.

¡No es venganza, es justicia!

Los jueces, magistrados y los altos mandos de las FFAA son un sector profundamente conservador y privilegiado del Estado capitalista. Existen ejemplos en América Latina de cómo estos sectores tienen un papel clave en la preservación del status quo. Basta recordar el caso de Brasil, con el hipócrita encarcelamiento de Lula mientras se permite un fraude multinacional con Odebrecht.

Tras muchos años de sufrimiento el pueblo reclama justicia contra Peña Nieto, Carlos Salinas, Felipe Calderón y todos los responsables del desvío de millones de pesos de gasto público que se robaron al alumbrado, las escuelas, los hospitales.... La corrupción no es el único delito a perseguir. Debe darse un castigo ejemplar a los responsables de las desapariciones, los asesinatos y los feminicidios, que son una herida abierta para cientos de miles de nosotros. Rechazamos el llamado de AMLO al perdón y el olvido. No podemos ni queremos olvidar. Nuestras hijas e hijos, nuestras hermanas y hermanos, no serán olvidados. 

Exigimos la depuración de las Fuerzas Armadas, incluyendo la Guardia Nacional, así como la construcción de comités de autodefensa con un funcionamiento democrático para luchar contra el narcotráfico.

Responder la amenaza de la crisis económica 

Dos fuerzas contradictorias presionan el gobierno de Morena. Por un lado, su base social, dispuesta a luchar para acabar con la explotación, la pobreza y la violencia. Y, por otro, las exigencias de la cúpula militar y los grandes empresarios, exigiendo que nada cambie.  Y, todo este panorama no estaría completo sin incluir otro asunto de vital importancia para el que tenemos que estar preparados. Todos los organismos de análisis económicos más serios aceptan ya la perspectiva de un nuevo retroceso de la economía mundial y, para el capitalismo mexicano, enormemente dependiente de las exportaciones, la perspectiva es incluso más oscura. 

Ya conocemos las recetas capitalistas para los tiempos de vacas flacas: que las masas paguen la factura de la crisis. El Banco Mundial y el FMI seguirán exigiendo la aplicación de sus recetas: bajada salarios, recorte de los presupuestos en salud y educación, eliminación de los subsidios sociales para los más empobrecidos... No es necesario irse muy lejos para averiguarlo, basta con preguntar a nuestros hermanas y hermanos ecuatorianos, chilenos, argentinos, brasileños...

No se trata sólo de conocer su sufrimiento, sino de inspirarnos con su heroica reacción. Hay que estar alertas, redoblar nuestra organización y estar preparados para defendernos del ataque del gran capital. Las manifestaciones masivas, las huelgas generales, los comités de lucha de base son nuestra mejor herramienta.

Somos la mayoría y somos fuertes

Sería un error infravalorar el desafío que representan la fuerza contrarrevolucionaria, pero nuestra equivocación sería aún peor si despreciáramos la enorme potencia del movimiento para hacerle frente. La clase trabajadora no sólo fue capaz de derrotar a la derecha en las urnas, después ha continuado su lucha en el terreno laboral. La victoria del Movimiento Obrero de Matamoros 20/32 marca el camino: consiguió el aumento salarial en más 90 empresas, así como arrebatar más de 20 contratos colectivos a los gánsteres de la CTM.

La izquierda sindical avanza inaugurando una nueva etapa con un charrismo que se debilita de la mano de la crisis priista. Ya cayeron tres bastiones en los grandes sindicatos: Romero Deschamps del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, Joel Ayala Almeida dirigente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado y Arturo Zamora que abandonó la Confederación Nacional de Organizaciones Populares.

El movimiento de liberación de la mujer trabajadora también está siendo protagonista destacado de esta nueva fase, obligando al gobierno a tomar medidas como la declaratoria de Alerta de género en la CDMX o la promoción de la legalización del aborto en todos los estados. Ambas han probado ser meramente cosméticas, no solo porque la violencia machista no ha disminuido, también dentro de Morena existen representantes del más despreciable machismo institucional.

La juventud tampoco es ajena a todo este proceso, los estudiantes fueron los primeros en manifestarse el año pasado contra los porros.

No habrá cambio real sin romper con el capitalismo

No hay tiempo que perder, la necesidad es urgente: la pobreza abarca al 42% de la población, el salario promedio tan sólo cubre el 50 por ciento de la canasta básica, la desigualdad alcanza su máximo histórico al igual que los feminicidios. Los hijos e hijas de las familias obreras y campesinas son golpeados brutalmente por el narco, han muerto casi 150 mil desde el inicio de la “guerra contra el narcotráfico”. México se ha convertido en uno de los países más peligrosos del mundo.

Pese a la dura situación económica, el pueblo mantiene el ánimo y la voluntad para protagonizar una verdadera transformación. Si AMLO en cumplimiento de sus promesas confronta a la derecha estaremos dispuestos a seguirlo.

Por el contrario, si opta por la llamada tercera vía, como Correa en Ecuador, Lula en Brasil o Evo en Bolivia, antes o después la reacción intentará aplastarlo. Es imposible conciliar los intereses de la clase obrera con los capitalistas, no se puede dignificar la vida del pueblo sin desafiar a la burguesía y el imperialismo.

Frente a los intentos golpistas en Latinoamérica y la ofensiva de la derecha en México no bastan las pequeñas reformas, los discursos o los decretos. Hay que responder a su intento de acabar con nuestro movimiento derrumbando su sistema, el capitalismo. Es necesario poner toda la riqueza al servicio de la mayoría expropiando y nacionalizando los sectores claves de la economía como la industria petrolera y la banca bajo el control democrático de la clase obrera.

Únete a Izquierda Revolucionaria. Defiende el programa de la transformación socialista de la sociedad en las luchas obreras, entre la juventud y el movimiento feminista contra la opresión imperialista, de género y el racismo.


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