A finales del año pasado fue interpuesta una denuncia en contra del ex presidente Zedillo (1994-2000) en un tribunal de Estados Unidos, los acusantes, que mantienen sus nombres en el anonimato, son hijos y parientes de los campesinos, indígenas tzotziles, que fueron asesinados por paramilitares en la comunidad de Acteal, Chiapas, en el año de 1997. A Zedillo se le acusa de “crímenes de lesa humanidad” -definición jurídica que se ha hecho famosa por designar los actos represivos de ex-dictadores cómo Pinochet (Chile) o Mubarak (Egipto)-  por  haber solapado la acción de los paramilitares responsables de la masacre.

 Las reacciones que en el gobierno federal, en el PAN y en el PRI ha provocado esta denuncia revelan que se trata de una nueva intriga palaciega dentro de los partidos de la burguesía, donde se está haciendo un uso faccioso de un hecho real: la responsabilidad de Zedillo en los ataques de paramilitares contra campesinos, para perseguir otros objetivo que nada tienen que ver con  buscar “justicia” para los familiares de los campesinos asesinados en 1997.

Así cómo el gobierno federal utilizó la denuncia contra Humberto Moreira por malversación de las cuentas públicas, para golpear al PRI, de la misma forma, un sector del priísmo está ejerciendo una fuerte presión para llevar a Zedillo (de su mismo partido) a los tribunales, a modo de advertencia para Calderón, ya que si Zedillo es encontrado culpable se estaría sentando un fuerte precedente que podría ser utilizado contra  Calderón una vez que deje la presidencia. Calderón ha entendido bien el mensaje de sus adversarios y ha asumido la defensa de Zedillo cómo propia y por medio de la Secretaría de Relaciones Exteriores ha pedido al gobierno de Obama que autorice la inmunidad que Zedillo ha pedido en su defensa.

Más allá de hacia dónde se incline el fallo del juez norteamericano encargado del caso, lo que revela este nuevo episodio de confrontación entre el PRI y el PAN, es la pelea de perros que existe entre los partidos de la burguesía, cada uno tratando de ganar los favores del imperialismo norteamericano de cara a las elecciones presidenciales. Tanto los denunciantes cómo los defensores de Zedillo no tienen más opción que remitirse al gobierno norteamericano para  la “resolución” de este conflicto; este hecho demuestra la enorme dependencia del PRI, el PAN y de la propia burguesía mexicana ante los intereses imperialistas.

El PRI y el PAN buscan los favores del imperialismo yanqui con la esperanza de que una vez que este se decida por apoyar a uno u otro partido, se acaben los dolores de cabeza para el bando favorecido. A pesar de la crisis orgánica en la que se encuentra su gobierno, Calderón está empecinado en que su partido siga contando con la venia norteamericana. El PRI y Peña Nieto se ven desde hace meses no solo en los Pinos, sino recibiendo el espaldarazo del imperialismo norteamericano para lograr este objetivo, así que tampoco están dispuestos a que un desgastado Calderón les arrebate el dorado sueño. Antes que eso suceda protagonizarán cualquier tipo de batalla, incluso cuando entre las patas tengan que llevarse al último priista que ocupo la presidencia de México.

El PRI y el PAN no pueden hacer otra cosa más que encarnar la crisis general del capitalismo, las divisiones en el ceno de estos partidos no son sino el reflejo de la división del imperialismo norteamericano y su incapacidad para “consensar” sus intereses. Sólo la clase obrera puede cambiar este escenario de caos y podredumbre, para ello necesita de un programa socialista  y una organización revolucionaria.

¡Contra la crisis del PRI y el PAN, la acción organizada del proletariado!

¡Por verdadera justicia para las víctimas de Acteal y contra la hipocresía panista y priísta!


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