“El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza”. –Karl Marx, El Capital.

El reciente hallazgo del campo de reclutamiento forzado y de exterminio en el Rancho Izaguirre de Teuchitlán, Jalisco, es un claro ejemplo de que nosotrxs, la clase trabajadora, somos lxs más azotadxs por el crimen organizado: somos nosotrxs lxs desaparecidxs, somos nosotrxs quienes ocupamos las fosas clandestinas.

Los restos humanos calcinados y los casi 2 mil objetos personales descubiertos el pasado 5 de marzo por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, al interior del Rancho Izaguirre, no solo exponen la brutalidad con la que opera el narcotráfico, sino que revelan también las contradicciones inherentes al sistema capitalista que perpetúa la violencia como mecanismo de opresión de clase y de reproducción de capital.

El uso de tácticas de reclutamiento forzado basadas en ofertas laborales falsas a través de redes sociales, portales especializados y periódicos, prometiendo salarios y condiciones laborales atractivas dirigidas a jóvenes precarizadxs provenientes en gran parte de zonas rurales y marginadas, nos muestra cómo es que la clase trabajadora, despojada de oportunidades para salir adelante, es convertida en mercancía desechable por este sistema que prioriza las ganancias sobre las vidas. Asimismo, las torturas y el trabajo forzado a las que se somete a las víctimas de los centros de reclutamiento, deshumanizan y reducen a las personas a instrumentos de producción criminal.

Gobiernos, burguesía y narcotráfico

Sabemos que desde el inicio de la inexistente “guerra contra el narco”, simulada por Felipe Calderón para legitimar su gobierno luego del fraude electoral y responder a las exigencias del imperialismo estadounidense, México atraviesa una grave crisis de desapariciones con cifras oficiales que reportan más de 120,000 personas desaparecidas, de las cuales, el 90% se han registrado a partir de 2006, año en el que Calderón comenzara su mandato.

El papel del Gobierno Federal, así como el de los estatales y municipales ha sido el mismo: complicidad y negligencia. El Estado ha permitido que el crimen organizado opere con toda impunidad, sabemos que la complicidad no se reduce a casos individuales como los gobiernos neoliberales han sostenido, sino que se trata de una consecuencia propia a la lógica del capitalismo, donde el Estado actúa en protección de los intereses del capital.

No debemos olvidar que en septiembre de 2024 el Rancho Izaguirre había sido allanado y resguardado por la Fiscalía del Estado de Jalisco, luego de un operativo de la Guardia Nacional en el que se detuvieron a 10 personas, se liberaron a 2 secuestradas y se recuperó un cuerpo sin vida, sin embargo, las autoridades afirman que en ese momento no encontraron pruebas que hicieran sospechar sobre algún otro acontecimiento.

Lxs empresarixs también han jugado un papel activo en el afianzamiento de los grupos delictivos. Empresas nacionales e internacionales como grandes corporaciones bancarias, agronegocios, constructoras, inmobiliarias, mineras, etcétera, han sido documentadas en más de una ocasión lavando dinero y haciendo negocios directos de toda índole con el narcotráfico, dejando ver cómo se aprovechan de la infraestructura criminal para maximizar sus ganancias y controlar sectores estratégicos.

Narrativas e instrumentalización

El 25 de marzo, durante la “La Mañanera del Pueblo”, el secretario de seguridad Omar García Harfuch, siguiendo la narrativa a la que el Estado se ha sujetado, y antes de concluir con la investigación, declaró que los hallazgos de Teuchitlán indican que sí se trata de un centro de adiestramiento, mas no de exterminio, sosteniendo que a pesar de encontrarse restos humanos calcinados, casquillos y contar con el testimonio de uno de los presuntos responsables recientemente detenido, quien indicó que ahí ejecutaban a quienes no deseaban enlistare, no puede considerarse un campo de exterminio al no encontrarse hasta el momento evidencia de hornos crematorios. Sin embargo, habría que preguntarnos, ¿es necesaria la existencia de infraestructura como instalaciones de gas o chimeneas para determinar que se trata o no de un centro de exterminio?, ¿cuántos asesinatos se necesitan para ser considerado así?

Es importante resaltar que el secretario de seguridad es un personaje que comenzó su carrera en las extintas Policía Federal y Agencia Federal de Investigación, en aquel tiempo encabezadas por el “superpolicía” –como le llamaban– Genaro García Luna, sentenciado en Estados Unidos por narcotráfico y delincuencia organizada al sostener vínculos estrechos con el Cartel de Sinaloa. A pesar de reprobar los exámenes de confianza de la Policía Federal y no contar con experiencia previa alguna en la materia, Harfuch tuvo un rápido ascenso bajo la aparente protección de la mano derecha de García Luna, Luis Cárdenas Palomino, preso por tortura en el penal del Altiplano.

El caso Teuchitlán ha dejado ver un fenómeno monstruoso: la instrumentalización y revictimización de las madres y familias buscadoras. Por un lado, el Gobierno Federal, manteniendo el estilo de la 4T, considera toda crítica y exigencia de las madres buscadoras como un golpe de la derecha, por su parte, la oposición, con un cinismo nauseabundo, capitaliza esta coyuntura para golpear a la presidenta y su partido, proclamándose como lxs defensorxs de las madres buscadoras, cuando son ellxs lxs principales responsables de la crisis de las desapariciones en nuestro país.

Teuchitlán no es un caso aislado

Durante años, colectivos de madres buscadoras han reportado la existencia de otros sitios de estas características, como es el caso de La Bartolina, en Matamoros, Tamaulipas, en donde distintos colectivos ubicaron el centro de exterminio más grande del país, reconocido así por la Comisión Nacional de Búsqueda, y donde desde 2017 se han encontrado al menos media tonelada de restos humanos calcinados, a partir de tan solo una cuarta parte del predio explorado. Con las investigaciones detenidas tras amenazas del crimen organizado, las autoridades estiman que dentro de La Bartolina yacen alrededor de 2 mil cuerpos sin identificar.

La Gallera en Tijuana, San Fernando, Colinas de Santa Fe en Veracruz, El Patrocinio en Coahuila, son tan solo algunos de los lugares que el crimen organizado ha utilizado impunemente para asesinar, mutilar y ocultar los cuerpos de miles de mujeres y hombres. El horror del Rancho Izaguirre no se trata de un suceso excepcional, sino de una crisis que ha sido normalizada.

Contra la violencia capitalista, la organización de clase

Bajo un sistema en el que salir a buscar empleo y una mejor vida no solo significa enfrentarnos a condiciones laborales precarizadas, sino no tener la certeza de si vamos a regresar a casa, no hay solución. Bajo un sistema en donde a base de torturas deshumanizantes se fuerza a jóvenes de la clase trabajadora a convertirse en sicarios, no hay solución. La lucha contra el narcotráfico fracasa porque, en el mejor de los casos, ataca síntomas, no la enfermedad: un sistema donde Estado, empresas y crimen son socios en la explotación de la clase trabajadora.

Teuchitlán nos confirma que el crimen organizado opera como un brazo perverso del capitalismo, explotando las desigualdades sociales para sostener la acumulación de poder y capital. Sin embargo, también nos reafirma la necesidad de la organización de clase, así, las autodefensas y las policías comunitarias emergen como una respuesta colectiva a la violencia estructural y su expresión en el narcotráfico. En México contamos con ejemplos como el del Consejo General de Autodefensas en Michoacán, que logró arrebatar 28 municipios de las manos del crimen organizado, o las policías comunitarias de Guerrero, Chenalhó y Cherán, que han sido un ejemplo de resistencia de los pueblos indígenas.

Los órganos de autogestión proletaria son una respuesta necesaria, sin embargo, nuestra verdadera emancipación solo será posible si son parte de un proyecto socialista que erradique las raíces sistemáticas de la violencia, la explotación y el despojo. ¡Socialismo o barbarie!


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