El levantamiento del plantón nacional que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantenía afuera de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el pasado 15 de julio supone el cierre del presente periodo de movilizaciones. En el aire queda una reunión que AMLO ofreció con funcionarios para resolver algunas cosas, pero no la reunión con la Comisión Nacional Única Negociadora (CNUN) como exige el magisterio democrático, ¿qué sigue ahora?

La fuerza de la CNTE

En el periodo de movilización que va desde principios del año hasta el levantamiento del plantón, la CNTE ha demostrado que a pesar de todo tiene aún mucha vida y mucha fuerza. Especialmente en los bastiones tradicionales del Pacífico sur. Las marchas, tomas, plantones, mítines, cierres, bloqueos, asambleas y docenas de actividades de resistencia junto a jornadas culturales y pedagógicas dan cuenta de ello.

Las acciones se desarrollaron en cada estado y región con algunas convocadas en la Ciudad de México con delegaciones representativas, que fueron más o menos nutridas y siempre parte de movilizaciones estatales. De todos estos ejemplos podemos ver que la acción de miles de maestras y maestros y la actividad constante no es una debilidad para la Coordinadora, sin embargo, el levantamiento del plantón sin una fecha concreta para una mesa de negociación o algún otro acuerdo claro deja una sensación de esfuerzo malogrado.

La movilización no ha faltado. Mas, pese a todo ello, hemos visto como, con dificultad se han logrado apenas alguna de las demandas más sentidas de la base docente.

¿Qué ha pasado?

La Coordinadora enfrenta un periodo ya más o menos prolongado de magros resultados. Por un lado, efectos de la reforma educativa peñista aún son visibles, por otro, la conducción de la SEP y la política de AMLO frente al magisterio ha sido firmemente cerrada. Y a esto hay que sumarle las contradicciones internas que debilitan la capacidad y efectividad de la Coordinadora.

La cerrazón sostenida por Delfina Gómez, destinada a no mover nada de lo que había dejado Moctezuma Barragán, ha levantado una barrera formidable contra el movimiento democrático. Por un lado, apoyada en la burocracia del SNTE, por otro, sabiendo ya medir las acciones de la CNTE e incorporando elementos afines a la administración y al Estado, han debilitado claramente a la Coordinadora y en los hechos fortalecido al aparato burocrático que controla y reprime en los hechos cualquier tipo de iniciativa o acción que salga de la norma estatal. 

Con la nueva administración continua con una carga laboral y administrativa que imposibilita en los hechos la participación política de muchos trabajadores de la educación. Además, la precariedad, la inestabilidad y la constante amenaza de despido o sanciones se mantienen.

Esto la Coordinadora no sólo lo tiene que tener en cuenta en el discurso para denunciarlo sino para definir la táctica para cómo ésta se acerca a la base. Los últimos años han demostrado que convocarnos entre los activos a la actividad política es insuficiente, tenemos que volver al trabajo de base de manera concreta y permanente, darle seguridad a nuestras compañeras y compañeros que pueden organizarse y luchar en los centros de trabajo sabiendo que la Coordinadora los respaldará ante cualquier intento de hostigamiento y reprimenda.  

Y frente a lo anterior, la CNTE que orgullosa de sus más de cuatro décadas de lucha, arrastra ahora también divisiones internas, enfrentadas en su apreciación del momento y su posición frente al gobierno de AMLO que puede diferir 180º entre un sector y otro, cambiando también diametralmente la actitud y los métodos a la hora de las exigencias y diálogos.

La mayor dificultad que enfrenta ahora la CNTE es que en los hechos las secciones estatales actúan como organizaciones independientes solamente apenas coordinadas para las acciones centrales. Esta situación se hace más evidente en secciones como Oaxaca o Michoacán que llegan a tener más recursos para presionar a las autoridades estatales y, por el contrario, deja descobijadas a las secciones “no consolidadas” o donde los comités de lucha aún no tienen una presencia suficiente.

Este último argumento, utilizado por algunos dirigentes, denigra a otras secciones, que a pesar de las duras circunstancias están haciendo una labor importante de organización, y se presta para acallar muchas voces, no aceptar y corregir errores, e incluso negarse a sumar propuestas o planteamientos que puedan hacer avanzar la lucha. 

Y no se trata sólo de las acciones centrales, aquellas que se realizan en la Ciudad de México están magramente nutridas con los contingentes representativos, sino sobre todo que, al mismo tiempo que hay un llamado a la movilización general y nacional el énfasis se pone en las acciones locales tendientes a lograr mesas de negociación estatales que permitan ir resolviendo las demandas particulares más urgentes o más importantes para las direcciones y se va dejando de lado las demandas generales del magisterio.

¿Movilización-negociación-movilización?

Por un lado, en el momento de sentarse a la mesa con el gobierno, y aun ya desde el momento de exigir las mesas, se apuesta todo a la capacidad de negociación, a ganar las cosas en los despachos. La movilización está presente, pero como elemento secundario. En la práctica, la táctica de "movilización-negociación-movilización" se ha convertido en presionar para obtener mesas, apostarle todo a las mesas y controlar la movilización como maniobra de fuerza frente a las autoridades. Lo principal se trasladó de la escuela y la calle, de la lucha a las oficinas gubernamentales.

Los "maestros" del gobierno

No es solamente esta forma práctica en la que ha derivado una de las formas de accionamiento básicas de la Coordinadora la única dificultad actual, también se enfrenta a que muchos ex integrantes del magisterio democrático, de la CNTE y de antes, se han integrado al gobierno de Morena. No se trata aquí de ningún desprecio ni agravio, al hecho de que miles de maestras y maestros miran con simpatía y confían en el Gobierno de AMLO, sino de señalar que algunas de las figuras señeras relacionadas con el magisterio hace mucho que dejaron las convicciones de la democracia sindical y educativa.

Caso relevante es hoy, el de la recientemente nombrada nueva Secretaria de Educación Pública quien en su momento estuvo involucrada activamente en la Primavera Magisterial que logró la democratización de la Sección IX, pero que de aquello han pasado ya más de dos décadas. Y en realidad, figuras como esta, responden a las movilizaciones de la Coordinadora, con conocimiento de su historia y sus tácticas de lucha, maniobrando para contemporizar con los sectores que le apuestan a la negociación, y rechazando a los sectores combativos, para, en suma, hacer oídos sordos a las demandas y dejarlas sin respuesta.

¿Qué sigue?

Lo que se necesita para poder volver a la carga y verdaderamente avanzar, es un cambio en la política del movimiento magisterial democrático. Levantar una bandera de lucha que, sin despreciar la rica tradición combativa de la CNTE, deje de lado los discursos sobre las luchas anteriores y ponga toda esa experiencia al servicio de la concientización, organización y movilización actual.

Más de una vez hemos oído a alguna compañera o compañero hablar de 40 años de historia, o de las movilizaciones del 89, pero también hemos visto a esos mismos compañeros dificultar la entrada de nuevas maestras y maestros, negarse a la formación política o tener una actitud francamente negativa contra quienes, para bien o para mal, aún conservan esperanza en el gobierno federal.

Muchas veces se llama a los compañeros a luchar, pero no se organizan brigadas, no hay un volante, no se va a las escuelas, como si se esperara que sólo por hacer el llamado la gente se presentará. Sigue presente la represión en las escuelas, los llamados de atención, las actas, y los despidos.

Tenemos que cambiar de táctica, ante cada mesa de negociación la movilización la acompaña, no solo regional sino también central y unitaria, no ganaremos nada en las negociones lo que no hayamos ganados en las calles e integrando a la lucha y organización al grueso de trabajadores a la educación y a las familias.

Es hora de dar un vuelco a toda la situación. Que una nueva movilización seamos miles en todo el país y no sólo contingentes representativos, un plantón sea bien nutrido, vivo y una verdadera amenaza al poder. Y, ésta vez, apostar todo a obligar al gobierno a aceptar las demandas, no parar al obtener una mesa, menos una promesa, sino hasta conseguir satisfacer todas nuestras exigencias.


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