Tras el espectacular capítulo de la lucha clases que se desarrolló en México en el marco de las movilizaciones contra el fraude electoral del 2006, el más importante desde la expropiación petrolera en 1938, los dirigentes de izquierda más influyentes, en particular Andrés Manuel López Obrador (AMLO) orientaron al movimiento de masas hacia el frente electoral.

Dicha táctica fue favorecida por el vacío de los dirigentes sindicales quienes en su mayoría no llamaron a acciones decididas en la lucha gremial. A pesar de ello durante los últimos años vimos luchas sindicales importantes como la de los trabajadores del Estado contra los ataques a jubilaciones y pensiones, la del magisterio contra los ataques a las condiciones laborales en 2008, la respuesta inicial de los trabajadores electricistas despedidos en octubre de 2009 y las huelgas mineras en distintas regiones del país. El 1 de julio de 2012 fue trasformada por los dirigentes sindicales y por AMLO en la fecha central por medio de la cual los pobres y desheredados encontrarían la solución a todos sus problemas.

Finalmente, los resultados de las ansiadas presidenciales facilitados por el Instituto Federal Electoral (IFE) otorgan al Partido Acción Nacional (PAN) el 25,40% de los votos, al Partido Revolucionario Institucional (PRI) el 38,15% y a la coalición encabezada por AMLO el 31,64%. Declarándose al candidato de derechas, Enrique Peña Nieto (PRI), como futuro presidente de México.

Un nuevo fraude

En México la derecha, PRI y PAN, siempre ha recurrido al fraude electoral. Esta vez no iba a ser menos. Dada la crisis internacional del capitalismo, los grandes empresarios deben fortalecer su política de ataque a los trabajadores por ello no podía permitir que un gobierno de izquierdas, aupado por una fuerte movilización de la izquierda, ganara. Para ello una vez más realizaron un fraude electoral que durante toda la campaña, incluso meses antes, quedó al descubierto con la compra de votos, la represión y asesinato de dirigentes de izquierdas. En plena jornada electoral también, como hace seis años, se encontraron descaradamente datos tergiversados en las actas electorales, intimidación a pie de urna, expulsión de los observadores de izquierda. El mismo IFE desarrolló medidas “legales” que le permitían manejar los resultados a su antojo.

Por supuesto que, una vez más, hubo fraude pero el problema ya no es el fraude en sí mismo sino la nula respuesta desde la dirección del PRD, PT y el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).

La campaña de la izquierda

A pesar del ambiente favorable para la izquierda y del gran apoyo de masas la campaña, que ha coincidido con la irrupción del movimiento “yo soy 132” que estalló a mediados de mayo y que ha movilizado a centenares de miles de jóvenes por todo el país, estuvo marcada por errores de todo tipo organizativo y políticos.

Poco antes de las elecciones se supo de muchos compañeros de izquierda que fueron golpeados por gente del PRI. Ataques realizados a plena luz del día, en lugares públicos, en presencia o con intervención directa de la policía y en muchos casos grabados o fotografiados, sin embargo la dirección de la coalición encabezada por AMLO guardó silencio total.

Por otra parte, el programa político de Obrador redujo a una mínima expresión las demandas económicas y políticas del pueblo trabajador, en su lugar se puso la consigna de la “República del amor” y la conciliación con los enemigos de la clase trabajadora. Planteó el “perdón” para los medios de comunicación, que están directamente vinculados a la derecha, e incluso para el mismo Calderón. La conformación del eventual gabinete presidencial también reflejó una política incorrecta. Conforme la elección se iba acercando, López Obrador fortaleció sus vínculos con círculos de empresarios nacionales. Uno de los casos más emblemáticos es el de Fernando Turner, que fue nombrado como futuro secretario de economía. Este empresario fue militante del PAN durante 30 años y en su momento apoyó la candidatura de los panistas Vicente Fox y de Calderón. Otro caso es el de Juan Ramón de la Fuente, hombre clave en la represión de la huelga estudiantil más importante de los últimos años. Incluso a menos de una semana de las elecciones, integró a su eventual equipo de gobierno a Manuel y Tatiana Clouthier, hijos de uno de los históricos dirigentes del panismo. Los priístas también fueron bienvenidos, Manuel Bartlett y Arturo Núñez Jiménez, candidato a senador y gobernador de Tabasco respectivamente, recibieron su apoyo. A pesar de que la campaña estuvo marcada por actos fraudulentos a favor del PRI, AMLO firmó distintos acuerdos comprometiéndose a aceptar los resultados “ganara quien ganara”.

Las masas esperan un llamado a la lucha

Nadie puede culpar a las masas explotadas en México, ellas siempre han estado dispuestas a movilizarse en las calles para evitar el regreso del odiado PRI. Todos los mítines de López Obrador tuvieron una asistencia masiva, incluso en estados donde la izquierda y los sindicatos han sido severamente golpeados. Ahora, las masas están esperando un llamado claro a la lucha. Se sabe que de no actuar contra la imposición de Peña Nieto se abrirá un periodo de ataques muy fuertes de la derecha.

Toda la base de MORENA, Morenaje PRD y PT han estado movilizándose dentro del masivo movimiento “yo soy 132”. Sin embargo, las masas necesitan del llamado claro para unificar las banderas del movimiento juvenil y de la lucha contra Peña Nieto, aunque es muy posible que AMLO no llame a la movilización sino a la lucha legal por recontar los votos en algunos lugares. Dicha medida está condenada a la derrota.

Escribimos este artículo a un día de las elecciones, el escenario está abierto pero creemos que las acciones de la derecha y los errores de los dirigentes de la izquierda permitirán que Peña Nieto tome formalmente el cargo de presidente el próximo diciembre. Esto puede significar una desmoralización para una capa importante de las masas explotadas, pues han hecho todo lo que ha estado en sus manos y, sin embargo, la pesadilla del PRI regresa. Pero en el marco de los ataques que Peña Nieto debe realizar contra los trabajadores, esta desmoralización será momentánea y pronto veremos cómo los trabajadores obtienen nuevas fuerzas y nuevos motivos para salir a las calles protagonizando jornadas de lucha aún más fuertes que en el pasado.


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