Desde el siglo XIX Carlos Marx habló de la migración como un proceso para generar ejércitos de reserva laboral en el mundo capitalista, y actualmente en la fase imperialista del capitalismo más salvaje, sumergido en crisis ambientales y económicas nunca antes visto, este fenómeno social está adquiriendo un carácter inhumano l en el mundo entero.

Las principales causas son económicas y políticas, miles y miles de personas de las zonas sur del continente americano, africano y del centro de Asia, se desplazan a los países de Norteamérica, Europa y la península arábiga, principalmente huyendo de la falta de alternativas laborales, pero también del hambre y la pobreza extrema y cada vez más de los conflictos políticos de invasiones y guerras de los países capitalistas a sus territorios. Casi podríamos decir que huyen de la barbarie en busca de un “sueño” que ya está comprobado históricamente, es una ilusión.

En el caso de México, somos un país de tránsito, estadía y destino de los países de toda la parte sur del continente, hacia Estados Unidos, además de ser un país con gran migración desde hace varias décadas.

Con el avance de las crisis económicas y sociales en los países centroamericanos, el caribe y Sudamérica de los últimos años, han surgido las caravanas migrantes, la primera en el año 2018 denominada “el primer éxodo” donde caminaron como una marea humana miles de personas desde Honduras hacia México sumando más gente a su paso de diversas nacionalidades, y desbordando todo tipo de solidaridad brindada ante la gran cantidad de población compuesta por familias completas.

Desde ese año ha habido tres caravanas masivas, y muchas otras más pequeñas, pero asegura Hernández Osorio en el periódico La Jornada a fines del año pasado que: “2023 fue un año donde el flujo migratorio en el país se incrementó como no se había visto en más de una década. Además, alertó que son de los números más altos de migrantes y refugiados vistos en el país”.

Ante esto, se brindaron algunos albergues - cabe mencionar que la mayoría de ellos en condiciones indignas - y oficinas para realizar trámites migratorios, y los migrantes por su parte veían al país como tránsito, pero durante los últimos años las políticas y las aspiraciones se han ido modificando por el recrudecimiento de las políticas estadounidenses para frenar las migraciones masivas en medio de la fuerte crisis económica, social y política que atraviesa.

Y en la actualidad México se ha convertido en el lugar de residencia de miles de migrantes porque ya no pudieron continuar el viaje, han sido deportados y dejados aquí y también porque es la aspiración del destino final de nuevas caravanas. Destacan los haitianos y los venezolanos, pero los hay de todas las nacionalidades de Centroamérica, Sudamérica y el caribe. También la estabilidad política y económica que nuestro territorio ha significado en el último sexenio han jugado un papel de establecimiento de varios hermanos migrantes. Muchxs hermanxs ante la barbarie que atraviesan toman como “alternativa” intermedia los “empleos” que el gobierno federal y locales están ofreciendo para emplearse como mano de obra barata en diversas ramas, principalmente en la construcción.

La migración es un fenómeno que impacta lo económico, social, político y lo cultural, y esto está siendo usado por los sectores más reaccionarios y atrasados para estigmatizar y criminalizar sin cuestionar el origen de dichos procesos en las crisis de sistema capitalista y las barbaries en los países de origen.

¿Quién por gusto estaría dispuesto a abandonar su lugar de origen y someterse a caminatas kilométricas, cruzar desiertos o el mar en pateras con miles de personas, pasando carencias y calamidades de todo tipo si no es por necesidad extrema? Los migrantes huyen de la pobreza, del hambre, de las guerras e invasiones de sus territorios, del crimen organizado y la violencia, de los desastres provocados por fenómenos naturales en población que vive en vulnerabilidad…

Y sin embargo en nuestro territorio también atraviesan el mismo terror, no sólo con los agentes migratorios, la GN y sus cárceles, sino también los constantes embates del crimen organizado y muchas veces lamentablemente la cero solidaridad por parte de ciertas poblaciones que envenenadas por la propaganda de la xenofobia y el racismo atacan, excluyen y rechazan a las poblaciones migrantes.  

En definitiva, la solución es luchar unidos como hermanos de clase, desde la Patagonia hasta Norteamérica contra los principales culpables de esta situación: el sistema capitalista y sus Estados, donde conquistemos una sociedad distinta donde podamos vivir dignamente bajo una economía planificada que resuelva la necesidad del éxodo, y eso sólo es posible en las federaciones obreras internacionalistas y revolucionarias que no distinguen banderas, ni fronteras.

 


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