La migración expresa un rasgo que está determinando el rumbo actual de la humanidad; y resulta fundamental para entender los modos de gobernar de los países excoloniales; tanto para las regiones expulsoras como ante los Estados-destino. La crisis económica actual ha generado un mayor número de emigrantes en busca de mejores oportunidades. En el último periodo han cambiado y se han incrementado los patrones de flujo migratorio en el mundo.

México ha participado considerablemente en la actividad económica derivada de la migración laboral desde hace muchos años, que se ha caracterizado por su unidireccionalidad dominante, vecindad condicionada y masividad. Este aspecto de la relación México-Estados Unidos (EEUU) se divide claramente en cuatro periodos[1]:

                I. Etapa inicial: (1884-1921). El “enganche” es el principal sistema de contratación, migración familiar y predominantemente hacia Texas. Sus “facilidades” radicaban en la construcción del sistema ferroviario en el sur de EEUU; y debido a los conflictos durante la Revolución Mexicana.

                II. Programa Bracero (1942-1964). Contratación temporal para actividades del campo, con un perfil específico de trabajador, debido a la falta de mano de obra provocada por la 2da Guerra Mundial.

                III. Periodo Indocumentado (1964-1986). Inclusión considerable de mujeres obreras  y un incremento de los riesgos en el recorrido hacia el país de destino. El periodo termina cuando se aprueba la Ley Simpson-Rodino (IRCA, por Immigration Reform and Control Act), para amnistiar a más de dos millones de mexicanos que radicaban en el país norteño.

                IV. Periodo Post-IRCA (1986-2008). Se incrementó la represión fronteriza y aumentó el número de muertos en el intento de cruzar. Tras los atentados terroristas de 2001 en Nueva York, las políticas xenófobas se incrementaron, lo cual redujo el flujo de personas temporalmente.     

Las condiciones no variaron mucho con la llegada de Barack Obama a la fecha, más bien empeoraron, incluso más durante la presidencia de Donald Trump. Desde México, los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto no sólo fomentaron las condiciones institucionales y financieras privadas para alentar el flujo migratorio hacia el norte, sino que robustecieron engañosamente la burocracia del Instituto Nacional de Migración (INM) para proyectarlo eternamente: la emigración fue utilizada como válvula de escape. No importó en nada el desplazamiento involuntario de las comunidades indígenas del sur hacia el centro del país, debido al narcotráfico y los abusos del Ejército, sino que simulaban amnistía, a su vez, con los flujos de inmigrantes de Centro y Sudamérica. Ahora ya es una inmensa bola irreversible de fuego.

Por lo pronto, la normalización de la migración como algo natural e irreparable, la despoja de su carácter de clase, y a lo más, el progresismo la ilustra desde una visión voluntarista o paternalista, pero las raices del problema y su solución son más profundas que eso. Sólo el gobierno de Michoacán, por citar un caso concreto, administraba y difundía, en la segunda mitad de los 2000, las disposiciones que los gobiernos prianistas, con tal de abaratar la mano de obra migrante mexicana a EEUU, “facilitaban” las condiciones sociales a los “paisanos” hasta no hace mucho:

  • “Con la campaña “conoce tus derechos”, nuestros paisanos en EEUU saben cómo actuar y defender su integridad y patrimonio.
  • Incrementamos nuestra aportación al Programa 3x1.
  • Implementamos el Programa 1x1 para potenciar los recursos de nuestros paisanos y generar empleos.
  • Incremento en 100% el presupuesto de la Secretaria del Migrante.
  • Estrechamos lazos con nuestros paisanos en EEUU”.

Demagogia que esconde el problema de desigualdad y violencia que origina los flujos migratorios y disfraza lo que en realidad esta siendo una polìtica de contención a los migrantes a orden del imperialismo norteamericano.

Ahora, el gobierno de AMLO continuará con las políticas de diplomacia sumisa hacia los EEUU (por ejemplo: el muro fronterizo); y el someter con mano de hierro a los migrantes provenientes de Centro y Sudamérica. Esperar a que los diputados o senadores de Morena hagan algo, significa abandonar a nuestros hermanos de clase sudamericanos. Desde Militante hacemos un llamado a conformar comités obreros y cooperativas en provincia para ayudar a los migrantes: ¡¡¡Evidenciemos la actitud hipócrita de la derecha prianredista. Denunciemos los abusos en el seno de la burocracia del Instituto Nacional de Migración, del Ejército y exigamos cárcel a los “Coyotes”. Exijamos ante Derechos Humanos mejor trato a los indocumentados hispanos. Movilicemos los frentes sociales a favor de los migrantes. Por una verdadera transformación, combativa y de carácter socialista!!!      

 

[1] Durand, Jorge. “Origen es destino. Redes sociales, desarrollo histórico y escenarios contemporáneos”; en Rodolfo Tuirán (coord.), Migración México-Estados Unidos. Opciones de política, México, CONAPO, 2000.


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