Desde el 8 de julio al 27 de agosto, Morena llevó a cabo 19 foros y 4 consultas que pretenden trazar el Proyecto de Nación que, la próxima o próximo candidato de dicho partido, enarbolará para las elecciones del 2024, pretendiendo ser la guía de gobierno del próximo sexenio; al menos eso se ha dicho.

Los ejes temáticos fueron: seguridad, paz y justicia; combate a la corrupción; el papel de México en el mundo; reforma del estado; soberanía energética; economía con justicia social; ciencia, tecnología y humanismo; bienestar social; trabajo; campo y autosuficiencia alimentaria; medio ambiente; pueblos originarios; medios de comunicación y derechos digitales; arte y cultura; juventudes; salud pública; educación; feminismo; y sexualidad y diversidad.

Estos temas, así como las propuestas para las consultas han sido hechas por la Comisión Especial de 21 miembros que el partido ha designado como los especialistas en los diversos temas, todas ellas caras públicas y reconocidas dentro del partido, así como dentro de la 4T.

Las cuatro consultas estuvieron acompañadas de asambleas públicas donde miles de personas se vieron involucradas. En cada consulta se han realizado 300 asambleas a nivel nacional y 10 en Estados Unidos de manera simultánea. En el proceso han participado aproximadamente 300 mil personas en los foros y las consultas.

¿Por qué la consulta, por qué ahora?

A la burocracia de Morena le da pavor el pueblo politizado y organizado, pero no puede seguir consolidando su poder y cosechando los triunfos electorales sin recurrir a la base y simular que nos toma en cuenta, y que son diferentes. Es por eso que se ha montado este acto, fingiendo un proceso amplio y democrático, donde se escucha al pueblo y se le toma en cuenta.

Este proceso de “apertura” viene después de todo un periodo de desmovilización, en que se alejó a la base social y sólo se le apelaba en momentos de elección, donde se limitó o impidió la organización y la discusión entre la militancia, periodo en el que transcurrió el III Congreso Nacional, donde incluso se ha propuesto modificar los estatutos en beneficio de la derecha interna, en el que la camarilla dirigente creyó firme su dominio, sin embargo, frente a las elecciones presidenciales, han querido dar un giro, intentando retomar la base social y su acción.

No obstante, lo están intentando hacer de la única forma que saben y pueden, burocráticamente. Controlando el proceso desde arriba, a través de sus estructuras como INFP, sustituyendo las propuestas desde la base con una propuesta de un grupo de intelectuales, diluyendo la discusión y toma democrática de decisiones con conferencias de expertos donde el debate y participación de la base ha sido muy acotada.

Como habíamos dicho antes, la burocracia pretendió envestirse victoriosa sobre un volcán. Ignorando y acallando e incluso atacando de deslealtad las críticas a la estructura partidaria, a los excesos y desvíos de los funcionarios, cuando criticamos la encuesta como un método antidemocrático que nulifica a la militancia o la pasada reforma energética donde exigimos la nacionalización total. Pero ahora ha abierto un poco las compuertas y la respuesta de la gente amenaza con inundar todo.

El proceso está siendo impulsado y tomado con las dos manos por sectores militantes y base del partido, no sólo para intentar discutir y reunirse honesta y realmente sino para a partir de esto reagruparse y movilizarse para dar la batalla interna contra la derecha infiltrada y los chapulines, y así dar un giro realmente a la izquierda del proceso.

¿Un capitalismo con rostro humano es posible ahora?

Los foros en parte son para convencernos de un proyecto y de una serie de alternativas que, si bien son una diferencia con el proyecto prianista, se quedan en el plano del capitalismo con rostro humano y en la política de lo que es “posible”. En muchos de ellos por supuesto que hemos aprendido y aprovecharemos los informes y conocimientos, pero se ha limitado las participaciones de la plenaria a preguntas o uno que otro comentario brevísimo. No ha habido un intercambio real entre la base y los ponentes ¿acaso nosotros no tenemos nada que aportar? ¿Acaso no se critica la educación capitalista y se defiende la educación popular, pero por tres o cuatro horas sólo estamos escuchando y no nos estamos involucrando en la discusión?

En diversos discursos hemos escuchado incluso la palabra marxismo, lucha de clases, opresión, revolución, pero todas ellas inconexas en un punto central que el marxismo revolucionario plantea: para que la transformación radical de la sociedad se lleve a cabo necesita de la participación política real y consciente de la clase trabajadora, y no dejar la gestión de esta en manos de los “políticos profesionales”, cambiar la realidad en la práctica significa tomar acciones que destruyan el poder económico establecido, a través de la acción directa de las y los trabajadores.

Esta manera de proceder también no sólo refleja, como ya hemos dicho el intento de controlar el proceso, sino también el desprecio y la desconfianza a la clase trabajadora, que muchas veces se considera que no sabemos o que no tenemos nada que aportar, por tanto, debemos dar paso a los que sí saben cómo regir nuestras vidas y comunidades, aunque no vivan lo mismo que nosotros o que ni siquiera en muchos casos han pisado nuestros territorios.

Más que escuchar expertos por horas, deberían ellos abrir sus ojos y oídos a cada una de las comunidades de este país. El proyecto no debe de ir de arriba hacia abajo sino al contrario, los foros más bien tratan de convencer de las iniciativas que propondrán y porque no se puede más. Todo esto tiene que ver con la ofensiva ideológica que desde Morena a través del INFP está haciendo para convencer de la política de reformar este sistema y no cambiarlo, de convencernos que es posible un “nuevo” estado de bienestar, un capitalismo con rostro humano, pero en el contexto actual esto no sólo es imposible, sino que incluso que para llevar adelante las reformas que se plantean significa enfrentarse duramente con la burguesía como ya lo hemos visto.  

Un arma de dos filos

En este proceso, miles participan de manera muy entusiasta y con las mejores intenciones, muchos militantes nos mantenemos escépticos con lo que la burocracia vaya hacer con este proceso; tiene un aspecto positivo y negativo, una naturaleza contradictoria.

Para la burocracia derechista del partido es un teatro más, es por eso que nosotros no debemos de confiar en ellos y sí dar paso en las asambleas a la participación amplia y democrática del pueblo. Para la militancia de base y la base social que abogamos realmente por una transformación total de nuestra realidad es un asunto vital, avanzar o retroceder.

La Consulta sobre el PN, por lo explicado, es una navaja de doble filo, por un lado, la burocracia quiere dar la imagen de ser un partido del pueblo, pero en realidad no busca la politización y organización de la base, aunque esto pregone. Y por otro lado el pueblo que está tomando con toda esta brecha para recuperar su partido y profundizar realmente la lucha por una sociedad mejor.

Romper el dique

La discusión amplia, dinámica y realmente democrática, es ahora más que necesaria, para construir un programa que refleje realmente el sentir tanto de la base del partido como del pueblo.

En las asambleas debemos de plantear lo que realmente pensamos y no lo que el INFP quiere que digamos, como guión aprendido, y en cambio si impulsar ideas que permitan que este ejercicio supere a la burocracia y que de paso firmes en la politización y organización real de la gente.

Más allá del partido, la gente que orbita en torno a él o que trabaja en la estructura gubernamental, dicho proceso está lejano de la gente y en muchos casos pasando de largo. Algunos nos dirán, que es un proceso que va más orientado a la participación de la militancia del partido, entonces ¿por qué se dice que es un hecho inédito que toma en cuenta al pueblo, cuando este está constituido por millones de personas?

Si queremos que este esfuerzo de sus frutos para transformar la sociedad necesitamos superar el objetivo tan estrecho que quieren imponer

Y es que efectivamente, si este proceso pretende la participación del pueblo, una meta inicial, sería involucrar a los 30 millones de persona que votaron por AMLO, hacer todo lo posible porque se entere el mayor número de personas, en cada uno de los rincones del país y que precisamente se involucre realmente en discutir, debatir, pensar que necesitamos y cómo conseguirlo.

Las 300 asambleas son insuficientes ante los millones de personas que somos, estas se deben de realizar en cada colonia o incluso más de una asamblea por colonia. Si la gente muchas veces no participa no es porque sea apática sino porque cuando lo hizo no se le tomó en cuenta realmente y hay desconfianza o porque de plano no se entera de las convocatorias.

Los militantes honestos sabemos que podemos influir poco, no porque no tengamos la ideas y la fuerza, sino porque la burocracia tiene bien controlado el proceso y además lo impedirá, pero sin duda es un ejercicio que nos permitirá que en las asambleas podamos hablar más ampliamente y directamente de lo que necesitamos y cómo podemos conseguirlo, o sea, a través de la organización vecinal y la lucha organizada de los pueblos superar el dique de la burocracia.  

Estamos generando asambleas de base con el objetivo de regresar al origen de nuestra organización y plantar cara a los chapulines y derecha interna. El ejercicio del PN será útil si rompemos el dique y superamos a la burocracia y tomamos el partido en nuestras propias manos. Estos son los límites que tenemos que romper para realmente hacer posible la transformación, necesitamos tomar no sólo nuestra organización sino también la riqueza que producimos nosotrxs mismos, expropiar a los expropiadores, sino planteamos esto estaremos cayendo en la farsa burocrática de cambiar las cosas sin que nada realmente cambie.

La izquierda más consecuente del partido y del movimiento debemos tomar estos espacios y convertirlos en verdaderos espacios de discusión, poner nuestras demandas sobre la mesa y exigir que quien sea él/la próxima coordinadora de la 4t defienda ese programa o proyecto de nación y no otro, que se rompa totalmente con intereses ajenos a nuestros intereses, y ser partícipes activos de una verdadera transformación no sólo del país sino también del mismo Morena.

Sólo a través de la lucha organizada lograremos un auténtico programa que revolucione nuestra vida y podamos realmente ser libres y plenos.  


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