Se cumplen 60 años de la Revolución China, el segundo evento más importante en la historia de los explotados después de la revolución ruda de 1917. Pero ¿qué fue lo que ocurrió? Es muy importante explicarlo porque incluso supuestos “marxistas” de esta y aquella época se dejaron llevar por las impresiones y elaboraron interpretaciones erróneas, más aún, estas personas decían que la Revolución China era una muestra de que el marxismo estaba incompleto y que por lo tanto hacia falta revisarlo. Otros, totalmente al contrario, entre ellos algunos “teóricos” de la Cuarta Internacional llegaron a plantear que ¡Mao era un trotskista!
El único que pudo plantear la Revolución China desde un punto de vista marxista-y por lo tanto de manera correcta y verdadera-fue Ted Grant ¿Cómo lo hizo? Como un genuino marxista basándose en la teoría de la revolución permanente planteada por Marx y desarrollada por Trotsky que señalaba que todo proceso revolucionario en un país dependiente en los marcos del sistema imperialista tenía que enfrentar tareas socialistas si deseaba llevar la revolución hasta el final, dicho de otro modo salvo las medidas socialistas, cualquier otro camino llevaría a caer nuevamente bajo el dominio del capital internacional y por lo tanto a traicionar a la revolución.
El mundo salió devastado de la Segunda Guerra Mundial, en los países avanzados y gracias a la posición de los Estados Unidos como potencia hegemónica, combinada con la traición del estalinismo a la revolución en Europa, se crearon las condiciones para un nuevo auge capitalista. Sin embargo, en países coloniales o ex coloniales-atrasados en pocas palabras- las masas estaban dispuestas a luchar debido a que no tienen acceso ni siquiera a esas mínimas concesiones que si se dieron en los países avanzados. Esto explica las revoluciones China, Cubana, Boliviana, coreana, etc. Aquí hablaremos en exclusiva de la Revolución China.
En 1925-27 se da la primera Revolución China la cual es ahogada a sangre y fuego el Kuomitang-partido de la burguesía nacional-encabezado por Chiang Kai Shek. Este partido fue aceptado como un partido simpatizante a la Tercer Internacional después de la muerte de Lenin a pesar de la negativa de León Trotsky. En esta revolución fue aniquilada físicamente la crema y nata de del proletariado chino de tal suerte que los sobrevivientes a esta matanza tuvieron que huir de inmediato al campo, de esta manera es ilegalizado el sindicalismo chino y los restos del partido comunista. Esto no deja otra opción a los miembros de este partido escondidos en el campo más que la lucha a través de la guerra campesina.
El Partido Comunista se convirtió entonces en los hechos en un movimiento armado campesino cuyos jefes militares se autodefinían como marxistas, no hay duda que obraban de buena voluntad y que llevaban acabo una lucha revolucionaria en el campo, no obstante habían perdido la perspectiva de lucha proletaria y ya desde entonces la desdeñaban. Con todo los comunistas eran mil veces mas honestos que el corrupto y asesino régimen del Kuomitang, el cual nunca pudo destruir a la guerrilla de Mao y después, cuando estallo la guerra contra el Japón, no fue capaz de encabezar seriamente una resistencia, de tal modo que cuando la segunda guerra terminó, el régimen nacionalista de China estaba totalmente quebrado.
Una manera de ver a grosso modo el nivel de putrefacción de un régimen es medir el nivel de corrupción en el aparato estatal. El régimen de Chiang Kai Shek se hundía en ésta a tal grado que los recursos para apoyar la contrarrevolución en China provenientes de los Estados Unidos casi en su totalidad no eran invertidos, sino que se lo gastaba en otras cosas el aparato estatal. A diferencia de la revolución de 1925-27 donde los recursos de estados Unidos eran usados en la contrarrevolución ahora se gastaban en parrandas y orgias. Los Estados Unidos solo podían ver como se hundía el aparato estatal chino por sus propias contradicciones sin podes hacer nada para evitarlo.
En el verano de 1949 fue proclamada la República Popular de China, todos los intentos de Mao por constituir un sector burgués fueron inútiles, la lógica de los acontecimientos lo llevó emprender el camino de la reconstrucción por medio del aparato estatal con lo que se fue consolidando un estado obrero deformado, donde la democracia proletaria nunca jugó un papel.
Para bien o para mal, la Revolución China triunfante sólo puede ser explicada debido a la existencia de la URSS. Tomando las bases del socialismo se hubiera podido crear una federación socialista en medio mundo, por el contrario los dirigentes chinos se dedicaron a crear otro “socialismo aislado”, algo aún más absurdo que en el caso de la Unión Soviética. Pero no podían hacer otra cosa. Al haberse retirado durante mucho tiempo-veinte años-los dirigentes del partido comunista chino al campo y aliarse con los campesinos, los dirigentes del movimiento obrero pierden contacto con la clase obrera y por lo tanto con sus intereses, de esta manera pierden toda perspectiva internacionalista. El campesinado es siempre oscilante siempre está con la burguesía o el proletariado pero jamás juega un papel independiente. Así que cuando lucha el campesinado por fuerzas tiene que ir a la ciudad en busca de dirección ya sea en la burguesía o el proletariado. Los estalinistas cambiaron su base del proletariado al campesinado y en ese sentido, el ejército campesino era un agrupamiento bonapartista clásico. Y después se fusionó a un ejército. En el caso chino el campesinado encontró al proletariado pero de una manera bonapartista.
Cuando el campesinado encuentra como dirigente a la burguesía esto da como origen a un proceso capitalista clásico. Cuando es al proletariado tenemos una revolución socialista. En China tenemos una variación peculiar del segundo caso porque la dirigencia no es un partido bolchevique con ideas y propósitos enraizados al proletariado. No es esto lo que ocurre en el movimiento, este tiene una dirección centralizada en forma de partido estalinista que tiene sus raíces en Moscú. Así cuando llega al poder no como un partido Bolchevique enraizado en el proletariado sino maniobrando entre las clases.
Debido a la dirigencia de los estalinistas la china “comunista” sólo podría tener una dirección hacia un estado obrero deformado, en el cual Mao vería como modelo a Rusia y por lo tanto no permitiría la democracia obrera, condición necesaria para tener un estado obrero sano.
La ausencia de democracia obrera es lo que ha permitido a la actual dirección del PC Chino efectuar un giro al capitalismo, esperemos que el proletariado sepa rescatar su tradición revolucionaria y se levante como un huracán irresistible. Con estas bases y ese numero y ese peso a nivel mundial la siguiente Revolución China será mundial.
El pasado sábado 4 de abril, Militante visitó a compañeros de la colonia “La loma”, ellos son militantes del PRD y gracias a una compañera (también militante del PRD) se logró hacer el contacto. La iniciativa de discusión surge con los compañeros debido a sus experiencias en el seno del PRD; sólo son usados para llevar la candidatura de algún contendiente y son desechados al término de la elección. Los compañeros buscan una alternativa a lo que les ofrece el partido que desgraciadamente esta infiltrado por los chuchos y están deseosos de recuperar y hacer valer aquellos ideales y principios que dieron origen al PRD y siguen aún vigentes.
En la reunión se les presentó el video del aniversario de la Tendencia Marxista Militante, y nuestro periódico que fueron muy bien recibidos. Posteriormente se llevó acabo una discusión de nuestras ideas, los compañeros están consientes de los movimientos que se han llevado a cabo en nuestro país, como lo fue el de 1910-1921; pusieron de manifiesto los ideales de Zapata y Villa que eran buenas aspiraciones pero que no fueron concretadas por la falta de teoría, fue puesto de manifiesto por nuestra parte, también.
Los compañeros quedaron muy contentos con nuestra visita y se les propuso participar en la marcha del 1 de mayo.
Este mes se cumplen 90 años del asesinato del Caudillo del Sur a manos de los hombres de Jesús Guajardo en la hacienda de Chimeca, Morelos..
El asesinato de Emiliano Zapata representó un duro golpe para el movimiento agrario en el procesó de la Revolución Mexicana que se había gestado por las infrahumanas condiciones de vida de obreros y campesinos, que bajo el régimen de Díaz no tenían ninguna esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Aunque hay que señalar que incluso el propio asesinato de Zapata se desarrolla por el aislamiento bajo el cual el Ejercito Libertador del Sur se encontraba, pues para 1919 su rango de acción se limitaba a algunos municipios del Estado de Morelos mientras que en 1911 su radio se extendía hasta Xochimilco y la zona norte de Guerrero.
El llamado de Francisco I. Madero a la insurrección armada para el día 20 de noviembre de 1910 es atendida por alrededor de 300 hombres. En Puebla la insurrección maderista encabezada por Aquiles Serdán había sido descubierta el 18 de noviembre con lo cual el maderismo estaba descabezado en el sur del país. En Morelos la insurrección comenzó a finales de 1910 encabezada por Genovevo de la O con alrededor de 25 pero un sólo rifle. Zapata quien ya había encabezado algunos conflictos locales en Anenecuilco, se levanta junto con Pablo Torres Burgos hasta febrero de 1911 pues esperaba aglutinar a una mayor cantidad de campesinos, bajo el Plan de San Luis.
El desarrollo del movimiento zapatista durante los primeros años de la Revolución había siempre en acenso pero esto no sólo se debía a las características personales de Zapata sino a las condiciones históricas bajo las cuales se desarrolla el movimiento revolucionario. La razón fundamental por la cual, tanto Zapata como Villa, fueron quienes encabezaron el movimiento agrario se debió a la ausencia de una organización que fuera capaz de aglutinar las fuerzas en el sentido de proponer un programa anticapitalista. En este contexto poco a poco los acontecimientos políticos, especialmente la derrota de la División del Norte en 1915, fueron debilitando y aislando al movimiento.
Antes de 1909, año en que se funda el Partido Anti-reeleccionista con el cual Madero se lanza a la presidencia, el único partido de oposición había sido del Partido Liberal Mexicano encabezado por Ricardo Flores Magón, que para 1910 estaba disperso por causa de los ataques perpetuados por el gobierno de Díaz.
El gobierno de Madero, como cualquier gobierno burgués, era incapaz de satisfacer las demandas de los campesino e indígenas quienes creían sinceramente en el, pues veían en su programa una buena intención. Pero como dice el dicho “el camino al infierno esta lleno de buenas intenciones”, Madero más que buscar una verdadera transformación de la sociedad solo pretendía una apertura democrática, es decir solo buscaba que la burguesía nacional a la que el pertenecía pudiera entrar a administrar el Estado a favor de sus intereses. Zapata se percato de esto y promulga el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911 donde su principal consigna fue la de desconocer el gobierno maderista.
El Plan de Ayala refleja en gran medida la influencia política que esta tenía del magonismo, incluso la consigna Tierra y Libertad fue una consigna elaborada por los hermanos Flores Magón. Lo cual tampoco ofrecía una alternativa real a los campesinos y explotados del campo pues la distribución de las tierras sólo traería a la larga la formación de un grupo terrateniente local, o mejor dicho sólo se transferirían las tierras de dueño sin terminar con la causa de la miseria de los campesinos. Bajo el capitalismo tanto los campesinos como trabajadores son explotados en beneficio de una pequeña minoría, la cual saca jugosas ganancias del sudor y sangre de estos. Las contradicciones del capitalismo llegan a tal grado que hay ejemplos de plantíos donde se prefiere dejar que la cosecha se desperdicie por representar esto un costo menor que su cosecha, y esto sucede no en las grandes propiendas de tierra completamente tecnificadas sino en Estados como Tabasco, Puebla, Oaxaca y Veracruz. Esto sólo puede ser transformado bajo un gobierno obrero, donde las tierras sean expropiadas por este y sean puestas bajo el control democrático de los campesinos, donde la producción agraria se realice en función de las necesidades sociales.
A 90 años del asesinato de Zapata reivindiquemos un programa que realmente ofrezca alternativas a los trabajadores del campo, pues bajo el capitalismo la única salida es el socialismo.
“Por la unidad de obreros y campesinos”
“Por un programa socialista para el campo y la ciudad”
La castración científica y política de un revolucionario
En el Museo del Papalote se está presentando una exposición llamada Einstein, esta exposición ha tenido una gran propaganda incluso en barrios obreros y el interés de la clase trabajadora en la ciencia no se ha hecho esperar, en particular, podemos constatar que las masas tienen un gran interés en aprender sobre la Teoría de la Relatividad e incluso, sobre la vida de este gran científico y revolucionario: Albert Einstein.
Sin el afán de desanimar al lector, debemos decir que la exposición es pobre en relación con los objetivos que se plantea la misma. Las alas cuentan con muy poco material didáctico y la información más relevante se encuentra en grandes carteles escritos en inglés (hay traducciones al castellano, sin embargo no todas las mamparas tienen traducción y ésta es mucho más pequeña y mucho menos llamativa). El precio que se cobra por la entrada a esta exposición es más que suficiente para haber puesto también carteles en castellano; igualmente hacen falta más experimentos, los cuales también serían fácilmente cubiertos con los costos del boleto.
Las explicaciones que se dan en la exposición son más bien parecidas a las que se imparten en un aula universitaria, no propiamente para elevar el conocimiento científico de las masas. En el mejor de los casos, bastantes de los profesores universitarios se la pasan encerrados en sus oficinas en las universidades escribiendo “papers” que en no poco casos son otra cosa más que refritos de ideas ya planteadas por alguien más y éstas, al igual que en el museo, se redactan solamente en inglés. Como ven, la exposición está hecha de acuerdo a la psicología de la mayoría de los profesores universitarios: obscura e inteligible para un trabajador promedio. Este es un botón de muestra del actual estado del desarrollo de la ciencia.
La exposición empieza con muy breves notas biográficas de Albert Einstein; posteriormente sin ningún puente, se pasa a presentar algunos aspectos técnicos de la Teoría de la Relatividad, para terminar hablando de agujeros negros. Tal y como dijimos arriba, esta exposición tiene la completa psicología de un profesor universitario, la exposición tiene sin duda el sello del eclecticismo que los marxistas tanto criticamos:
En simple castellano a esto se le llama eclecticismo. Engels, en su polémica con Dühring (antepasado espiritual de Dieterich), se refería a los escritos de aquel como a “una sopa boba de eclecticismo”. Pero, comparados con los libros de Dieterich, los escritos de Dühring eran una mina de oro de sabiduría. El eclecticismo siempre ha sido popular en las universidades, y nunca más que en estos momentos. El nivel de la vida intelectual en la actualidad es incluso más pobre de lo que lo fue en el pasado —al menos en las ciencias sociales—. La mayoría de la filosofía burguesa moderna no merece siquiera la pena ser leída. El sinsentido posmodernista (que ha dejado su marca indeleble en el pensamiento de Dieterich) refleja la desesperación de los intelectuales burgueses en el periodo de decadencia senil del capitalismo. (Alan Woods, Reformismo o Revolución, Fundación Federico Engels)
La tercera y última parte de la exposición, trata de convencernos del “pacifismo” de Einstein. Se puede tapar el sol con el pulgar sin que éste deje de iluminar la Tierra; de la misma manera estos señores buscan tapar a Einstein con cartelitos e historietas de un Einstein “pacifista”. Nada de eso. Ni siquiera en sus propios carteles son capaces de ocultar la verdad. En estos mismos carteles se pueden leer algunos documentos del FBI donde Einstein financiaba a más de treinta organizaciones comunistas y anarquistas. Lo que buscaban hacer con Einstein estos señores es exactamente lo que San Pablo y demás curas hicieron con el cristianismo primitivo: quitarles totalmente todo su contenido revolucionario.
El cristianismo comenzó como un movimiento revolucionario de los pobres y oprimidos en el periodo de decadencia del imperio romano. Hace 2.000 años los primeros cristianos organizaron un movimiento de masas de los sectores más pobres y oprimidos de la sociedad. No es sorprendente que los romanos acusaran a los cristianos de ser un movimiento de esclavos y de mujeres. Los cristianos primitivos fueron comunistas, como se desprende de Los Hechos de los Apóstoles. El propio Cristo se movía entre los pobres y desposeídos y atacaba con frecuencia a los ricos. No es casual que su primer acto al entrar en Jerusalén fuera echar del Templo a los mercaderes. Dijo también que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios. La Biblia está plagada de expresiones como ésta (Íbidem).
Lo que esta gente busca es castrar el contenido revolucionario de Einstein, tanto como persona, así como el de la Teoría Especial de la Relatividad, tal y como lo explica Lenin al inicio de El Estado y la Revolución:
Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.
En semejante "arreglo" del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es, o parece ser aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son hoy—¡bromas aparte!—"marxistas". Y cada vez con mayor frecuencia los sabios burgueses alemanes, que ayer todavía eran especialistas en pulverizar el marxismo, hablan hoy ¡de un Marx "nacional-alemán" que, según ellos, educó estas asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para llevar a cabo la guerra de rapiña!
Desafortunadamente, nosotros los marxistas no tenemos materiales para realizar la exposición; sin embargo, debemos mencionar algunos de los lineamientos bajo los cuales nosotros la habríamos realizado:
La lucha por el socialismo comienza con la batalla por la expropiación del poder político y económico de la clase dominante por parte de la clase trabajadora. Pero éste es sólo el principio. La salvación y el desarrollo de la humanidad dependen de la emancipación del propio ser humano. Esto quiere decir entre otras cosas, que es necesario que la mayoría (es decir, nosotros los trabajadores) asimilemos todo el bagaje histórico, científico y cultural que tanto sudor y sangre nos ha costado y que tan pocas personas han podido disfrutar. La exposición de Einstein es un esfuerzo valioso para que los trabajadores continuemos con nuestra ardua tarea de aprender cómo funciona el Universo; bajo el capitalismo no existirá en lo general exposiciones que nos sirvan más y que se adecuen más a nuestra necesidad de aprender y conocer. Los museos, al igual que la educación escolarizada, se basan en un método didáctico y pedagógico en excelencia enciclopédico (la acumulación de información) y no formativo. Sólo bajo un gobierno obrero, estas exposiciones se multiplicarán por mil en lo cuantitativo y en lo cualitativo y erradicaremos toda la lacra intelectual a la que nos somete el capitalismo.
Aparato para demostrar el principio de equivalencia*
La figura ilustra un aparato sencillo que permite demostrar el principio de equivalencia de Einstein. El aparato está construido como sigue:
Aparato para mostrar el principio de equivalencia
Una esfera transparente de plástico rígido contiene una taza en la que puede asentarse una bola de bronce. Esta bola se halla unida por un hilo delgado de nylon a un resorte débil, detenido de un palo de escoba de metro y medio de longitud aproximadamente. El resorte no es lo suficientemente fuerte como para recolocar a la bola de bronce cuando se le saca de su asiento.
¿Cómo se puede usar este instrumento casero para demostrar el principio de equivalencia?
RESPUESTA. Tomándolo del palo, elevar el aparato verticalmente hasta que toque el techo de la habitación; dejarlo deslizarse libremente entre las manos (que sólo lo guían para evitar aporrear a los amigos). Cuando el aparato cae, la esfera grande de plástico y la bola están igualmente aceleradas y no hay fuerza gravitacional debido al principio de equivalencia; así, la pequeña tensión del resorte es ahora suficiente para jalar la bola y colocarla en la taza.
Esta "versión einsteiniana" de un juguete infantil fue ideada por Eric Rogers y su esposa, quienes se lo obsequiaron a Einstein en ocasión de su 76 aniversario, días antes de su muerte.
*Tomado de la biblioteca digital del ILCE.
Hace noventa años los representantes de las potencias imperialistas vencedoras se reunieron en París para determinar el destino del mundo entero. El Tratado de Versalles formalmente terminó con el estado de guerra entre Alemania y las potencias Aliadas (también conocidas como la Entente). Costó seis meses de disputa en la Conferencia de Paz de París concluir el tratado de paz. Finalmente se firmó el 28 de junio de 1919, exactamente cinco años después del asesinato del Archiduque Francisco Fernando.
El Tratado de Versalles fue uno de los tratados más escandalosos y agresivo de la historia. Fue un acto flagrante de saqueo perpetrado por una banda de ladrones contra una Alemania indefensa, postrada y sangrante. Entre sus numerosas cláusulas se requería a Alemania y sus aliados aceptar toda la responsabilidad de la guerra y, bajo los términos de los artículos 231-248, desarmarse, hacer concesiones territoriales sustanciales y pagar las reparaciones de las potencias de la Entente.
Los hechos de Versalles son muy ilustrativos porque revelan el funcionamiento interno de la diplomacia imperialista, la cruda realidad del poder político y los intereses materiales que se esconden detrás de las floridas frases sobre Libertad, Humanitarismo, Pacifismo y Democracia. En el secreto de la sala de negociaciones, los líderes del "mundo civilizado" regatean como comerciantes en un mercado medieval, así es como se dividen Europa y el mundo entero en esferas de intereses. Este hecho preparó la base para conflictos posteriores que llevaron directamente a la Segunda Guerra Mundial.
La revolución alemana
El combate real había terminado con el armisticio firmado el 11 de noviembre de 1918. Lo que obligó al Estado Mayor alemán a poner fin a las hostilidades fue el estallido de la revolución alemana. Después de cuatro horas de horrible carnicería, todo en el Frente Occidental, el ejército alemán desgastado por la guerra comenzó a desintegrarse. La disciplina se rompió, los soldados se negaban a obedecer a sus oficiales y las deserciones se habían convertido en una epidemia.
El motín más serio tuvo lugar entre los marineros, tradicionalmente el sector más combativo y proletario de las fuerzas armadas. En noviembre de 1918 la flota de Alta Mar alemana se amotinó debido al rumor de que los barcos, y sus tripulaciones, iban a ser sacrificadas en la batalla con las armadas conjuntas británica y norteamericana. Los marineros alemanes se amotinaron y se fueron a tierra para unirse a los trabajadores revolucionarios en Kiel y otras ciudades.
En el momento de la verdad, el poderoso imperio alemán colapsó como un castillo de naipes. Los trabajadores y marineros establecieron el Consejo Obrero de Kiel, el equivalente a los soviets rusos. El 4 de noviembre, Kiel estaba en manos de los amotinados que arrestaron a los oficiales y los desarmaron. Delegaciones de trabajadores y marineros fueron a los otros puertos: Hamburgo, Wilhelshaven, Rostok, Luebeck, Brubsbuttel, Cuxhaven, Rundesberg, Bremerhaven, Warnenberg y Greeestemunde. No se permitía entrar a ningún barco a puerto a menos que llevara la bandera roja.
La casta de oficiales estaba impotente, el Estado estaba suspendido en medio del aire y el poder estaba en la calle esperando que alguien lo recogiera. La clase dominante alemana inmediatamente comprendió que la resistencia era imposible. En su lugar, decidieron deshacerse del káiser y basarse en los dirigentes socialdemócratas como el único baluarte que quedaba del "orden". El Estado Mayor alemán preparó un golpe palaciego, el káiser fue puesto en un tren camino de Holanda.
La clase dominante alemana era consciente de que el principal peligro estaba en el frente interno. Se hizo un intento poco entusiasta de entregar el poder al príncipe Max. Sin embargo, el poder real estaba en manos de los Consejos Obreros. Para evitar que los trabajadores establecieran un gobierno revolucionario, el Estado Mayor alemán pidió los servicios del ala de derechas socialdemócrata, Gustav Noske, que fue a Kiel para tomar el control de la situación y desviar a los trabajadores y marineros revolucionarios hacia canales "seguros" (es decir burgueses). Los ladrones imperialistas reunidos en París estaban igualmente alarmados porque toda la historia demuestra que la revolución es contagiosa.
Comienzan las conversaciones
Las negociaciones entre las potencias aliadas comenzaron el 18 de enero de 1919 en los lujos alrededores del Salón de l'Horloge en el Ministerio de Exteriores francés, en el Quai d'Orsay en París. Para empezar en las negociaciones había no menos de 70 delegados de 27 países. Todos tenían su propia agenda y todos exigían un pedazo del pastel. Sin embargo, había dos ausentes importantes: las potencias derrotadas: Alemania, Austria y Hungría, que fueron excluidas de las negociaciones.
En realidad, la conferencia fue un fraude. La mayoría de los 70 delegados no tenían absolutamente nada que decir en el proceso que ya estaba determinado por un puñado de grandes potencias: Gran Bretaña, Francia y EEUU. Las naciones más pequeñas se comportaron como los parientes pobres que tazón en mano, en la puerta de un rico, esperan recibir algo por su paciencia y buen comportamiento hasta marzo de 1919, los asuntos reales estuvieron dirigidos por el llamado Consejo de los Diez, formado por las cinco naciones vencedoras: EEUU, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón.
No obstante, como se demostró incluso este organismo era inconveniente para las grandes potencias. El ascenso del poder asiático del imperialismo japonés ya había puesto sus ojos en una nueva expansión hacia China, que lo que provocaba un conflicto directo con las ambiciones de EEUU y Gran Bretaña. Los japoneses intentaron insertar una cláusula prescribiendo la discriminación sobre la base de la raza o nacionalidad, pero fue rechazada, en particular por Australia. Japón y otros abandonaron la reunión y sólo quedaron los cuatro grandes.
Italia, el más pequeño y débil, había entrado en la guerra tarde y jugó un papel muy minoritario. Pero ahora hacía mucho ruido con sus pretensiones territoriales de Fiume. Como es habitual, cuando un perro pequeño hace demasiado ruido y molesta a los grandes, estos últimos gruñen y muestran los dientes, entonces el primero huye con el rabo entre las piernas. Cuando se rechazaron estas pretensiones, el primer ministro italiano, Vittorio Orlando, indignado abandonó las negociaciones (sólo regresó para la firma de junio).
El proceso estuvo totalmente dominado por los líderes de los "tres grandes": Gran Bretaña, Francia y EEUU. David Lloyd George, Georges Clemenceau y el presidente estadounidense, Woodrow, éstos fueron los que decidieron todo. Las condiciones finales estuvieron determinadas por estos hombres y los intereses que representaban. Sin embargo, fue virtualmente imposible para ellos decidir una posición común porque sus objetivos bélicos chocaban entre sí. El resultado fue un compromiso chapucero que no satisfizo a nadie y que preparó el camino para nuevas explosiones.
Consecuencias para Alemania
El 29 de abril la delegación alemana bajo la dirección del ministro de exteriores Ulrich Graf von Brockdorff-Rantzau llegó a Versalles. Parece que ingenuamente esperaban ser invitados a la conferencia para algún tipo de negociaciones. Después de todo, tras la derrota de Francia en las Guerras Napoleónicas, el francés Tallyrand fue invitado a participar en el Congreso de Viena, donde utilizó sus considerables habilidades para sacar algunas concesiones para Francia. ¡Pero no era 1815!
Los representantes alemanes fueron sistemáticamente humillados antes de entrar en el salón, donde por primera vez se enfrentaron a la expresión pétrea de los vencedores. Se leyeron los términos del tratado. No hubo discusión, ni siquiera se permitieron las preguntas. El 7 de mayo cuando se enfrentaron a las condiciones dictadas por los vencedores, incluida la llamada "Cláusula de culpabilidad de la guerra", el ministro de exteriores Ulrich Graf von Brockdorff-Rantzau replicó a Clemenceau, Wilson y Lloyd George: "Sabemos toda la carga de odio a la que nos enfrentamos aquí. Nos exigís que confesemos que somos la única parte culpable de la guerra, esa confesión de mi boca sería una mentira".
Estas protestas no eran inútiles. Los alemanes tuvieron que beber la taza de la humillación hasta las últimas heces. Después, se retiraron de los procedimientos del Tratado de Versalles, un gesto inútil y desesperado. En vano el gobierno alemán hizo una protesta contra lo que consideraba exigencias injustas y una "violación del honor". En un acto teatral, el recién elegido canciller socialdemócrata, Philipp Scheidemann, se negó a firmar el tratado y dimitió. En un discurso apasionado ante la Asamblea Nacional el 12 de marzo de 1919 calificó el tratado de "plan homicida" y exclamó: "¿Qué la mano que intenta ponernos cadenas como éstas se marchite? El tratado es inaceptable".
Pero sólo era retórica vacía. Alemania fue desarmada, el ejército debía disolverse y los aliados se preparaban para avanzar. Era una situación insostenible. La Asamblea Nacional votó a favor de firmar el tratado por 237 votos a favor y 138 en contra, con 5 abstenciones. El ministro de exteriores Hermann Müller y Johannes Bell viajaron a Versalles para firmar el tratado en nombre de Alemania. El tratado fue firmado el 28 de junio de 1919 y ratificado por la Asamblea Nacional el 9 de julio de 1919 con 209 votos a favor y 116 en contra.
Este es el origen de la leyenda negra de la "puñalada en la espalda". Los nacionalistas de derechas y ex - líderes militares comenzaron a culpar a los políticos de Weimar, socialistas, comunistas y a los judíos por la supuesta traición nacional de Alemania. Los Criminales de Noviembre y la recién formada República de Weimar fueron responsabilizados de la derrota. Esta fue la melodía que los nazis y otros nacionalistas de derechas tocarían continuamente en el siguiente período, culpar a los extranjeros, a los judíos y "traidores" por las miserias y sufrimientos del pueblo alemán.
Los objetivos bélicos de Francia
De los tres grandes el más beligerante fue Francia, que había perdido más que Gran Bretaña y EEUU: aproximadamente 1,5 millones de soldados y se calcula que 400.000 civiles. Una parte importante del frente occidental se había luchando en territorio francés. Ahora la clase dominante francesa quería venganza. La prensa azuzaba a la opinión pública con un frenético chovinismo anti-alemán y el primer ministro Georges Clemenceau era implacable.
Clemenceau estaba decidido a mutilar militar, política y económicamente a Alemania, para que nunca más pudiera invadir Francia. Naturalmente quería recuperar el territorio rico e industrial de Alsacia-Lorraine, que había sido arrebatado a Francia por Alemania en la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Pero el Estado Mayor francés quería ir más allá: anhelaban tener Rhineland, que siembre habían considerado como la frontera "natural" de Francia con Alemania.
Los objetivos bélicos de Gran Bretaña eran diferentes porque sus intereses no eran los de Francia. El astuto primer ministro británico, Lloyd George, apoyaba las reparaciones pero menos que Francia. Quería desangrar a Alemania en interés del capitalismo británico y reducir su poder económico y militar. Pero no quería destruir totalmente a Alemania. Era bien consciente de que si Francia conseguía su objetivo, se podría convertir en la fuerza más poderosa del continente y la correlación de fuerzas en Europa se alteraría. Eso no convenía al imperialismo británico que quería mantener a Alemania frente a Francia y mantener a ambos en jaque.
Aparte de estas consideraciones estratégicas, también estaban los intereses económicos británicos. Antes de la guerra, Alemania había sido el principal competidor de Gran Bretaña, pero también su mayor socio comercial y, por tanto, la propuesta francesa de destruir la industria alemana no convenía a los intereses a largo plazo del capitalismo británico. No obstante, la perspectiva de saquear a una derrotada Alemania también era algo difícil de resistir. Así que Lloyd George quería aumentar la parte de las reparaciones alemanas de Gran Bretaña exigiendo una compensación por el gran número de viudas, huérfanos y mutilados incapacitados para trabajar debido a las heridas, provocados por la guerra.
Siempre el supremo oportunista político de Lloyd George apoyó la consigna "colgar al káiser" para contentar a su población y ganar votos en casa. Lloyd George estaba irritado por el supuesto idealismo de Woodrow Wilson. Los británicos y los franceses apoyaron tratados secretos y bloqueos navales a los que se oponía Wilson. En particular, la propuesta del presidente norteamericano de "autodeterminación" no gustaba a Lloyd George. Los imperialistas británicos, como los franceses, querían preservar su imperio. Si la idea de la autodeterminación era aplicable a Europa (Checoslovaquia, Yugoslavia), ¡por qué no debería ser aplicable a las colonias británicas y francesas?
Los líderes de Europa no se dejaban enloquecer por las ideas de Wilson. Tenían la suficiente experiencia para leer entre líneas y distinguir entre realidad y ficción. Podían ver que detrás de la cortina de humo del idealismo había intereses muy sólidos. Sabían que el ascendente poder de EEUU estaba estirando sus músculos y que llegaría el día en que pondría a prueba su fuerza contra ellos. La lucha mundial por los mercados les enfrentaría, como había sucedido con Alemania.
Detrás de las bonitas palabras sobre la autodeterminación estaba la amenaza de romper los viejos imperios europeos en beneficio de EEUU. Ahora por primera vez este país interfería en los asuntos internos de Europa y tomaba partido por Alemania contra Gran Bretaña y Francia. ¿Qué sabían los norteamericanos sobre la guerra? Habían llegado en el último minuto y cambiado la correlación de fuerzas contra Alemania. Pero no habían sacrificado lo mismo que Francia y Gran Bretaña. No habían invadido su territorio, no habían bombardeado y destruido sus ciudades. ¡Y nos quieren dar lecciones sobre justicia y humanidad! ¡Eso es intolerable!
Los objetivos bélicos de EEUU
EEUU se estaba convirtiendo en la nación más poderosa sobre el planeta. Ya se había embarcado en su carrera de expansión imperialista con sus guerras con México, pero el proceso experimentó un salto cualitativo con la guerra con España, la ocupación de Cuba y Filipinas a finales del siglo XIX. Sin embargo, siendo un enorme país con un enorme mercado interno, un sector de la burguesía estadounidense y un gran sector de la pequeña burguesía seguían inclinados hacia el aislacionismo.
Existía un poderoso sentimiento anti-intervencionista antes y después de que EEUU entrasen en la guerra en abril de 1917. Cuando terminó la guerra, muchos norteamericanos estaban entusiasmados por librarse de los asuntos europeos tan rápidamente como fuese posible. EEUU adoptó una posición más conciliadora con relación a la cuestión de las reparaciones alemanas, lo que les llevó a enfrentarse con los británicos y en particular con los imperialistas franceses.
En medio de los escombros ensangrentados de Europa, muchos miraban al gigante trasatlántico en busca de algún signo de esperanza. La retórica confusa pacifista y democrática de Woodrow Wilson tocó la fibra de los corazones y las mentes de millones de personas en Europa cansada de la guerra, particularmente en los países derrotados y en las pequeñas naciones que luchaban por hacerse valer. Así que, al principio, Wilson fue considerado un héroe, muy parecido a Barak Obama en la actualidad.
La similitud entre sus discursos es asombrosa: una combinación de frases altisonantes, idealismo y populismo que suena muy bien y están totalmente vacíos de contenido real. Cuando llegó por primera vez a Europa, Wilson fue recibido por enormes multitudes que le vitoreaban. Pero este entusiasmo no duró mucho. Detrás de las maravillosas frases estaban los mismos viejos intereses de las grandes potencias y las sórdidas intrigas diplomáticas continuaron como siempre.
Incluso antes del final de la guerra, Woodrow Wilson planteó sus Catorce Puntos que presentó en su discurso en la Conferencia de Paz de París. Es interesante especular hasta que punto Wilson creía en su propia retórica. Parecía ser sólo un académico provinciano con una mentalidad estrecha y formalista coloreada con una gran dosis de sentimentalismo y moralina cristiana. Su manera de hablar, que se parecía a un pequeño predicador, tenía el mismo efecto en los oídos del curtido Clemenceau y del risueño cínico Lloyd George que el taladro de un dentista.
Al principio escucharon en silencio como les hablaba sobre la necesidad de la moralidad en los asuntos mundiales, de la justicia y la humanidad para los enemigos derrotados y del derecho de autodeterminación para las pequeñas naciones. No sabían quién era Wilson, pero sí sabían que EEUU era el país que tenía el destino de Europa en la palma de la mano y, por tanto, se tragaron su orgullo y contuvieron su indignación, limitándose a comentarios irónicos en los pasillos.
EEUU quería la paz y la estabilidad en Europa para garantizar el éxito de las futuras oportunidades comerciales y recoger con esperanza algunas de las enormes deudas que habían contraído los europeos. La destrucción la vida económica de Alemania no entraba en estos planes. La mayoría de las reparaciones irían a Francia, Gran Bretaña y Bélgica. EEUU podía ser magnánimo con los alemanes, ¡no tenían que reconstruir sus ciudades y pueblos destruidos!
En EEUU la desilusión con la guerra provocó una reacción contra Wilson. Los aislacionistas, encabezados por Henry Cabot Lodge, lanzaron una ofensiva en el Senado contra el tratado que votó contra su ratificación. Como un hombre viejo, enfermo y amargado, Wilson se negó a apoyar el tratado con las reservas impuestas por el Senado. Murió poco después, el sucesor de Wilson, Warren G. Harding, continuó la oposición norteamericana a la Liga de las Naciones. Su administración después colapsó en medio de un escándalo de corrupción sin precedentes.
Las reparaciones
Los términos del tratado en realidad eran draconianos. La mayor parte del tratado establecía las reparaciones que Alemania pagaría a los Aliados. La cuantía total de las reparaciones de guerra exigían a Alemania la asombrosa cantidad de 226.000 millones de reichsmarks en oro. Era una cantidad imposible de pagar para Alemania, un hecho que más tarde fue tácitamente aceptado por una Comisión de Reparaciones Inter-Aliadas. En 1921 se redujo a 132.000 reichsmarks, aún así, esa cifra era una ruina para Alemania.
Las reparaciones se pagaron de varias formas, incluido carbón, acero, productos agrícolas e incluso propiedad intelectual (por ejemplo la patente de la aspirina) y, en una parte no pequeña en reparaciones monetarias de tal magnitud que provocaron hiperinflación, como ocurrió en la posguerra alemana (ver la inflación alemana en los años veinte), de esta manera decrecían los beneficios de Francia y Gran Bretaña. Alemania aún no ha terminado de pagar sus reparaciones de la Primera Guerra Mundial, eso sucederá en el año 2020.
El joven John Maynard Keynes había sido el principal representante del Tesoro Británico en la Conferencia de Paz de París. Furioso porque se habían ignorado sus sugerencias sobre las reparaciones, publicó una obra condenatoria de la conferencia, Las consecuencias económicas de la paz (1919). En este famoso libro hace referencia al Tratado de Versalles como una "paz cartaginense". Su argumento era que la carga de las reparaciones arruinaría a Alemania y arrastraría al resto de Europa. Desde un punto de vista capitalista tenía bastante razón.
Las condiciones del tratado eran tan violentas que fueron consideradas unánimemente como inaceptables por todos los partidos políticos. El socialdemócrata Phillip Scheidemann se negó a firmar el tratado y dimitió. Pero otros socialdemócratas lo aceptaron. Las principales víctimas, como siempre, fueron los trabajadores. La destrozada economía alemana era tan débil que sólo un pequeño porcentaje de las reparaciones se pagaron en moneda fuerte. Incluso el pago de un pequeño porcentaje de las reparaciones originales aún representaba una carga intolerable para la economía alemana y fue la causa de la hiperinflación que posteriormente hundió la economía en un pozo.
"La culpabilidad de Alemania"
Se intentó echar toda la responsabilidad de los sufrimientos de la guerra sobre los hombros del antiguo emperador alemán, Guillermo II. Los británicos y los franceses bramaban y divagaban. Iba a ser tratado como un criminal de guerra. Sin embrago, al final, no se hizo nada y el anterior káiser acabó sus días en un exilio cómodo en Holanda. Pero si Guillermo escapó ileso, el pueblo alemán no escapó tan bien. El artículo 231 (la "cláusula de culpabilidad de guerra") situaba toda la responsabilidad de la guerra sobre Alemania, que sería responsable de todo el daño provocado a la población civil de los aliados.
Hubo restricciones militares. El preámbulo de la Parte V del tratado afirma: "Con el objeto de hacer posible la preparación de una limitación general de los armamentos de todas las naciones Alemania se compromete a observar estrictamente las cláusulas militares, navales y aéreas que a continuación se estipulan".
Las fuerzas armadas alemanas no podían superar los 100.000 soldados y se eliminó el servicio militar obligatorio. Los hombres alistados se retenían por lo menos durante doce años, los oficiales 25 años. Las fuerzas navales alemanes se limitarían a 15.000 hombres, 6 navíos de guerra (no más de 10.000 toneladas de desplazamiento cada uno), 6 cruceros (no más de 6.000 toneladas de desplazamiento cada uno), 6 destructores (no más de 800 toneladas de desplazamiento cada uno) y 12 torpederos (no más de 200 toneladas cada uno). No se incluía ningún submarino.
La manufactura, la importación y la exportación de armas y gas venenoso se prohibían. Los aviones armados, los tanques y los carros blindados estaban prohibidos. Como también lo estaban los bloqueos de puertos. Estas decisiones dejaban a Alemania indefensa ante posibles ataques externos. Sus territorios quedaban a merced de una Francia vengativa en occidente y una dinámica recién independiente segunda República Polaca en el este.
Sin embargo, en vista de la creciente amenaza de la revolución alemana, los Aliados decidieron permitir al Reichswehr mantener 100.000 ametralladoras para ser utilizadas contra la clase obrera alemana. Estas armas fueron utilizadas por los Freikorps fascistas para reprimir el movimiento revolucionario en Alemania.
Después estaban las pretensiones territoriales, principalmente destinadas al debilitamiento de Alemania y el fortalecimiento de Francia. Para ello era necesaria una Polonia independiente. Clemenceau estaba convencido de que Alemania tenía "20 millones de personas de más". Así que Prusia occidental fue cedida a los polcados, de esta manera se daba a Polonia acceso al Mar Báltico a través del "Corredor Polaco". Prusia oriental se separaban de Alemania. Además, Alemania tenía que entregar todas sus colonias, se prohibió la unión de Alemania con Austria para formar una nación más grande y recuperar el territorio perdido.
Schleswig del Norte regresaba a Dinamarca después de un plebiscito el 14 de febrero de 1920, mientras que Schleswig Central optó por permanecer en Alemania en un referéndum separado celebrado el 14 de marzo de 1920. Alsacia-Lorraine de nuevo pasó a ser soberanía francesa sin un plebiscito a partir de la fecha del armisticio, el 11 de noviembre de 1918. Pero en la cuestión de Rhineland, Clemenceau sufrió una derrota. El Estado Mayor francés dejó claro que esperaban recibir Rhineland. Pero Lloyd George no pensaba lo mismo. Rhineland debía convertirse en una zona desmilitarizada administrada conjuntamente por Francia y Gran Bretaña.
La mayor parte de la provincia prusiana de Posen (ahora Poznan) y de Prusia occidental, que Prusia se anexionó en las Particiones de Polonia (1772-1795), fueron cedidas a Polonia. La región de Hlucinsko (Hultschin) de Alta Silesia fue a Checoslovaquia (una región de 316 o 343 metros cuatros y 49.000 habitantes) sin un plebiscito. La parte oriental de Alta Silesia también fue a Polonia. La zona de las ciudades de Eupen y Malmedy se entregó a Bélgica, que también recibió la línea ferroviaria de Vennbahn.
La región de Soldau en Prusia Oriental fue entregada en Oriental. La parte norte de Prusia Oriental conocida como Territorio Memel, fue puesta bajo el control de Francia y más tarde ocupada por Lituania. La provincia de Saarland pasó a estar bajo el control de la Liga de las Naciones durante quince años, después un plebiscito entre Francia y Alemania decidiría a qué país pertenecería. Durante este tiempo, el carbón producido en esa región se enviaría a Francia.
El puerto de Danzig con el delta del río Fistula en el Mar Báltico sería una Ciudad Libre de Danzig bajo la administración permanente de la Liga de las Naciones sin ningún plebiscito. Los gobiernos austriaco y alemán tenían que reconocer y respetar estrictamente la independencia de Austria. La unificación de ambos países estaba estrictamente prohibida, aunque se supiera que la gran mayoría de la población estaba a favor de la misma. Hubo otros "ajustes" más pequeños a costa de Alemania y sus aliados.
Los bolcheviques y Versalles
Naturalmente, la Rusia soviética fue excluida de las conversaciones de paz de París. La razón formal fue que ya había negociado la paz por separado con Alemania. En el Tratado de Brest-Litovsk (marzo 1918) Alemania había quitado un tercio de la población de Rusia, la mitad de las empresas industriales de Rusia y nueve décimas partes de las minas de carbón rusas, junto con una indemnización de seis mil millones de marcos. Pero aunque físicamente ausente, la presencia de Rusia se dejó sentir en todas las deliberaciones de la Conferencia de Paz.
Lenin y los bolcheviques se basaban en la perspectiva de la revolución mundial que se movería hacia el oeste, a través de Europa Central hasta Alemania, Francia y el conjunto de Europa. Hoy en día está de moda presentar esto como una idea utópica, pero los vencedores en Versalles se lo tomaron muy en serio. La revolución rusa tuvo un efecto poderoso sobre la clase obrera alemana que se levantó en una revolución exactamente doce meses después de la Revolución de Octubre. Ya hemos descrito la revolución alemana de noviembre de 1918. Ésta fue seguida por una oleada revolucionaria que recorrió Europa. En Hungría y en Baviera se proclamaron repúblicas soviéticas.
La razón real de la exclusión de Rusia que las potencias imperialistas eran los enemigos jurados del bolchevismo, al que veían correctamente como la amenaza más peligrosa para sus intereses. Incluso mientras las grandes potencias estaban sentadas alrededor de la mesa de negociación, se luchaba por el mapa del mundo como perros que pelean por un hueso, las llamas de la revolución se extendían a Alemania, se declaró una república soviética en Hungría y también en Baviera, el Ejército Ruso de Trotsky estaba golpeando a las fuerzas contrarrevolucionarias Blancas. Las fuerzas británicas, norteamericanas, japonesas y francesas estaban interviniendo activamente en el bando de los Blancos en lo que era una cruzada anti-bolchevique.
Esto explica la rapidez con que la clase dominante alemana capituló ante los Aliados. Sin embargo, esperaban que se pudiera alcanzar un acuerdo razonable. Después de todo, el káiser se había ido de Alemania y ahora tenía un gobierno democrático. Además, los alemanes, y especialmente los dirigentes socialdemócratas, tenían grandes esperanzas en el presidente estadounidense Woodwow Wilson y sus Catorce Puntos.
En 1919, Lenin todavía esperaba que la revolución soviética en Viena supusiera un apoyo para la Hungría soviética. Todas sus esperanzas estaban situadas en una revolución en Alemania. En La enfermedad infantil de ‘izquierdismo' en el comunismo Lenin escribía:
"La revolución soviética en Alemania reforzará el movimiento soviético internacional, que es el reducto más fuerte (y el único seguro e invencible, de una potencia universal) contra el Tratado de Versalles, contra el imperialismo internacional en general".
Pero criticaba duramente a los comunistas de izquierdas alemanes por su idea de "ningún compromiso", incluido el rechazo del Tratado de Versalles y la llamada Guerra Popular Alemana contra la Entente. Lenin depositaba sus esperanzas firmemente sobre la revolución en Alemania:
"Poner obligatoriamente, a toda costa y en seguida, la liberación del Tratado de Versalles en el primer plano, antes que le cuestión de la liberación del yugo imperialista de los demás países oprimidos por el imperialismo, es una manifestación de nacionalismo pequeñoburgués (digno de los Kautsky, Hilferding, Otto Bauer y compañía), pero no de internacionalismo revolucionario. El derrumbamiento de la burguesía en cualquiera de los grandes países europeos, Alemania inclusive, es un acontecimiento tan favorable para la revolución internacional, que, para que esto ocurra, se puede y se debe dejar vivir por algún tiempo más el Tratado de Versalles, si es, necesario. Si Rusia por sí sola ha podido resistir durante algunos meses con provecho para la revolución el Tratado de Brest, no es ningún imposible el que la Alemania Soviética, aliada con la Rusia Soviética, pueda soportar más tiempo, con provecho para la revolución, el Tratado de Versalles.
"Los imperialistas de Francia, Inglaterra, etc., quieren provocar a los comunistas alemanes, tendiéndoles este lazo: ‘decid que no firmaréis el Tratado de Versalles'. Y los comunistas ‘de izquierda' se dejan coger como niños en el lazo que les han tendido, en vez de maniobrar con destreza contra un enemigo pérfido, y en el momento actual más fuerte, en vez de decirle: ‘ahora firmaremos el Tratado de Versalles'. Atarnos de antemano las manos, declarar francamente al enemigo, actualmente mejor armado que nosotros, si vamos a luchar con él y en qué momento, es una tontería y no tiene nada de revolucionario. Aceptar el combate a sabiendas de que ofrece ventaja al enemigo y no a nosotros, es un crimen, y no sirven para nada los políticos de la clase revolucionaria que no saben ‘maniobrar', que no saben proceder ‘por acuerdos y compromisos' con el fin de evitar un combate que es desfavorable de antemano".
Sobra decir que los bolcheviques consideraban esto como un acto de saqueo imperialista, incluso más violento que el Tratado de Brest Litovsk. Pero comprendían que los imperialistas (especialmente los franceses) buscaban una excusa para invadir Alemania, que habría representado un revés para la revolución. Al flirtear con el nacionalismo alemán, los comunistas de izquierda abandonaban la política del internacionalismo proletario revolucionario a favor del "bolchevismo nacional" que Lenin consideraba como una abominación.
Mientras que los socialdemócratas de derechas como Noske, Scheidemann y Ebert se posicionaron junto con la clase dominante alemana y el imperialismo, y los socialdemócratas de izquierda (los independientes) adoptaron una posición vacilante y ambigua, Lenin y Trotsky abordaban todas las cuestiones desde el punto de vista de la revolución internacional. Para Lenin no se trataba de estar a favor o en contra del Tratado de Versalles, sino cómo preparar las condiciones más favorables para que los trabajadores alemanes tomaran el poder.
Las perspectivas para Alemania de Lenin se confirmaron en 1923, cuando Alemania dejó de pagar las reparaciones "acordadas" en el Tratado de Versalles. Como resultado, las fuerzas francesas y belgas ocuparon el Rhur, el corazón de la industria alemana. Los trabajadores alemanes lanzaron una campaña de resistencia pasiva, negándose a trabajar en las fábricas mientras éstas permaneciesen en manos francesas.
La moneda alemana no valía nada, para comprar una caja de cerillas era necesaria una carretilla llena de billetes. La clase media estaba en una situación de fermento revolucionario y los socialdemócratas desacreditados. El Partido Comunista crecía a saltos agigantados y surgió la cuestión del poder. Incluso los fascistas decían que primero tomarán el poder los comunistas, después será nuestro turno.
Desgraciadamente, los dirigentes del Partido Comunista Alemán vacilaron y no consiguieron llevar a cabo una acción decisiva. Miraron a Moscú en busca de consejo pero Lenin estaba incapacitado debido a su enfermedad y Trotsky estaba enfermo. Los dirigentes alemanes en su lugar miraron a Stalin y Zinoviev, quienes les aconsejaron que no intentaran tomar el poder. Y así se perdió una oportunidad excepcionalmente favorable. Las masas quedaron desencantadas y se alejaron del Partido Comunista.
La crisis pasó y el capitalismo alemán comenzó a recuperarse, beneficiándose de la recuperación económica de Europa y de la ayuda de EEUU. Pero las contradicciones básicas roían las entrañas de la República de Weimar. La burguesía alemana, alarmada por la creciente fuerza de los socialistas y comunistas, comenzó a prepararse para el momento decisivo final con la clase obrera. El resultado final fue el ascenso de Hitler, la destrucción del poderoso movimiento obrero alemán y la Segunda Guerra Mundial.
Los efectos en Francia
El Tratado de Versalles fue a costa del pueblo alemán, pero el pueblo británico y francés tampoco se benefició de ello. En esa época, en la Resolución sobre el Tratado de Versalles, escrita para el Cuarto Congreso de la Comintern, noviembre-diciembre de 1922, Trotsky escribía el siguiente análisis profético:
"Aparentemente, de todos los países victoriosos, Francia es el que más aumentó su poderío (...) Pero la base económica de Francia, su escasa población que disminuye cada vez más, su enorme deuda interna y externa y su dependencia económica con respecto a Inglaterra y EEUU, no ofrecen un fundamento suficiente a su sed inextinguible de expansión imperialista. Desde el punto de vista del poder político, es obstaculizada por el poderío de Inglaterra en todas las bases navales importantes, por el monopolio del petróleo detentado por Inglaterra y EEUU. Desde el punto de vista económico, su enriquecimiento en mineral de hierro procurado por el tratado de Versalles pierde su valor debido a que las minas de carbón de la cuenca del Rhur siguen perteneciendo a Alemania. La esperanza de reordenar las finanzas quebrantadas de Francia con ayuda de las reparaciones pagadas por Alemania es ilusoria. Todos los expertos financieros reconocen unánimemente que Alemania no podrá pagar las sumas que Francia necesita para sanear sus finanzas. Sólo le resta a la burguesía francesa un camino: reducir el nivel de vida del proletariado francés al nivel del proletariado alemán. El hambre del trabajador alemán es una imagen de la miseria que amenaza en el futuro al obrero francés. La devaluación del franco provocada intencionalmente por algunos medios de la gran industrias francesa constituirá una forma de arrojar sobre los hombros del proletariado francés las cargas de la guerra luego de que se compruebe que la obra de paz de Versalles es impracticable".
A pesar de toda su terquedad, Clemenceau no había conseguido lo que había prometido. El mariscal Foch no ocultaba su amargura ante el fracaso de no conseguir Rhineland. Se quejaba de que Alemania había escapado demasiado bien (¡) y declaró: "Esto no es paz. Es un armisticio de veinte años". La prensa francesa azuzaba los sentimientos de resentimiento y desencanto, Clemenceau fue echado del cargo en las elecciones de enero de 1920.
Incluso en la Conferencia de Paz aparecieron las diferencias entre Gran Bretaña y Francia. Como hemos visto, a los intereses de Gran Bretaña no interesaba desangrar totalmente Alemania. La ruina de Alemania tenía efectos negativos sobre la economía británica que experimentaba una recesión, con desempleo de masas y profundización de la lucha de clases. Lo mismo se aplicaba a Francia, y que finalmente llevó a los imperialistas franceses a ocupar el Rhur en 1923. Esto no resolvía los problemas de Francia sino que creaba simplemente las condiciones para nuevas explosiones.
Ahora se dice vulgarmente que el estrangulamiento de Alemania preparó el camino para el ascenso de Hitler. En realidad, se podía haber evitado una nueva guerra mundial con la revolución. Pero los dirigentes de las organizaciones de masas al impedir la revolución hicieron posible una nueva guerra. La política practicada tanto por estalinistas como por socialdemócratas dejó impotente al movimiento obrero alemán y permitió la llegada al poder de Hitler en 1933.
Desde ese momento era inevitable una nueva guerra. Los peores temores de la clase dominante francesa se confirmaron cuando Hitler lanzó un programa destinado a reconstruir el poderío económico y militar de Alemania. En 1934, cinco años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky declaró lo siguiente en las tesis La guerra y la Cuarta Internacional: "El desastre de la Liga de las Naciones está indisolublemente ligado con el comienzo del colapso de la hegemonía francesa en el continente europeo. Como era de esperar, la potencia demográfica y económica de Francia demostró ser una base demasiado estrecha para el sistema de Versalles".
La cuestión nacional y el sionismo
Es materia de especulación hasta que punto Woodrow Wilson creía en sus planes idealistas. Lo que sí es cierto es que sus llamamientos demagógicos a la autodeterminación tenían como objetivo la ruptura de los viejos imperios europeos y que eso interesaba al imperialismo norteamericano.
Cada vez que los imperialistas proclaman la autodeterminación el resultado son nuevas injusticias, nuevas contradicciones, nuevas opresiones y guerras. Este es un ejemplo clásico. El Tratado de Versalles significó el desmembramiento del Imperio Austro-Húngaro y la creación de nuevos estados como Yugoslavia, Polonia y Checoslovaquia. Pero la cuestión nacional siempre ha sido utilizada por el imperialismo para sus propios intereses. En manos de las grandes potencias el derecho de autodeterminación es sólo calderilla para ser cambiado por algo.
La creación de nuevos estados en Europa fue acompañada de nuevas injusticias, crueldad y opresión nacional. Millones de alemanes de Sudentenland y en Posen-Prusia occidental fueron puestos bajo gobierno extranjero en un entorno hostil, donde el acoso y la violación de derechos por parte de las autoridades están documentados. Del 1.058.000 alemanes de Pose-Prusia Occidental en 1921, 758.867 tuvieron que huir de sus casas en los cinco años siguientes debido al acoso polaco. Esto último sirvió como excusa para las anexiones de Checoslovaquia y zonas de Polonia por parte de Hitler.
Aunque la principal esfera de operaciones estaba en Europa, en realidad la Primera Guerra Mundial se luchó a escala global. Tuvo repercusiones serias en Asia. El artículo 156 del tratado transfería las concesiones alemanas en Shandong (que formaba parte de China) a Japón, en lugar de devolvérselas a China. Esta atrocidad provocó manifestaciones y un movimiento cultural conocido como el Movimiento Cuatro de Mayo, que fue el punto de partida de un auge del movimiento revolucionario en China.
Como Turquía había sido aliada de Alemania, también sufrió la pérdida de muchas de sus antiguas posesiones. El anterior Imperio Otomano estaba dividido entre los vencedores, que habían estado observando su decadencia durante mucho tiempo, como buitres hambrientos esperando que un animal herido muera. Los imperialistas franceses y británicos tenían puestos sus ojos en Oriente Medio. Eso animó a los árabes a levantarse en una revuelta contra sus dominadores turcos (esta es la sórdida realidad detrás de las hazañas de Lawrence de Arabia), ofreciéndoles la independencia para ocupar sus tierras después de la guerra.
El Congreso Mundial Sionista intentó influir en la política de los gobiernos británico y norteamericano hacia el Imperio Otomano, y especialmente en Palestina, en interés de los sionistas. El resultado fue la Declaración de Balfour. Con su habitual cinismo, el imperialismo británico prometió Palestina a los judíos, pero también a los árabes. Se puede trazar la historia sangrienta de la lucha entre palestinos y árabes a esta traición imperialista, las consecuencias se dejan sentir hoy en día. Esta es la cruda realidad que está detrás de la demagogia sobre la autodeterminación.
Posdata: La cocina de ladrones
El Tratado de Versalles llevó a la creación de la Liga de las Naciones, una organización que pretendía arbitrar las disputas internacionales y evitar así futuras guerras. Fue un acuerdo principalmente de Gran Bretaña y Francia para calmar al presidente Wilson y complacer sus prejuicios pacifistas. También tenía la ventaja de presentar más favorablemente ante la opinión pública a los vencedores de Versalles. Estos imperialistas depredadores fueron presentados a la opinión pública como "hombres de paz", al mismo tiempo que saqueaban Alemania y participaban en una intervención sangrienta contra la Rusia soviética.
El pacto de la Liga de las Naciones fue diseñado para producir la impresión de que el objetivo de esta organización iba a combatir la agresión, reducir el armamento, consolidar la paz y la seguridad. Las metas de la Liga incluían el sostenimiento de los Derechos del Hombre, el desarme, evitar la guerra a través de la seguridad colectiva, dirimir las disputas entre los países mediante la negociación, la diplomacia y mejorar la igualdad global de vida. Wilson pretendía que él podría "pronosticar con absoluta certeza que dentro de otra generación habrá otra guerra mundial si las naciones del mundo no acuerdan el método mediante el cual podrán evitarla". Para empezar, como resultado del creciente ambiente de aislacionismo, EEUU no se unió a la Liga de las Naciones.
En la práctica, sin embargo, sus líderes albergaron a los agresores, estimulaba la carrera armamentística y los preparativos para la Segunda Guerra Mundial. Lenin denunció a la Liga de las Naciones como una "cocina de ladrones". La historia posterior de la Liga de las Naciones demostró que Lenin tenía razón. No evitó la invasión de Mussolini de Italia o la guerra de Franco contra su propio pueblo. Ni tampoco detuvo la agresión japonesa contra China o los planes expansionistas de Hitler en Europa.
La Liga de las Naciones aceptó el acoso de Mussolini a Grecia y tampoco la invasión de Abisinia. El ejército fascista italiano utilizó armas químicas como el gas mostaza contras aldeas indefensas, envenenó el agua y bombardeó campamentos de la Cruz Roja. Cuando la Liga de las Naciones se quejó, Mussolini respondió que, como los etíopes no eran totalmente humanos, las leyes de derechos humanos no se aplicaban. El dictador italiano dijo que: "La Liga está muy bien cuando gritan los gorriones, pero no es buena en absoluto cuando se pelean águilas". Estas palabras expresaban de manera admirable la situación real.
Naturalmente, la existencia de la Liga de las Naciones no detuvo en absoluto la Segunda Guerra Mundial. En marzo de 1935 Hitler introdujo el servicio militar obligatorio en Alemania, reconstruyó las fuerzas armadas violando directamente el Tratado de Versalles. En marzo de 1936 de nuevo violó el tratado con la reocupación de la zona desmilitarizad de Rhineland. Continuó con la anexión de Austria en el Anschluss en marzo de 1938. Estos pasos prepararon el camino para la anexión de Sudetenland y la ocupación de Checoslovaquia, que llevarían a la invasión de Polonia y a la Segunda Guerra Mundial.
La Liga de las Naciones podía servir como foro de discusión en la medida que no estaban en juego los intereses de las principales potencias. Pero cuando se trataba de cuestiones serias era totalmente inútil. Lo mismo se aplica hoy a la ONU. Lenin describió acertadamente la Liga de las Naciones como una "cocina de ladrones". La Unión Soviética no era miembro de la Liga, por buenas razones. A la pregunta: "¿Por qué la Unión Soviética no participa en la Liga de las Naciones?" Stalin respondió en 1927:
"La Unión Soviética no es miembro de la Liga de las Naciones y no participa en su obra, porque la Unión Soviética no está dispuesta a compartir la responsabilidad de la política imperialista de la Liga de las Naciones, de los ‘mandatos' distribuidos por la Liga para la explotación y opresión de los países coloniales, de los preparativos y alianzas militares que son abrigadas y santificadas por la Liga, los preparativos que inevitablemente deben llegar a la guerra imperialista. La Unión Soviética no participa en la Liga porque la Unión Soviética está luchando con todas sus energías contra todos los preparativos de la guerra imperialista. La Unión Soviética no está dispuesta a convertirse en parte de ese camuflaje de las maquinaciones imperialistas representado por la Liga de las Naciones. La Liga es el punto de reunión de los líderes imperialistas que tratan sus asuntos detrás de bambalinas. Los temas sobre los que oficialmente habla la Liga de las Naciones, son sólo frases vacías que pretenden engañar a los trabajadores. Las cuestiones son tratadas por los líderes imperialistas detrás de bambalinas, es el trabajo real del imperialismo, después los elocuentes oradores de la Liga de las Naciones hipócritamente disimulan". (Preguntas y respuestas. Una discusión con los delegados extranjeros. J. Stalin. Moscú. 13 noviembre de 1927).
Esta respuesta es más o menos correcta, refleja la actitud de Lenin ante la Liga. Sin embargo, más tarde Stalin cambió de opinión. Después del triunfo de Hitler intentó conseguir el apoyo de las supuestas democracias occidentales y se unió a la Liga. No le fue bien. Débil e indulgente frente a Alemania, al fascismo italiano y al imperialismo japonés, la Liga era lo suficiente valiente para expulsar a la Unión Soviética en diciembre de 1939 después de su invasión de Finlandia. Ese fue su último acto significativo. La Segunda Guerra Mundial supuso el colapso ignominioso de la Liga de las Naciones, e incluso la más ignominiosa disolución de la Internacional Comunista.
Las guerras imperialistas se luchan por cuestiones muy concretas: el control del mercado, las colonias, materias primas y esferas de influencia. Durante el siglo pasado ha habido muchas de estas guerras, dos de ellas fueron mundiales. La segunda provocó la muerte de 55 millones de personas, la gran mayoría civiles. Por supuesto, los imperialistas nunca pueden admitir abiertamente los verdaderos motivos que les motivaban. Tienen una inmensa maquinaria de propaganda destinada a convencer a la opinión pública de que todas sus guerras son justas, por la defensa de la paz, la civilización, la democracia y la cultura. ¡Basta con recordar que la Primera Guerra Mundial se presentó como "la guerra para acabar con todas las guerras"!
Noventa años después del Tratado de Versalles se pueden sacar lecciones valiosas de un análisis marxista de estos acontecimientos, atravesando la niebla de propaganda y mentiras, revelando los verdaderos interese de clase que están detrás de las consignas y de la propaganda. Las guerras continuarán asolando a la humanidad hasta que el capitalismo sea derrocado. Esa fue la posición de Lenin y sigue siendo válida hoy en día.
En el primer siglo antes de Cristo un esclavo llamado Espartaco amenazó el poderío de Roma. Espartaco (190 a. C-71 a. C) fue el líder (o posiblemente uno de varios líderes) de la masiva insurrección esclava conocida como la Tercera Guerra Servil. Bajo su dirección, una minúscula banda de gladiadores rebeldes creció hasta convertirse en un enorme ejército revolucionario que ascendió a 100.000 personas. Al final fue necesaria toda la fuerza del ejército romano para aplastar la rebelión.
A pesar de la bien merecida fama de gran líder revolucionario y uno de los generales más excepcionales de la antigüedad, no se sabe mucho del Espartaco hombre. Siempre son los victoriosos los que escriben la historia y la voz de los esclavos a lo largo de los siglos sólo se puede escuchar a través de los relatos de los opresores. Disponemos de la escasa información procedente de sus enemigos mortales. Los registros históricos que han sobrevivido están todos escritos por historiadores romanos y, por tanto, hostiles. Con frecuencia son contradictorios.
Hubo otros líderes de la revuelta cuyos nombres han llegado a nosotros: Criso, Casto, Cánico y Enomao, gladiadores de Galia y Germania. Pero de éstos aún se sabe menos. La historia siempre está escrita por los vencedores y reflejan fielmente los intereses, la psicología y parcialidad clasista de la clase dominante. Intentar comprender a Espartaco a partir de estas fuentes es como pretender comprender a Lenin y Trotsky a partir de los escritos injuriosos de los enemigos burgueses de la Revolución Rusa. A través de este espejo distorsionado sólo se pueden conseguir visiones frustrantes del verdadero Espartaco.
Plutarco escribe lo siguiente:
"Tomaron un sitio naturalmente fuerte y eligieron tres caudillos, de los cuales era el primero Espartaco, natural de un pueblo nómada de Tracia, pero no sólo de gran talento y extraordinarias fuerzas, sino aun en el juicio y en la dulzura muy superior a su suerte, y más propiamente Griego que de semejante nación". (Plutarco. Vidas paralelas. Vida de Sacro).
Estas palabras de un enemigo de Espartaco tienen una visión personalmente favorable que requiere una explicación. No es difícil de encontrar. Un hombre que derrotó a un ejército romano tras otro y puso de rodillas a la república debía poseer unas cualidades extraordinarias. Sólo de esta manera los comentaristas romanos podrían comenzar a aceptar el hecho de que "simples esclavos" derrotaran a sus invencibles legiones.
Otros historiadores romanos intentan presentarle como un sanguinario, exactamente por la misma razón. Se dice que estaba dotado de atributos sobrehumanos. Dicen que su esposa fue una sacerdotisa y otras cosas por el estilo. Todo esto claramente forma parte de la propaganda romana que pretende presentar a Espartaco como alguien muy especial y, de esta manera, minimizar el sentido de vergüenza y humillación sentido por la clase dominante derrotada por trabajadores agrícolas, criados y gladiadores.
Los orígenes reales de Espartaco no están claros porque las fuentes antiguas no se ponen de acuerdo sobre su procedencia, aunque probablemente era nativo de Tracia (ahora Bulgaria). Parece que tenía formación y experiencia militar, puede que hubiera pertenecido al ejército romano en calidad de mercenario. Plutarco también dice que la esposa de Espartaco, una sacerdotisa, fue esclavizada por él. En cualquier caso, fue esclavizado y vendido en una subasta a un entrenador de gladiadores en Capua. Apio dice que él era "tracio de nacimiento, que había servido como soldado con los romanos, pero que fue hecho prisionero y vendido para gladiador". Flores dice que "se había convertido en soldado romano, de soldado a desertor y ladrón, más tarde, debido a su fuerza, fue un gladiador". (Ibíd.,)
La rebelión de los gladiadores
En el momento de la insurrección de Espartaco, la república romana entraba en un período de agitación que pondría fin al dominio de los césares. Los territorios romanos se expandían al este y al oeste; generales ambiciosos se hacían un nombre combatiendo en España o Macedonia, después se forjaban en Roma una carrera política. Roma era una sociedad militarista: se escenificaban batallas en el nuevo entretenimiento popular del combate gladiador. Mientras se idolatraban a los gladiadores de éxito, en términos de estatus social estaban un poco por encima de los convictos; en realidad, algunos gladiadores eran criminales convictos. Otros eran esclavos. En aquella época la esclavitud afectaba a un tercio de la población de Italia. Los esclavos estaban sujetos al castigo extremo y arbitrario de sus propietarios; mientras que apenas se recurría a la pena de muerte (y ejecutada de manera humanitaria) para los romanos libres, los esclavos eran rutinariamente crucificados.
Espartaco fue entrenado en la escuela de gladiadores (ludus) cercana a Capua, pertenecía a Léntulo Baciato. Fue aquí cuando en el año 73 a. C Espartaco encabezó una revuelta de 74 gladiadores, se armados, dominaron a sus guardianes y escaparon. Así es como Plutarco lo relata en la sección de su Historia de Roma, La vida de Craso:
"La sedición de los gladiadores y la devastación de la Italia, a la que muchos dan el nombre de guerra de Espartaco, tuvo entonces origen con el motivo siguiente: un cierto Léntulo Baciato mantenía en Capua gladiadores, de los cuales muchos eran Galos y Tracios; y como para el objeto de combatir, no porque hubiesen hecho nada malo, sino por pura injusticia de su dueño, se les tuviese en un encierro, se confabularon hasta unos doscientos para fugarse; hubo quien los denunciara, mas, con todo, los que llegaron a adivinarlo y pudieron anticiparse, que eran hasta setenta y ocho, tomando en una cocina cuchillos y asadores, lograron escaparse. Casualmente en el camino encontraron unos carros que conduelan a otra ciudad armas de las que son propias de los gladiadores; robáronlas, y ya mejor armados tomaron un sitio naturalmente fuerte y eligieron tres caudillos, de los cuales era el primero Espartaco, natural de un pueblo nómada de Tracia, pero no sólo de gran talento y extraordinarias fuerzas, sino aun en el juicio y en la dulzura muy superior a su suerte, y más propiamente Griego que de semejante nación". (Ibíd.,)
Así, armados con cuchillos de cocina y un carro lleno de armas que habían capturado, los esclavos huyeron a las laderas del Monte Vesubio, cerca del actual Nápoles. Las noticias de la explosión animaron a otros a seguirles. Una continua afluencia de esclavos rurales pronto se unió a los amotinados, cuyo número comenzó a aumentar. El grupo dominó la región, asaltaban las granjas en busca de alimento y suministros. De esta manera los rebeldes comenzaron a conseguir pequeñas victorias que llevaron a cosas más grandes. Plutarco continúa su relato: "La primera ventaja que alcanzaron fue rechazar a los que contra ellos salieron de Capua; y tomándoles gran copia de armas de guerra, hicieron cambio con extraordinario placer, arrojando las otras armas bárbaras y afrentosas de los gladiadores". (Ibíd.,)
Casi se puede dibujar el júbilo de estas primeras victorias y el gozo con el que los gladiadores desechaban el odiado uniforme de su mercader y se vestían como auténticos soldados, no como esclavos. Este pequeño detalle revela algo mucho más importante que las armas y el equipamiento. Revela la creciente confianza, el rechazo no sólo de la situación servil sino también de la mentalidad servil. Vemos lo mismo en toda huelga y en cada revolución en la historia, cuando los trabajadores corrientes, los descendientes lineales de los esclavos, se ponen a su verdadera altura y comienzan a pensar y actuar como hombres y mujeres libres.
Este motín esclavo de ninguna manera fue un acontecimiento único. Cuando llegaron las noticias a Roma, éstas provocaron cierta preocupación, pero no causaron sorpresa ni excesiva alarma. En el siglo anterior dos revueltas esclavas, ambas en Sicilia, habían costado la vida de decenas de miles. No hay duda de que las mentes de los augustos senadores que tenían el control del mundo en sus manos pensaban que el resultado de esta insurrección no sería diferente.
En primer lugar, por tanto, las autoridades romanas no tenían a Espartaco en tal alto aprecio como los comentaristas posteriores. El Senado ni siquiera se molestó en enviar una legión para reprimir a los rebeldes, sólo envió una milicia de unos 3.000 a las órdenes del pretor Claudio Glaber. Evidentemente consideraban que se trataba sólo de una simple operación policial y que se podría tratar fácilmente. Pensaban que sería más que suficiente para reprimir a un pequeño número de esclavos mal armados. Pero el campamento de Espartaco se había convertido en un imán para los esclavos de las zonas circundantes, se habían unido a él varios miles de esclavos. A diferencia de los soldados romanos y sus oficiales, los esclavos luchaban una batalla desesperada por la supervivencia. En contraste, los generales romanos subestimaron al enemigo y al principio estaban demasiado relajados.
Es bien conocido el hecho de que los revolucionarios sólo pueden ganar pasando a la ofensiva y demostrando la mayor de las audacias. Los romanos rodearon a los rebeldes en Vesubio, bloquearon su huida. Los esclavos se encontraron rodeados en una montaña accesible sólo por un paso estrecho y difícil, que los romanos mantenían vigilado, "rodeado por todos los lados de precipicios abruptos y resbaladizos". En un impresionante golpe táctico, Espartaco tenía cuerdas hechas de sarmientos y con sus hombres descendieron por un acantilado al otro lado del volcán, hasta ponerse a espaldas de los soldados romanos y lanzaron un ataque sorpresa.
Plutarco describe la situación:
"Por todas las demás partes, el sitio no tenía más que rocas cortadas y grandes despeñaderos; pero como en la cima hubiese parrales nacidos espontáneamente, cortaron los que se hallaban cercados los sarmientos más fuertes y robustos, y formando con ellos escalas consistentes y de grande extensión, tanto que suspendidas por arriba de las puntas de las rocas tocaban por el otro extremo en el suelo, bajaron por ellas todos con seguridad, a excepción de uno sólo, que fue preciso se quedara, a causa de las armas. Mas éste las descolgó luego que los otros bajaron, y después también él se puso en salvo. De nada de esto tuvieron ni el menor indicio los Romanos, y al hallarse tan repentinamente envueltos, sobresaltados con este incidente, dieron a huir, y aquellos les tomaron el campamento". (Ibíd).
Claudio Glaber, esperando una victoria fácil sobre un puñado de esclavos, probablemente no se molestó en tomar la precaución elemental de fortificar su campamento. Ni siquiera puso puestos de centinelas adecuados para mantener la perspectiva. Los romanos pagaron un precio elevado por esta negligencia. La mayoría de ellos fueron asesinados en sus camas, incluido el pretor Caludio Glaber. Fue una derrota ignominiosa para los romanos. Los esclavos ahora poseían armas y armaduras. Más importante aún, desarrollaron el sentimiento de que podían luchar y ganar. Esta fue la mayor conquista.
Espartaco se dirige al norte
Espartaco era excelente en las tácticas militares, lo que tiende a confirmar la idea de que había servido como soldado auxiliar bajo los estandartes de Roma. Si esto es cierto, habría estado familiarizado con las tácticas del ejército romano y esto, junto con la audacia es una cualidad necesaria para un revolucionario, lo que le convertía en un formidable enemigo. Sin embargo, su ejército estaba formado principalmente por antiguos trabajadores esclavos mal armados y entrenados. Este hecho determinaba las tácticas que al principio eran defensivas. Se ocultaron en los frondosos bosques del Monte Vesubio hasta que llegó el momento en que estaban entrenados adecuadamente para el enfrentamiento decisivo con el ejército romano.
Consciente de que el tiempo se agotaba antes de que llegase una batalla nueva y más seria, Espartaco delegó en los gladiadores la tarea de formar pequeños grupos, que después formaban a otros pequeños grupos y así sucesivamente. De esta manera fue capaz de crear a partir de cero y en cuestión de semanas un ejército totalmente entrenado. El ejército esclavo carecía de experiencia militar pero estaba formado por el heroísmo de la gente que lucha por su propia supervivencia, que literalmente no tiene nada que perder excepto sus cadenas.
Hubo muchas escaramuzas con el ejército romano, todas terminaron en victoria. Publia Varinio, el pretor, fue enviado contra ellos acompañado con dos mil hombres que combatieron y fueron derrotados. Después fue enviado Cosinio con unas "fuerzas considerables", por poco le capturan cuando se bañaba en Salenas. Se escapó con gran dificultad mientras Espartaco se apropiaba personalmente del bagaje de Cosinio. Los esclavos siguieron la retirada de los romanos matando a muchos. Finalmente, asaltaron el campamento romano y lo capturaron, el propio Cosinio fue asesinado.
Con cada victoria aumentaba la moral de los rebeldes. Los informes al Senado en Roma eran sombríos. Poco a poco, la verdad comenzó a aparecer en las mentes de incluso aquellos aristócratas más estúpidos, se enfrentaban al enemigo más peligroso, uno que poseía una gran número de reservas infiltradas en el corazón mismo del campo enemigo, en cada granja, en cada familia había esclavos, cada de uno de los cuales era un rebelde en potencial, al que se debía mirar con recelo y temor. Después de esta exitosa batalla creció la fama de Espartaco. El mensaje para todos era claro: los romanos ya no eran invencibles.
Un gran número de esclavos escaparon para unirse y pronto la pequeña banda de rebeldes aumentó hasta convertirse en un ejército. Según algunos relatos, el ejército esclavo finalmente ascendía a 140.000 esclavos fugados, solían vivir en unas condiciones duras, curtidos por años de trabajo pesado y con nada que perder luchando contra sus antiguos amos. Plutarco escribe lo siguiente: "Reuniéronseles allí muchos vaqueros y otros pastores de aquella comarca, gentes de expeditas manos y de ligeros pies; así, armaron a unos, y a otros los destinaron a comunicar avisos o a las tropas ligeras". La palabra "muchos" debería leerse como decenas de miles.
El ejército de Espartaco pasó el invierno del año 73 a. C acampado en la costa sur de Italia, en todo momento acumulando hombres, soldados y moral. En la primavera, se dirigieron al norte; el audaz plan era marchar a lo largo de Italia, cruzar los Alpes y escapar a la Galia (actualmente Francia, entonces una gran parte fuera del control romano). Según Plutarco: "Con todo, echó, como hombre prudente, sus cuentas, y conociendo serle imposible superar todo el poder de Roma, condujo su ejército a los Alpes, pareciéndole que debían ponerse al otro lado y encaminarse todos a sus casas, unos a la Tracia y otros a la Galia". (Ibíd.,)
Divisiones entre los esclavos
El Senado, ahora totalmente alarmado, envió dos legiones a las órdenes de los cónsules Lucio Gelio Publícola y Cneo Cornelio Léntulo Clodiano contra los esclavos. Espartaco se enfrentaba a su mayor desafío hasta ese momento: un ejército de dos legiones, 10.000 hombres, al mando de Casio Longino, el gobernador de la Galia Cispadana ("Galia de este lado de los Alpes", actualmente el norte de Italia). Los romanos lograron una victoria cuando derrotaron al contingente galo dirigido por Criso. La razón de este revés fue las divisiones en las filas de los rebeldes.
No debía ser fácil mantener la unidad y la disciplina en un ejército de esclavos procedentes de distintos lugares, que hablaban diferentes lenguas y profesaban cultos distintos. Conseguir eso requería de un líder con una estatura colosal y no siempre lo consiguió. Criso y los galos se habían negado a marchar bajo la dirección de Espartaco. Parece que Criso quería quedarse en Italia, seducido por la perspectiva del saqueo. Espartaco quería continuar hacia el norte hasta la Galia, como señala Plutarco:
"Mas ellos, fuertes con el número y llenos de arrogancia, no le dieron oídos, sino que se entregaron a talar la Italia. En este estado, no fue sólo la humillación y la vergüenza de aquella rebelión la que irritó al Senado, sino que, por temor y por consideración al peligro, como a una de las guerras más arriesgadas y difíciles, hizo salir a aquella a los dos cónsules". (Ibíd.,)
El comentarista romano comprendía la raíz del problema. Algunos de los líderes de los rebeldes estaban excesivamente confiados, intoxicados por sus primeros éxitos. Por esta razón Criso abandonó a Espartaco, llevándose consigo a unos 30.000 galos y germanos. Esta división fue un error desastroso: Criso fue derrotado por Publícola y cayó en la batalla. Los galos pagaron un precio terrible y 20.000 fueron asesinados. Fue la primera advertencia de las consecuencias peligrosas que tendrían las divisiones en las filas del ejército esclavo.
A pesar de las acciones desastrosas de Criso, Espartaco ordenó una ceremonia funeraria en honor del líder galo, incluido un combate de gladiadores entre soldados romanos capturados. Este detalle revela la nobleza de carácter y las verdaderas dotes de dirección. Más tarde Espartaco derrotó primero a Léntulo y después a Publícola, como relata Plutarco:
"De éstos, Gelio cayó repentinamente sobre las gentes de Germania, que por orgullo y soberbia se habían separado de las de Espartaco, y las deshizo y desbarató del todo. Propúsose Léntulo envolver a Espartaco con grandes divisiones; pero él se decidió a hacerle frente, y, dándole batalla, venció a sus legados y se apoderó de todo el bagaje. Retirado a los Alpes, fue en su busca Casio, pretor de la Galia Cispadana, con diez mil hombres que tenía; pero trabada batalla, fue igualmente vencido, perdiendo mucha gente, y salvándose él mismo con gran dificultad". (Ibíd.,)
Fue un duro golpe para el prestigio romano y sacudió la confianza del Senado. No sólo habían masacrado a su ejército, sino que Espartaco había capturado las fascias, el símbolo de la autoridad romana (de las que se deriva la palabra fascismo). En Mutina (ahora Módena), los esclavos derrotaron a otra legión dirigida por Cayo Casio Longino, el gobernador de la Galia Cispaldana. El líder de los esclavos ahora parecía ser totalmente invencible.
Los esclavos cambian de dirección
Lo que ocurrió después es uno de los grandes misterios de la historia. Los esclavos tenían a la vista los Alpes y podían haberlos cruzado hacia la Galia y entrado en Germania, donde podrían haber escapado del dominio romano, o incluso a España donde existía una furiosa rebelión. Entonces, por alguna razón, el plan cambió y Espartaco retrocedió: su ejército de nuevo marchó a lo largo de Italia. ¿Cuál fue la causa de este cambio? No lo sabemos. Quizás se desanimaron ante la perspectiva de conseguir que un ejército atravesara los Alpes, o quizá los esclavos estaban borrachos de éxito y les embriagó la visión del saqueo de las ricas ciudades italianas.
Sin embargo, los acontecimientos no siguieron el plan de Espartaco. Ahora el ejército de Espartaco estaba plagado de muchos seguidores, incluidas mujeres, niños y ancianos que se habían unido a los rebeldes con la esperanza de escapar de una vida de servidumbre. Los seguidores que no combatían podían ascender a unas 10.000 personas, todas debían ser alimentadas. Este hecho debía complicar considerablemente sus movimientos. Además, los romanos yo no cometían el error de subestimar las cualidades de su enemigo.
Cuando el Senado supo que Espartaco había conseguido nuevas victorias sobre los ejércitos de la República, se enfurecieron con los cónsules y les ordenaron mantenerse al margen del conflicto. En lugar su lugar, pusieron a cargo de la guerra a Marco Licinio Craso. Era el hombre más rico de Roma, un político ambicioso y sediento de gloria. Craso no era un loco y no cometía el error de subestimar a sus oponentes. Su objetivo fue construir cuidadosamente sus fuerzas y evitar una batalla decisiva, confiando en que finalmente los recursos superiores y la riqueza de Roma agotarían a los rebeldes y crearía las condiciones favorables para una victoria militar.
No obstante, muchos de los que se unieron a él en busca de gloria no compartían su comprensión del enemigo al que se enfrentaban. Eran jóvenes petimetres ricos que no eran conscientes contra quién luchaban. Debían salir tras los esclavos con el mismo espíritu con el que se embarcarían en la caza del zorro. Plutarco nos dice: "Una gran parte de los nobles que fueron voluntarios con él en parte lo hacían por amistad y en parte para conseguir honor". Una vez más, este exceso de confianza fue una receta para el desastre.
Mientras Craso permanecía en las fronteras de Picena a la espera de la llegada de Espartaco, él envió a su legado Munio con dos legiones para observar los movimientos del enemigo, pero le dio órdenes estrictas de no entrometerse ni emprender ninguna escaramuza. Se les ordenó capturar una pequeña colina, pero que lo hiciera lo más silenciosamente posible para no alertar al enemigo.
Demasiado confiado, a la primera oportunidad, el legadode Craso se unió a la batalla y fue severamente derrotado. Habrían sido aniquilados de no haber sido por el hecho de que Craso apareció inmediatamente y participó en la batalla. Demostró ser uno de los más sangrientos. Un gran número de sus hombres murieron y otros tantos sólo salvaron la vida abandonando sus armas y huyendo de manera vergonzosa. Plutarco escribe: "muertos doce mil y trescientos hombres, se halló que dos solos estaban heridos por la espalda, habiendo perecido los demás en sus mismos puestos, guardándolos y peleando con los romanos". (Ibíd.,)
Esta valentía de los esclavos contrasta con el comportamiento cobarde de los romanos en las primeras batallas, que obligó a Craso a recuperar el antiguo método romano de castigo: el diezmo. En un intento de restaurar la disciplina, Craso primero reprendió severamente a Munio. Después armó de nuevo a los soldados, pero con un gesto humillante les hizo pagar un depósito por sus armas, garantizando que partirían con ellas.
Después seleccionó a quinientos hombres que fueron los primeros en huir y los dividió en cincuenta grupos de diez, ordenó a suertes matar a uno de cada grupo, "restableciendo este castigo antiguo de los soldados, interrumpido tiempo había; el cual, además de ir acompañada de infamia, tiene no sé qué de terrible y de triste, por ejecutarse a la vista de todo el ejército", como relata Plutarco. Este terrible castigo hacía tiempo que había caído en desuso y Craso con su recuperación quería demostrar lo que estaba dispuesto a hacer. Desde ese momento cada soldado romano aprendió a temer a su general más que a los esclavos.
Bloqueado
A finales del año 72 a. C, Espartaco y su ejército acamparon en Rhegium (Regio de Calabria), cerca del Estrecho de Mesina. Espartaco intentó llegar a un acuerdo con los piratas de Cilicia para conseguir que los esclavos atravesaran el estrecho hasta Sicilia. Según Plutarco: "intentó pasar a Sicilia e introducir dos mil hombres en aquella isla, con lo que habría vuelto a encender en ella la guerra servil, poco antes apagada, y que con pequeño cebo hubiera tenido bastante. Convinieron con él los de Cilicia y recibieron algunas dádivas: pero al cabo lo engañaron, haciéndose sin él a la vela". (Ibíd.,)
Este hecho demuestra una comprensión de las tácticas y la estrategia. Si hubieran cruzado a Sicilia y alentado allí una nueva rebelión esclava, podrían haber sido capaces de defender la isla frente a Roma. Después de fracasar en su oportunidad de cruzar los Alpes, quizás esa era la única opción que le quedaba. Puede que les hubieran sobornado los agentes de Craso o simplemente que temían que al ayudar a los esclavos todo el peso del ejército romano habría caído sobre sus cabezas. Independientemente de la razón, el ejército de Espartaco se encontró atrapado en Calabria.
Podemos imaginar el terrible golpe que esto representó para Espartaco y sus seguidores. Fracasado el plan de escapar a Sicilia, la situación de los esclavos era desesperada. A principios del año 71 a. C, ocho legiones al mando de Craso fueron lanzadas contra ellos. Tenían a sus espaldas el mar y ningún lugar a donde poder escapar. Las peores noticias estaban por llegar. El asesinato de Quinto Sertorio, que había estado liderando una rebelión en España, permitió al Senado romano retirar a Pompeyo de esa provincia. Y para estar seguros también retiraron a Marco Terencio Varrón Luculo de Macedonia. El Estado romano que al principio demostró un desprecio absoluto hacia los esclavos ahora concentraba todas sus fuerzas contra ellos.
Parece que después de una pequeña escaramuza Espartaco había crucificado a un prisionero romano. Los propagandistas romanos citaron este hecho como una prueba de la "naturaleza bárbara y cruel" de los rebeldes. Sin embargo, la crucifixión era el castigo normal para los esclavos. Toda la historia demuestra que los dominadores, no los esclavos, son los que muestran la crueldad más bárbara. Puede que fuera un acto calculado de desafío, ya que la crucifixión era un método particularmente cruel y degradante de ejecución no utilizado normalmente contra los romanos. Con este acto Espartaco decía a sus enemigos: pensáis que las vidas de los esclavos son baratas, pero os haremos pagar muy caros vuestros actos. Este relato, como todos los demás publicados por los romanos, pretendía justificar su represión sangrienta de los esclavos. Pero realmente no necesitaban ninguna excusa para hacer lo que estaban decididos a hacer. ¡Debían dar una lección a estos esclavos que todo el mundo nunca olvidaría!
El exceso de confianza jugó un papel en la derrota de la insurrección, como explica Plutarco:
"Retirábase Espartaco, después de la derrota de éstos, hacia los montes Petilinos; Quinto y Escrofa, legado el uno y cuestor el otro de Craso, le perseguían muy de cerca; mas volviendo contra ellos, fue grande la fuga de los Romanos, que con dificultad pudieron salvar, malherido, al cuestor. Este pequeño triunfo fue justamente el que perdió a Espartaco, porque inspiró osadía a sus fugitivos, los cuales ya se desdeñaban de batirse en retirada y no querían obedecer a los jefes, sino que, poniéndoles las armas al pecho cuando ya estaban en camino, los obligaron a volver atrás y a conducirlos por la Lucania contra los Romanos, obrando en esto muy a medida de los deseos de Craso". (Ibíd.,)
El siempre cauteloso Craso no quería una batalla inmediata con enemigos cuya fuerza, coraje e iniciativa habían derrotado en muchas ocasiones a los romanos. En lugar de atacar ordenó a sus tropas construir un muro a través del istmo, en un intento de matar de hambre a los esclavos y obligarles a la sumisión. Toda la destreza tecnológica de Roma se reunió para derrotar a los esclavos. En palabras de Plutarco:
"La obra era grande y difícil, pero, contra toda esperanza, la acabó y completó en muy poco tiempo, abriendo de mar a mar, por medio del estrecho, un foso que tenía de largo trescientos estadios, y de ancho y profundo, quince pies; sobre el foso construyó un muro de maravillosa altura y espesor". (Ibíd.,) Con la construcción de este muro conseguía dos objetivos: alejar a sus soldados del ocio desmoralizador y negar al enemigo alimentos y forraje.
Todo este esfuerzo, sin embargo, fue en vano. A pesar de estas espantosas ventajas, Espartaco de nuevo mostró una extraordinaria gama de tácticas. En una noche tormentosa, en medio de una tormenta de nieve, Espartaco ordenó a sus seguidores llenar parte de la zanja con tierra y ramas de árboles, el último estallido de energía antes del colapso final de la revuelta. Con este atrevido golpe consiguió romper las líneas de Craso y escapar hacia Brundisium (ahora Brindisi), donde estaba acampado el ejército de Lúculo.
Cuando vio que Espartaco se había escapado, Craso quedó aterrorizado ante la posibilidad de que el ejército esclavo se encaminase directamente a Roma. En realidad, esa era probablemente la mejor opción para él, en realidad la única: arriesgar todo en un último golpe desesperado a la cabeza del enemigo. Pero fue imposible debido a nuevas divisiones en las filas de los esclavos. De nuevo parte del ejército de Espartaco se amotinó, abandonó a su comandante y estableció un campamento sobre el lago Lucano. Otra vez la falta de unidad tuvo consecuencias desastrosas. Craso cayó sobre los esclavos disidentes y les atacó en el lago. Les habría masacrado de no ser porque de repente apareció Espartaco, aglutinando a las tropas y preparados para luchar.
La batalla final
A pesar de este revés, Craso tenía claro que los esclavos estaban en una situación difícil. Sentía que la victoria estaba a su alcance y Craso comenzó a arrepentirse de su prematura acción de escribir al Senado para sacar a Lúculo de Tracia y a Pompeyo de España. Como un político típico de ese período, veía la guerra como una manera de ganar el prestigio y la gloria que le ayudarían a lograr un alto puesto en el Estado, como hizo efectivamente más tarde Julio César. Si los otros generales llegaban en el último momento, antes de la batalla decisiva, parecería que ellos y no Craso habían ganado la guerra. Eso es lo que ocurrió. Craso ganó la batalla decisiva contra Espartaco pero Pompeyo se llevó toda la gloria.
Por tanto, Craso estaba ansioso por entrar lo antes posible en la batalla:
"Ya había noticias de que se acercaba Pompeyo, y no pocos hacían correr en los comicios la voz de que aquella victoria le estaba reservada, pues lo mismo sería llegar que dar una batalla y poner fin a aquella guerra. Dándose, por tanto, priesa a combatir y a situarse para ello al lado de los enemigos hizo abrir un foso, el que vinieron a asaltar los esclavos para pelear con los trabajadores". (Ibíd.,)
Craso tenía fuerzas superiores y estaban preparadas para combatir la batalla decisiva. Interceptó al ejército de Espartaco y acampó muy cerca del enemigo en lo que se trataba una provocación obvia para que los esclavos lucharan. Los esclavos estaban obligados a atacar. Espartaco al ver que de todas partes llegaban refuerzos frescos, comprendió que no había ninguna posibilidad de evitar la batalla. Cada momento que pasaba significaba el fortalecimiento del hueste romano. Cuando observó que al campamento romano llegaban suministros frescos de cada zona, Espartaco tuvo que dar todo en un último esfuerzo sobre humano. Carlos Marx más tarde utilizó las siguientes palabras para describir la heroica insurrección de la Comuna de París, los esclavos decidieron "tomar el cielo por asalto". Por tanto, reunió a su ejército y se esforzó en elevar el espíritu de lucha para la batalla que se avecinaba.
Sólo podemos imaginarnos su estado mental en este momento fatídico, cuando todo el destino de la rebelión descansaba sobre el resultado de la última batalla. Mostrando las extraordinarias cualidades de un gran comandante, tranquilamente preparó a su ejército para la orden de luchar. Lo que siguió después es uno de los hechos más conmovedores de la historia. Cuando su caballo estaba ante él, Espartaco sacó su espada y lo mató frente a su ejército de esclavos diciendo: "Si ganamos tendremos muchos y mejores caballos del enemigo, y si perdemos no necesitaremos ninguno". Con este acto Espartaco no sólo mostraba un gran coraje personal sino también un desprecio total por su seguridad personal, pero también lanzó un mensaje contundente a los esclavos: ganamos esta batalla o morimos.
Los esclavos lucharon por última vez con un valor desesperado, incluso los historiadores romanos tienen que admitirlo. Pero el resultado de esta batalla nunca estuvo en duda. Según las fuentes romanas, Espartaco se abrió paso a través de la masa de hombres combatiendo y se dirigió directamente al mismo Craso. En medio de una lluvia mortal de golpes y cubierto de heridas, no alcanzó su objetivo, pero asesinó a dos centuriones que cayeron ante él. Finalmente, abandonado por aquellos que estaban con él, cayó sobre el terreno y rodeado por el enemigo, valientemente se defendió y fue cortado a pedazos. El historiador romano Apio describe la escena de la siguiente manera:
"Espartaco fue herido en el muslo con un arpón y hundió su rodilla, manteniendo su escudo frente a él y protegiéndose así contra sus agresores hasta que él y la gran masa de los que estaban con él fueron rodeados y asesinados". (Apio. Las guerras civiles).
Después de la batalla, los legionarios encontraron y rescataron en su campamento a 3.000 prisioneros romanos, todos ellos estaban ilesos. Este trato civilizado a los prisioneros romanos contrasta profundamente con el destino sufrido por los seguidores de Espartaco. Craso crucificó a 6.000 esclavos a lo largo de la Vía Apia entre Capua y Roma, una distancia de unos 200 kilómetros. Sus cadáveres alineados a lo largo del camino desde Brundisium a Roma. Como Craso nunca dio la orden de quitar los cadáveres, años después de la batalla final todo aquel que viajaba por ese camino se encontraba con este macabro espectáculo.
Unos 5.000 esclavos escaparon. Estos restos dispersos del ejército esclavo huyeron al norte y fueron interceptados por Pompeyo en las orillas del río Silarus en Lucania cuando regresaba de la Iberia romana. Los esclavos, que en ese momento ya estaban agotados por todos sus esfuerzos, se enfrentaron con las legiones frescas, bien entrenadas y confiadas del general romano más importante. Los masacró y más tarde utilizó la matanza de una banda de esclavos desanimados y agotados por la huida como un pretexto para presentarse como aquel que puso fin a la guerra esclava.
Pompeyo escribió inmediatamente una carta al Senado pretendiendo que, aunque Craso había derrotado a los esclavos en una batalla campal, él (Pompeyo) había terminado con la guerra. Consiguientemente, Pompeyo fue honrado por un magnífico triunfo por su conquista de Sertorius y España, mientras que a Craso se le negaba el honor del triunfo que tan ardientemente deseaba. En su lugar, tuvo que aceptar un honor menor, recibió una ovación. De esta manera fuer Pompeyo "el grande" quién fue recibido como un héroe en Roma, mientras que Craso, para su desazón, no recibió ningún crédito ni gloria por salvar a la República de Espartaco.
Esta ingratitud nos dice algo sobre la psicología de la clase dominante romana propietaria de esclavos. Estos adinerados sinvergüenzas e hipócrita nunca podían admitir que en Espartaco habían encontrado a un enemigo que les hizo temblar. Los nobles senadores olvidaron de manera conveniente el terror que el nombre de Espartaco provocaba en sus corazones sólo unos meses antes. ¿Cómo una guerra contra un ejército esclavo se merecía los honores de un triunfo?
Desesperado por ganar el triunfo militar que el Senado le había negado, Craso de nuevo intentó conseguir la gloria en Asia, donde se encontró con una muerte bien merecida en unas circunstancias ignominiosas. El propio Pompeyo fue asesinado después en Egipto después de su derrota en la guerra civil contra César. Se podría llegar a la conclusión de que después de todo en la historia existe algo de justicia. Los nombres de estos hombres hoy están medio olvidados, mientras que el nombre de Espartaco es honrado y su memoria es apreciada en los corazones de millones.
Mito y realidad
La leyenda de Espartaco vivió mucho tiempo después de su muerte. Para los romanos, la historia de la revuelta esclava fue una advertencia terrible: sugería que una sociedad construida sobre las espaldas de los esclavas y que sometía a pueblos enteros un día podía ser derrocada por ellos. Cuatro siglos después eso es lo que ocurrió exactamente y Roma cayó ante los bárbaros. La memoria de Espartaco vive como un símbolo del poder de las masas oprimidas a la hora de enfrentarse a sus opresores. Mantiene toda su fuerza y es una inspiración para todos aquellos que luchan por sus derechos.
No es casualidad que durante la Primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht adoptaran el nombre del revolucionario romano cuando lanzaron la Liga Espartaquista. Carlos Marx también fue un gran admirador de Espartaco. Marx decía que Espartaco era su héroe, citándole como el "mejor compañero que la antigüedad podía ofrecer". En una carta a Engels fechada el 27 de febrero de 1861, Marx dice que estaba leyendo sobre Espartaco en las Guerras Civiles de Roma escritas por Apio: "Espartaco... gran general... carácter noble, verdadero representante del antiguo proletariado. Pompeyo verdadera escoria [...]". (Marx y Engels. Obras Completas. Vol. 41. p. 265. En la edición inglesa). Cualquiera que tenga incluso un conocimiento superficial de la historia tendrá difícil estar en desacuerdo con esta afirmación.
La figura de Espartaco, y su gran rebelión, se ha convertido en una inspiración para mucha literatura y escritores políticos modernos. Howard Fast escribió una famosa novela sobre la insurrección. Stanley Kubrick adaptó más tarde la novela de Howard Fast para hacer su excepcional película Espartaco (1960). En su libro Espartaco, F. A. Ridley es desdeñoso tanto con Kubrick como con Fast, pero es injusto en ambos casos. Ese es sólo otro triste ejemplo de cómo una interpretación estrecha y mecánica dl marxismo siempre es incapaz de ver bosque por los árboles.
Fast no intentaba escribir un libro de historia sino una novela histórica, así que podía permitirse ciertas libertades, la novela recrea muy bien el espíritu del tema. Esto no es historia, sino el mejor tipo de novela histórica que representa acontecimientos reales de una manera imaginativa, sin partir seriamente del registro histórico. Por supuesto, hay algunas cosas que no son históricas, especialmente en la película. Contrariamente a la famosa secuencia en la que los supervivientes de la batalla nunca se les pide que identifiquen a Espartaco, porque él había muerto en el campo de batalla.
Pero debemos tener en mente que se trata de una obra de arte y como tal tiene derecho a cierta libertad a la hora de representar acontecimientos históricos de una manera dramática. Más importante, una obra de arte puede representar una verdad profunda cuando toma como punto de partida el estricto registro histórico de acontecimientos. Esta dramática escena, cuando uno por uno los esclavos se levantan para desafiar a sus amos, cada uno diciendo: "Yo soy Espartaco", en realidad contiene una verdad profunda que es aplicable no sólo a la rebelión de Espartaco sino a cada rebelión de un pueblo oprimido a lo largo de la historia. Pero la fuerza de Espartaco era precisamente el hecho de que en su persona encarnaba las esperanzas y aspiraciones de las masas de esclavos que deseaban la libertad. Y dentro de cada una de estas rebeliones de esclavos se puede decir que contenía una pequeña partícula de Espartaco. En cuanto a la escena de la posterior crucifixión en masa, es acertada históricamente.
¿Lo poco que sabemos de este gran hombre fue lo que escribieron sus enemigos sobre él? ¿Qué sabemos? Conocemos lo suficiente para deducir que Espartaco era un comandante brillante y tenía un genio para la táctica en el campo de batalla. Probablemente, fue el general más grande de toda la antigüedad. Pero probablemente, como le presentan la novela y la película, no fue el líder revolucionario de una fuerza de combate disciplinada. Si poseía una estrategia política claramente definida no lo sabemos. La poca unidad de su ejército excepto el objetivo de la continua supervivencia y al final, la disidencia interna y la total confusión sellaron su destino tan seguramente como las fuerzas superiores de Roma.
¿Fue Espartaco un precursor temprano del comunismo? En su novela, Howard Fast pone las siguientes palabras en boca del líder esclavo: "Cualquier cosa que tomemos, la tenemos en común, ningún hombre poseerá nada excepto sus armas y vestimentas. Será igual que en los viejos tiempos". De dónde sacó Fast la idea no lo sabemos, pero no es imposible que en aquella época existiera algún tipo de comunismo primitivo o ideas igualitarias, de la misma manera que más tarde surgieron entre los primeros cristianos.
Es posible que las corrientes utópicas y comunistas estuvieran presentes en la gran revuelta esclava del año 71 a. C, basadas en las oscuras memorias de un remoto pasado cuando los hombres eran iguales y la propiedad era una posesión común. Pero si ese fuera el caso, habría sido una visión atrasada más que progresista, y se habría manifestado como un comunismo de consumo ("compartición igual") y no producción colectiva.
En las condiciones concretas, esa opción no habría hecho avanzar a la sociedad, sino que habría retrocedido. El comunismo real (una sociedad sin clases) no se puede construir sobre la base del atraso y la austeridad. Supone un alto desarrollo de las fuerzas productivas, tal que permita a hombre y mujeres liberarse de la carga de trabajo y dispongan del tiempo necesario para desarrollar todo su potencial humano. Estas condiciones no existían en tiempos de Espartaco.
¿Qué habría sucedido si hubiesen ganado los esclavos? De haber conseguido derrocar al Estado romano, el curso de la historia se habría alterado de manera significativa. Por supuesto, no es posible decir con exactitud cuál habría sido el resultado. Probablemente habrían liberado a los esclavos, aunque esto no se puede dar por sentado. Incluso si eso hubiera sucedido, dado el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, la tendencia general sólo podría haber sido en dirección a algún tipo de feudalismo.
Varios siglos después eso comenzó a ocurrir bajo el Imperio, cuando la economía esclavista alcanzó sus límites y entró en crisis. Los esclavos fueron "liberados" pero atados a la tierra como siervos (colonii). Si eso hubiera ocurrido antes, probablemente ese desarrollo cultural y económico se habría dado más rápidamente y la humanidad podría haberse ahorrado los horrores de la Edad Media.
Sin embargo, eso es sólo especulación. La realidad es que la sublevación no triunfó y no podía hacerlo por varias razones. Marx y Engels en El Manifiesto Comunista explicaron que la historia de todas las sociedades existentes es la historia de las luchas de clases:
"Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes".
El destino del Imperio Romano fue un ejemplo notorio de la segunda variante. La razón básica por la que fracasó Espartaco al final fue el hecho de que los esclavos no se vincularon con el proletariado de las ciudades. En la medida que éste ultimo continuo apoyando al Estado, la Victoria de los esclavos era imposible. Pero el proletariado romano, a diferencia del proletariado modern, no era una clase productiva. Era una clase principalmente parasitaria, vivía del trabajo de los esclavos y dependía de sus amos.
El fracaso de la revolución romana está arraigo en este hecho. El resultado final fue el colapso de la República y el nacimiento de una tiranía monstruosa bajo el Imperio, que llevó a un prolongado period de decadencia interna, declive social y economic, y finalmente al colapso en la barbarie.
El espectáculo de este sector de la población más explotado con las armas en la mano e infligiendo una derrota tras otra a los ejércitos de la potencia más grande del mundo es uno de los acontecimientos más asombrosos y conmovedores de la historia. Pero esta página gloriosa de la historia nunca se olvidará en la medida que los hombres y las mujeres estén motivadas por el amor a la verdad y la justicia. Los ecos de esta titanic insurrección reverberaron durante siglos y aún son una fuente de inspiración para todos aquellos que hoy continúan luchando por un mundo mejor.
¡Un paso adelante en la construcción de las fuerzas del marxismo!
Más de 180 delegados e invitados participaron durante cuatro días (del 9 al 12 de abril) en la Conferencia Política de El Militante, sección en el Estado español de la Corriente Marxista Internacional. Durante estas jornadas se ha debatido intensamente de la nueva situación mundial marcada por la crisis del capitalismo, las perspectivas para la lucha de clases en el Estado español, así como de los avances de los marxistas en el frente sindical, nuestra activa participación en las luchas en defensa de los puestos de trabajo y nuestro papel en el movimiento de los jóvenes estudiantes en las movilizaciones contra los planes de Bolonia y en defensa de la enseñanza pública. El entusiasmo y la confianza en el futuro socialista ha sido la nota dominante del encuentro.
En la Conferencia estuvieron presentes trabajadores y jóvenes de Vigo, A Coruña, Santiago, Ferrol, Lugo, Asturias, Álava, Vizcaya, Navarra, Guipúzcoa, Zaragoza, Tarragona, Barcelona, Baleares, País Valencia, Málaga, Granada, Almería, Sevilla, Cádiz, Guadalajara, Salamanca, Murcia, y Madrid. También contamos con la participación de Alan Woods, Ana Muñoz y Jorge Martín, dirigentes de la Corriente Marxista Internacional y de compañeros de Militante, sección mexicana de la CMI.
La primera sesión de la reunión, dedicada a las Perspectivas Mundiales, fue introducida por el camarada Alan Woods qué explicó en profundidad la naturaleza de la actual crisis de sobreproducción y sus consecuencias en la lucha de clases mundial. Alan desgranó las cifras de la contracción de la producción y del comercio internacional, y señaló la perplejidad de la clase dominante ante estos acontecimientos, reflejada en el fracaso de las medidas adoptadas hasta el momento para salir del caos capitalista. También abordó las implicaciones de la actual recesión, la más importante seguramente de la historia del capitalismo, en las relaciones mundiales y entre las potencias imperialistas, así como los efectos que la actual crisis provocará en la conciencia de millones de trabajadores y en sus organizaciones de masas, sacudiéndolas de arriba abajo y abriendo nuevas y mejores oportunidades para construir las fuerzas del marxismo revolucionario. En su intervención Alan explicó la nueva oleada de movilizaciones que sacude Europa y la inestabilidad social, económica y política que se prolongará en los próximos años en todo el mundo, con alzas y bajas en la lucha de las masas oprimidas, y la necesidad de prepararse para cambios bruscos y repentinos.
Durante esta sesión tomaron la palabra once compañeros que completaron el debate, analizando los acontecimientos revolucionarios en Europa, los desarrollos revolucionarios en América Latina, los procesos en China y sus consecuencias mundiales, los acontecimientos que están sacudiendo Europa del este tras veinte años de restauración capitalista, y el trabajo de los marxistas en las organizaciones de masas de los trabajadores.
En la segunda sesión de la Conferencia, introducida por el compañero Jordi Rosich, debatimos en profundidad sobre las perspectivas para el estado español: la debacle económica del capitalismo en nuestro país y sus consecuencias políticas, marcadas por el giro a la derecha del Gobierno PSOE y la ofensiva contra los trabajadores, contra el empleo y los salarios. También se abordó en profundidad la cuestión nacional en Euskal Herria después del vergonzoso acuerdo entre el PSE y el PP para conformar el nuevo gobierno vasco, así como la situación del movimiento obrero y las perspectivas para la huelga general. Fue una sesión en la que tomaron la palabra 14 compañeros de todo el Estado que trataron numerosos aspectos de la actualidad política, la situación de los sindicatos y el trabajo de los marxistas, la crisis de la derecha, los cambios dentro de Izquierda Unida, la situación de la juventud y las movilizaciones estudiantiles.
En la siguiente sesión la discusión se centró en la construcción de las fuerzas del marxismo en el Estado español y el trabajo desarrollado por los marxistas en todos los frentes de la lucha de clases, y fue introducida por el compañero Juan Ignacio Ramos. Es de destacar la enorme actividad que hemos realizado en las luchas obreras contra los Eres, en defensa de los puestos de trabajo, contra la represión sindical, y la campaña que venimos manteniendo a favor de la convocatoria de una huelga general por parte de de los sindicatos de clase. También se ratificó nuestro apoyo a la huelga general de Euskadi del próximo 21 de Mayo, con nuestro propio programa y consignas, y el llamamiento a que los sindicatos CCOO y UGT la secunden. Una movilización que debería suponer el pistoletazo de salida para organizar una gran huelga general en todo el Estado español contra los ataques de la patronal y para obligar al Gobierno del PSOE a cambiar drásticamente su rumbo en beneficio de los trabajadores, los parados, los jóvenes, y en defensa de la sanidad y la enseñanza pública. En esta sesión, que se completó con las comisiones, también se abordo la actividad de los marxistas en el movimiento juvenil y estudiantil, nuestra contribución al fortalecimiento del Sindicato de Estudiantes y al impulso de las movilizaciones contra los Planes de Bolonia y contra la privatización de la enseñanza pública. Por otro lado se puso un énfasis especial en la necesidad de continuar con la colaboración estrecha que venimos realizando con la Fundación Federico Engels en el esfuerzo de proporcionar a la nueva generación de militantes revolucionarios los textos clásicos del marxismo y los desarrollos teóricos realizados por la CMI y por camaradas como Ted Grant y Alan Woods. El hecho de que la Fundación Federico Engels se haya convertido en la principal editorial marxista de habla castellana es un motivo de gran orgullo.
Durante la Conferencia también pudimos escuchar un informe del camarada Jorge Martín sobre el gran desarrollo de la Corriente Marxista Internacional en todo el mundo. Los avances de la CMI en América Latina han sido espectaculares en los últimos años, con la formación de nuevas secciones y la incorporación de grupos de militantes marxistas a nuestras filas. Hace diez años tan sólo estábamos presentes en México, mientras que en la actualidad hay secciones y grupos de la CMI en México, El Salvador, Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, Bolivia, Guatemala, Ecuador, Uruguay...También nuestras fuerzas se han ampliado en el conjunto del continente europeo, en el mundo árabe y en Asia, dónde contamos con la sección más importante de la CMI, los camaradas de The Struggle en Paquistán con más de 2.500 militantes. En total la CMI cuenta con secciones en 32 países de Europa, América, Asía y África y grupos de camaradas y contactos en otros 33 países.
La última sesión, que fue introducida por la compañera Miriam Municio, estuvo dedicada a la prensa obrera, a nuestro periódico El Militante y su papel como organizador de las fuerzas del marxismo, como instrumento para llevar las ideas del socialismo científico al conjunto del movimiento obrero y juvenil, y también como el órgano de expresión de las luchas obreras y de los problemas de nuestra clase. Un ejemplo de cómo la prensa obrera, tenazmente y paso a paso, se puede abrir camino en esta nueva fase de la lucha de clases.
Como reflejo del entusiasmo y la madurez política de todos los que luchamos bajo la bandera del marxismo, de la CMI, en la Conferencia realizamos una espectacular colecta para continuar desarrollando nuestro trabajo, obteniendo la cifra de ¡¡¡18.010 euros!!! Como siempre hemos explicado a un programa revolucionario corresponden métodos y finanzas revolucionarias.
Finalmente la Conferencia concluyó con el canto de la Internacional y de Bandera Rossa por todos los camaradas asistentes.
La presente versión es la primer parte del artículo publicado en la página de internet militante.org: La crisis del 29 y sus repercusiones en la Revolución Latinoamericana
Primera parte
La crisis de 1929 tuvo repercusiones que se extendieron por todo el globo, es muy común escuchar comentarios relacionados con los acontecimientos políticos derivados tanto en Europa como en Estados Unidos. No obstante resulta muy interesante revisar sus repercusiones políticas en América Latina.
Debemos recordar que el desarrollo del capitalismo latinoamericano, salvo en raras excepciones como México, no vivió procesos de carácter revolucionario. La burguesía que se gestó sobre la base de la convivencia de los terratenientes y los capitales imperialistas, era brutalmente reaccionaria y durante mucho tiempo trató de preservar las relaciones serviles aún en el marco de la producción de mercancías para el consumo internacional.
La posguerra significó una época dorada para la burguesía oligárquica latinoamericana, no obstante la crisis del 29 significó un duro golpe para este modelo de explotación capitalista. "En Argentina el ingreso por habitante disminuyó cerca de 20% entre 1929 y 1934 y sólo en 1946 recuperó el nivel alcanzado antes de la crisis; en Uruguay, todavía en 1943 tal ingreso era inferior al de quince años antes; en Chile, en 1937 el producto interno bruto aún no había recuperado, en términos absolutos, el nivel de 1929" (Agustín Cueva, El desarrollo del capitalismo en América Latina., Pág. 173)
México no vivió una excepción; apenas en 1929 se había logrado recuperar el nivel de producción del periodo inmediato anterior a la Revolución.
En general una crisis genera miedo e inmovilidad en las masas trabajadoras, no obstante en el caso latinoamericano el efecto fue un severo shock que tuvo profundas repercusiones políticas.
Las masas latinoamericanas recién habían construido sus propios partidos comunistas y en muchos casos como en Cuba, México, Chile, Centroamérica, estaban en vías de convertirse en partidos de masas. No obstante. La degeneración estalinista significó un obstáculo que no pudieron salvar.
Después de shock que significó en un primer momento la crisis las masas se levantaron por todo el continente, no hubo un solo régimen estable en toda América:
En México la radicalización del movimiento llevó a la construcción de frentes de lucha obreros y campesinos de carácter nacional y a movilizaciones proletarias inmensas, el Partido Comunista, aún sumergido en enfermedad sectaria logró integrar frentes de masas como el Comité de Defensa Proletario y después la Central de Trabajadores de México, en cuyas consignas figuraba la lucha por el socialismo.
En El Salvador la radicalización llevó al crecimiento del Partido Comunista de Centroamérica que en pocos años paso de decenas a miles de activistas. Lamentablemente el joven partido, víctima de las directivas extremistas de la Internacional Comunista, se vio arrastrado por los acontecimientos sin poder ponerse al frente de la insurrección de 1932. Cuenta Roque Dalton que una flota de barcos norteamericanos esperaba frente a las costas para actuar en el caso de que el Ejército salvadoreño no fuera capaz de aplastar la insurrección comunista. No fue necesario, debido a la falta de preparación, la insurrección fue derrotada y sus dirigentes, así como más de 30 mil trabajadores, la mayoría del campo, fueron ejecutados en una de las masacres más crueles que hasta ese entonces se tuvieran memoria.
El Nicaragua la lucha de Sandino obligaba al retiro de las tropas norteamericanas, no obstante los militares “nacionalistas” encabezados por Somoza no dudaron en traicionar al “general de hombres libres” y asesinarlo para sumir a esta nación en una larga noche dictatorial. Nuevamente los Estados Unidos dieron su beneplácito, Roosevelt no sin una dosis de realismo afirmó. “Sí, Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.
En Brasil la crisis social se había desatado también durante los años veintes, periodo durante el cual se desatan insurrecciones por parte de jóvenes oficiales, los tenentes (tenientes). La más conocida, debido a que se transformó en un movimiento que recorrió gran parte del territorio brasileño y no logró ser aplastada por el Ejército, fue la dirigida por el capitán Luis Carlos Prestes. Al final estalla la revolución de 1930 que pese a la forma que esta asume, sí logra trastocar para siempre la dirección política que la oligarquía brasileña ejercía desde la época colonial; es cierto que el proceso de 1930 surge como un conflicto entre diversas facciones de la oligarquía y que al final surge Getulio Vargas como la figura que la burguesía nacional emplea para capear el temporal, no obstante el proceso no se detiene en 1930, la crisis política se profundiza y ello incluyó la mal orquestada insurrección comunista dirigida por Prestes en junio de 1935. La salida bonapartista de 1937 con la proclamación del Estado Novo, marcó el final de un proceso y una derrota muy costosa que pudo ser evitada. Nuevamente el Partido Comunista Brasileño tuvo gran responsabilidad al actuar en el momento equivocado por las razones equivocadas, facilitando al gobierno de Vargas el combate a los comunistas y al conjunto del movimiento obrero.
En el siguiente artículo continuaremos describiendo las luchas y consecuencias de la crisis del 29 en la Revolución Latinoamericana.
Informe de actividades Militante: “Ciclo de conferencias América Socialista”
La Escuela Marxista Panamericana que se realizó en nuestro país (ver Militante 179) reunió a compañeros dirigentes obreros que están al frente de procesos tan importantes como la revolución bolivariana en Venezuela. Al término de esta escuela, del 3 al 7 de marzo, la Tendencia Marxista Militante realizó una serie de charlas públicas en sindicatos y universidades con el objetivo de difundir aún más las lecciones que la revolución ha arrojado en todo el continente americano. La respuesta que tuvimos a los actos fue excelente y demuestra el ánimo que combativo e internacionalista que existe en el trabajador mexicano.
En la UAMA, el compañero Jorge Paredes, presidente de la Fábrica ocupada INVEVAL en Venezuela, se encargó de dar un balance de la revolución Bolivariana a 10 años de haber iniciado. Sobre todo profundizó en la gran fuerza que los trabajadores tenemos en nuestras manos y cómo esta fuerza organizada puede derrotar al gobierno de EEUU quien no ha dejado de atacar la revolución en Venezuela. En la Charla pudimos contar con la presencia de trabajadores del SITUAM, de Olympia que se han lanzado a huelga y estudiantes de la universidad.
En Puebla, nuestros compañeros realizaron una importante campaña para convocar a dos eventos para discutir sobre la revolución en América Latina. Estudiantes, profesores y trabajadores se acercaron con gran interés, ellos mismo adquirieron una gran cantidad de publicaciones marxistas entre las que contamos Reformismo o Revolución de Alan Woods, La revista “América Socialista” y textos clásicos de los grandes Marxistas.
La crisis económica está despertando la conciencia de millones de trabajadores por todo el mundo, Europa no es la excepción, esto fue lo que discutimos en la FES Aragón y pudimos ver claramente lo que el proceso se ha estallado y que incluso está calando hondo entre los trabajadores de Italia, Francia, Estado Español, etc.
Por todo el mundo, los empresarios han tomado la política de despedir a miles de trabajadores, bajo el argumento de que la crisis los ha golpeado y no hay otra salida. La realidad es que como decirnos los marxistas si hay una alternativa y esa es la lucha obrera. La toma de fábricas es precisamente una alternativa que los trabajadores han tomado en sus manos para enfrentar estos ataques. En la UAMI, compañeros obreros dirigentes de distintos países pudieron explicarnos como se han organizado en sus países y han pasado directamente a tomar la producción en sus manos.
En el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y en el local de la sección 9 del SNTE, también pudimos explicar más profundamente la necesidad de la toma de fábricas, pero además la de construir un partido revolucionario de masas.
En toda la ecuación de la revolución en América, un punto central lo juega EEUU, ahí también la crisis viene despertando la conciencia de millones de trabajadores que ve cómo antes Bush y ahora Obama regalan miles de millones de dólares a los empresarios y banqueros mientras que el trabajador común y corriente tiene incluso que perder derechos que antes tenía asegurados como trabajo y vivienda.
Este ciclo de conferencias ha sido muy importante, pudimos discutir temas que son fundamentales para todo trabajador. El capitalismo ha entrado en una crisis histórica y producto de ello no existe en toda América un sólo gobierno estable, la rabia y la conciencia de los trabajadores se ha convertido en una poderosa revolución que no respeta fronteras. El ciclo de conferencias América socialista ha sido todo un éxito. Compañero: únete a Militante, intégrate a las filas de la revolución.
La crisis de 1929 tuvo repercusiones que se extendieron por todo el globo, es muy común escuchar comentarios relacionados con los acontecimientos políticos derivados tanto en Europa como en Estados Unidos. No obstante resulta muy interesante revisar sus repercusiones políticas en América Latina.
Debemos recordar que el desarrollo del capitalismo latinoamericano, salvo en raras excepciones como México, no vivió procesos de carácter revolucionario. La burguesía que se gestó sobre la base de la convivencia de los terratenientes y los capitales imperialistas, era brutalmente reaccionaria y durante mucho tiempo trató de preservar las relaciones serviles aún en el marco de la producción de mercancías para el consumo internacional.
La posguerra significó una época dorada para la burguesía oligárquica latinoamericana, no obstante la crisis del 29 significó un duro golpe para este modelo de explotación capitalista. "En Argentina el ingreso por habitante disminuyó cerca de 20% entre 1929 y 1934 y sólo en 1946 recuperó el nivel alcanzado antes de la crisis; en Uruguay, todavía en 1943 tal ingreso era inferior al de quince años antes; en Chile, en 1937 el producto interno bruto aún no había recuperado, en términos absolutos, el nivel de 1929" (Agustín Cueva, El desarrollo del capitalismo en América Latina., Pág. 173)
México no vivió una excepción; apenas en 1929 se había logrado recuperar el nivel de producción del periodo inmediato anterior a la revolución. La nueva sacudida del 29 generó una ambiente explosivo que se manifestó en el auge de lucha de clases de los treintas.
En general una crisis genera miedo e inmovilidad en las masas trabajadoras, no obstante en el caso latinoamericano el efecto fue un severo shock que tuvo profundas repercusiones políticas.
Las masas latinoamericanas recién habían construido sus propios partidos comunistas y en muchos casos como en Cuba, México, Chile, Centroamérica, estaban en vías de convertirse en partidos de masas. No obstante, la degeneración estalinista significó un obstáculo que no pudieron salvar.
Después de shock que significó en un primer momento la crisis las masas se levantaron por todo el continente, no hubo un solo régimen estable en toda América:
En México la radicalización del movimiento llevó a la construcción de frentes de lucha obreros y campesinos de carácter nacional y a movilizaciones proletarias inmensas; el partido comunista, aún sumergido en enfermedad sectaria logró integrar frentes de masas como el Comité de Defensa Proletario y después la Central de Trabajadores de México, en cuyas consignas figuraba la lucha por el socialismo.
En El Salvador la radicalización llevó al crecimiento del Partido Comunista de Centroamérica que en pocos años pasó de decenas a miles de activistas. Lamentablemente el joven partido, victima de las directivas extremistas de la Internacional Comunista, se vio arrastrado por los acontecimientos sin poder ponerse al frente de la insurrección de 1932. Cuenta Roque Dalton que una flota de barcos norteamericanos esperaba frente a las costas para actuar en el caso de que el ejército salvadoreño no fuera capaz de aplastar la insurrección comunista. No fue necesario, debido a la falta de preparación la insurrección fue derrotada y sus dirigentes, así como más de 30 mil trabajadores, la mayoría del campo, fueron ejecutados en una de las masacres más crueles que hasta ese entonces se tuvieran memoria.
El Nicaragua la lucha de Sandino obligaba al retiro de las tropas norteamericanas, no obstante los militares “nacionalistas” encabezados por Somoza no dudaron en traicionar al “general de hombres libres” y asesinarlo para sumir a Nicaragua en una larga noche dictatorial. Nuevamente los Estados Unidos dieron su beneplácito; Roosevelt, no sin una dosis de realismo. Afirmó: “sí, Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”
En Brasil la crisis social se había desatado también durante los años veintes, periodo durante el cual se desatan insurrecciones por parte de jóvenes oficiales, los tenentes (tenientes). La más conocida, debido a que se transformó en un movimiento que recorrió gran parte del territorio brasileño y no logró ser aplastada por el ejército, fue la dirigida por el capitán Luis Carlos Prestes. Al final estalla la revolución de 1930 que pese a la forma que esta asume, sí logra trastocar para siempre la dirección política que la oligarquía brasileña ejercía desde la época colonial, es cierto que el proceso de 1930 surge como un conflicto entre diversas facciones de la oligarquía y que al final surge Getulio Vargas como la figura que la burguesía nacional emplea para capear el temporal. No obstante el proceso no se detiene en 1930, la crisis política se profundiza y ello incluyó la mal orquestada insurrección comunista dirigida por Prestes en junio de 1935. La salida bonapartista de 1937 con la proclamación del Estado Novo, marcó el final de un proceso y una derrota muy costosa que pudo ser evitada. Nuevamente el Partido Comunista Brasileño tuvo gran responsabilidad al actuar en el momento equivocado por las razones equivocadas, facilitando al gobierno de Vargas el combate a los comunistas y al conjunto del movimiento obrero.
En Chile las convulsiones sociales cestadas a lo largo de los años veintes desembocan en la república socialista de junio de 1932 presidida por Carlos Dávila. Lamentablemente, el Partido Comunista de Chile consideraba que todo aquello que no fueran ellos mismos, era reaccionario, lo que facilitó el asilamiento de la república socialista la cual fue aplastada con un golpe de Estado en septiembre de 1932 encabezado por Arturo Alessandrí. Cierto es también que el Gobierno de Dávila no hizo nada para entregar armas al pueblo ni existía una organización política de masas que fungiera como estructura fundamental de una transformación social, por lo que el gobierno de Dávila se vio suspendido en el aire. No obstante es evidente que el proceso se da en los marcos de un proceso revolucionario a nivel continental y un triunfo en Chile o en cualquier otro país en ese momento hubiese modificado toda la situación. Al final, a pesar de la derrota el elemento más importante de aquel episodio fue la necesidad de un partido marxista, como lo pretendió ser en sus inicios el Partido Socialista creado poco después.
En Cuba mientras tanto, la revolución también da la cara. Ya durante los veintes el marxismo cubano enfrentó la dictadura de machado construyendo al Partido Comunista y varios sindicatos. El asesinato de Mella en México no paró la revolución, en 1930 las manifestaciones de decenas de miles de trabajadores exigiendo poner fin a la dictadura se suceden una tras otra. Así llega el año de 1933. Con la mayoría en los sindicatos y con decenas de miles de militantes, el PC tenía la clave de la situación, no obstante cometió error tras error; en primer lugar no reconoció la situación revolucionaria que se estaba desarrollando y en lugar de plantear un programa para la toma del poder señalaba que dado que la revolución sería nacional, lo que correspondía a los comunistas era lograr mejoras materiales, por lo cual ante el estallido de una huelga general pactó una salida negociada con el gobierno de machado. (S. Tutino, L"Ottobre cubano, Pág. 65).
En agosto estalló la huelga en el transporte, la cual el dictador busca sofocar violentamente, como suele acontecer en estos casos, los soldados se rehúsan a intervenir sumándose de este modo a la revuelta que termina por derribar a Machado. Los acontecimientos toman al PC totalmente por sorpresa y pretendiendo recuperar las posiciones perdidas da un giro utraizquierdista. No obstante sectores de la oficialidad habían aprovechado las circunstancias para aparecer como árbitros en el seno del gobierno, de entre ellos surge, por cierto, Batista. Sin duda la burguesía estaba muy dividida entre sí, los gobiernos formados sólo duraban algunos meses y se abría el espacio para un nuevo dictador, mientras tanto los comunistas eran fieramente reprimidos producto de los errores de su dirección.
¿Democracia o socialismo?
Nos hemos detenido un poco más en los acontecimientos políticos de los años treintas para demostrar que la lucha contra el sistema capitalista implantado por la alianza entre la oligarquía y el imperialismo fue ferozmente combatido por las masas latinoamericanas y estos acontecimientos constituyeron una verdadera revolución continental.
La proximidad de la guerra impedía una acción contundente del imperialismo, como pasaría decenios después, al mismo tiempo la tímida burguesía emergente resultaba como beneficiaria de la política unas veces ultraizquierdista y la más de las veces abiertamente claudicante, que tenían los partidos mal llamados comunistas.
La naturaleza aborrece el vacío, las masas se habían levantado contra el capitalismo oligárquico pero los partidos comunistas habían desperdiciado la oportunidad de avanzar al frente. Marxistas como Agustín Cueva consideran el resultado de este proceso como producto del carácter "semicampesino" del proletariado (Cueva, El desarrollo del Capitalismo en América Latina, Pág. 157). Cueva considera que las derrotas del proletariado fueron una mal necesario en su proceso de conformación en clase en sí y que el carácter francamente socialista de la lucha proletaria se verificará en el marco de la crisis del populismo o capitalismo de Estado que resultó de la mayoría de las luchas antioligarquicas.
En nuestra opinión una revisión de los acontecimientos de ese periodo conceden en todos los casos grandes posibilidades de triunfo al proceso revolucionario. En todos los casos el establecimiento de ese "capitalismo de Estado" conocido como populismo no fue sino resultado de la derrota de la revolución, es decir significó una salida reaccionaria en el marco de la imposibilidad de que la oligarquía retomara el control y de la necesidad de responder a las demandas de las masas que se habían levantado y a las necesidades mismas de los capitalistas, en particular la creación de una infraestructura mínima que posibilitara su desarrollo.
Un auténtico triunfo de revolución hubiera significado el avanzar en la completa democratización de la sociedad, en el control de los bancos y la industria por parte de los trabajadores, es decir, en la realización de medidas de carácter socialista, no era que la revolución no fuera socialista en 1930. De hecho ninguna revolución empieza con proclamas socialistas, sino luchado contra el sistema establecido, es decir, se engendra como producto de la crisis de una formación social determinada. Las consignas que llevaron al poder a los bolcheviques eran pan, paz, tierra. No eran socialistas en sí, no obstante Lenin y Trotsky sabían que su realización implicaba el avance de la revolución hacia el socialismo. En el marcos del sistema capitalista en su fase imperialista, es decir con un sistema económico global esto era válido para Rusia en 1917, mucho más para América Latina en los treintas, la cual estaba en algunos casos muchísimo más desarrollada que Rusia en 1917.
Es verdad que la derrota enseña, y sin duda el análisis de las derrotas de los treintas nos sirve ahora y servirá a los revolucionarios del futuro. No obstante las derrotas no son inevitables, lo mostró la revolución de octubre y experiencias como la cubana de la cual nos ocuparemos en el futuro.
León Trotsky ocupándose del problema de México, señalaba algunas cuestiones que son válidas para el peculiar resultado de los procesos revolucionarios de los treintas y años posteriores:
"En los países industrialmente atrasados el capital extranjero tiene una función decisiva. De aquí la relativa debilidad de la burguesía nacional respecto al proletariado nacional. Esto determina un poder estatal de tipo particular. El gobierno se balancea entre el capital extranjero y el capital indígena, entre la débil burguesía nacional y el proletariado relativamente fuerte. Esto proporciona al gobierno un carácter bonapartista sui géneris, de tipo particular. Se coloca, por así decir, por encima de las clases. En realidad puede gobernar o convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y manteniendo encadenado al proletariado con las cadenas de una dictadura policíaca o maniobrando con el proletariado y alcanzando incluso a hacerle algunas concesiones, asegurándose en tal modo la posibilidad de una cierta libertad en confrontaciones con algunos capitalistas extranjeros. La política actual (de Cárdenas) se coloca en la segunda categoría: sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de la industria petrolera. Estas medidas se colocan directamente sobre el plano del capitalismo de estado. No obstante, en un país semicolonial, el capitalismo de estado se encuentra bajo la pesada presión del capital privado extranjero y de sus gobiernos y no puede mantenerse sin el apoyo activo de los trabajadores. Por esto sin dejarse escapar de las manos el poder real, intenta de hacer recaer sobre las organizaciones obreras gran parte de las responsabilidades para el funcionamiento en los sectores nacionalizados de la industria." (León Trotsky, Industria nacionalizada y gestión obrera).
El Río de la Plata, un caso particular
Un caso particular en los acontecimientos de los estados latinoamericanos fue El Río de la plata. La ausencia de una fuerte economía de carácter colonial facilitó una inserción relativamente más simple de relaciones capitalistas de producción. La propiedad terrateniente de un carácter francamente capitalista desde finales del siglo XIX y las necesidades prácticas de la exportación de productos agropecuarios los llevó a una industrialización muy temprana, al grado de que para mediados del siglo, aún luego de quince años de problemas derivados de la crisis del 29 el porcentaje de trabajadores asalariados en Argentina y Uruguay representaba cerca del 70% de la población económicamente activa.
De forma paralela, este proceso produce una sindicalización de una forma muchísimo más basta que en otras regiones latinoamericanas, no obstante esto, las bases del desarrollo capitalista se encuentran en la explotación de la agroindustria. La crisis de 1929 azota de forma significativa estas economías, por lo que en este periodo lo que encontramos no es una crisis del sistema oligárquico semicolonial como se dio en otras regiones latinoamericanas, sino una crisis de la oligarquía capitalista nacional fincada en las exportaciones de materias primas, especialmente alimentos
La esencia del populismo
Los rasgos generales del proceso de crisis del 29 dio origen en América Latina a un prolongado proceso de convulsiones sociales, en muchos casos abiertamente revolucionarias, las cuales al no contar un direcciones proletarias dignas de ese nombre terminaron en las manos de distintos caudillos burgueses; el populismo fue pues un subproducto de las revoluciones abortadas de los treintas que, ante el impasse del capitalismo a nivel mundial, contaron con un cierto margen de maniobra para un cierto balance entre las clases por parte de los gobiernos, en muchos de los casos vinculados directa o indirectamente con el ejercito, la única fuerza del Estado capaz de jugar el aparente papel de “arbitro entre las clases”.
El proceso resulta contradictorio pero al final ofrece una salida al desarrollo de las fuerzas productivas. Todo proceso revolucionario por deformado que sea lo hace. La burguesía nacional no sólo no juega un papel progresista sino que, en cuanto tienen las condiciones, se vuelve a entregar al capital trasnacional y somete al nuevo proletariado, especialmente cuando el auge de la postguerra se agota.
El populismo es para la burguesía un mal necesario, a la larga se convierte en matrona del capitalismo que de otro modo nunca hubiera pasado de una simple burguesía compradora de estilo oriental. Una vez que juega su papel la burguesía se deshace de él como un limón exprimido, no al margen de múltiples conflictos de clase.
El verdadero drama de esta época es que los partidos comunistas, teniendo todo el potencial para convertirse en fuerzas de masas dirigentes del proletariado y del campesinado se contentaran con ser simples comparsas de los caudillos burgueses. Aún hoy en día la carga ideología del caudillismo burgués latinoamericano, sigue constituyendo un obstáculo para el desarrollo de un autentico movimiento independiente de la clase obrera y del campesinado pobre.
No obstante la coyuntura actual no deja a la burguesía ningún espacio para volver a engatusar al movimiento como lo hizo en los treintas y cuarentas, el populismo, visto como lo que es: un movimiento burgués, no se repetirá, primero porque la gran burguesía no esté interesada en él y segundo porque no tiene reformas que ofrecer a las masas.
No obstante no debemos bajar la guardia, la lucha por un movimiento independiente de los obreros y campesinos pobres no será un debate doctrinario, sino un proceso de lucha en el seno del los movimientos de emancipación, tengan el origen que tengan. Será ahí, en la calle, en las barricadas, en la fábrica tomada, en la lucha del ejido y del barrio, donde el programa del marxismo deberá demostrar su derecho a prevalecer.
El 27 de enero, ante la noticia de la contracción del Producto Interno Bruto (PIB), se hace insostenible el argumento de que México no sufriría por la crisis porque no era tanta nuestra dependencia hacía EUA. Ahora la realidad viene a desmentirlos y mostrar la hipocresía del estado capitalista.
En diciembre de 2008 la actividad en la maquila cae 11.5% con respecto a diciembre de 2007, esto producto de la disminución del consumo en EUA hasta el 72 por ciento en productos como computadoras, electrodomésticos, automóviles, celulares, etc. En la frontera de Chihuahua sólo se mantiene activo el 50% de las 320 fábricas. 40 mil de los 60 mil empleos perdidos entre diciembre y enero han sido de las maquilas y la planilla en ese sector ahora es menor que en 2001. En Cd. Juárez disminuyó en 23 mil plazas y en Tijuana en 23 mil.
En Cd. Juárez 82 fábricas se encuentran en paro técnico, esto es el 25% de las existentes. Este paro técnico afecta directamente a 35 mil obreros de los cuales 30 mil obreros aun conservan su trabajo, pero los capitalistas han reducido sus salarios de 40 a 50 por ciento debido a la reducción de horas o días laborales. La Volkswagen ha dejado en paro técnico a 9 mil 400 obreros y es sólo el principio. Los paros se han extendido por Baja California, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Puebla. En toda la frontera ya suman 50 mil los despidos en esta rama en los últimos 4 meses, de éstos 35 mil sólo en Baja California y Sonora.
La afectación de la crisis es muy amplia, la falta de actividad en esta industria no sólo afecta a los obreros que trabajan en las fábricas, sino a todos los sectores que están relacionados. En Cd. Juárez hay 10 mil afectados de manera indirecta, fundamentalmente trabajadores del transporte. En 2008 cerraron 10 empresas transportistas sumando 4 mil despidos. El servicio en este sector bajó en un 30 por ciento y para este año ya ha caído al 50 por ciento.
La perspectiva para la industria maquiladora es desoladora
El 26 de enero de 2009 se publicaron nuevas cifras de despidos en grandes empresas como CAT, Philips, Home Depot, Nextel, etc., y algunas de ellas se encuentran en territorio mexicano. La perspectiva de los economistas burgueses en cuanto a la pérdida de empleo llega hasta los 250 mil para 2009, pero muy probablemente sea mayor. En las maquilas se calcula que desaparecerá el 10 por ciento de la planilla, de este porcentaje 20 mil empleos más se perderán en CD Juárez y 100 mil en todo el país. Los mejores pronósticos dicen que la situación se recuperar para el primer trimestre de 2010, sin embargo sabemos que aunque fuese así no significará la vuelta al empleo de los miles de obreros que se les ha echado a la calle, y peor aún: nada borrara el trauma y las vejaciones que pasarán esos miles en todo el 2009.
La alternativa del gobierno de Calderón a sido buscar inversión a toda costa, pero por más que trate de convencer a los inversionistas de que México es un buen sitio para invertir por su “estabilidad”, el fantasma del movimiento contra el fraude, de la CND, la APPO, las huelgas mineras, y la profunda crisis política desmienten cada una de sus palabras. En México se está gestando un movimiento que Calderón no puede tapar y no hay nada que Calderón pueda ofrecer, se está llegando al límite y puede rebasarse en cualquier momento. Es por ello que junto a la invitación a la inversión privada va aparejado un despliegue policiaco para intentar evitar un futuro brote de luchas obreras. Estos mal llamados “corredores seguros” se han instalado en 500 fábricas de Cd. Juárez y no reflejan más que el terrible miedo que tiene la burguesía y el gobierno a la movilización y organización de la clase obrera.
Otra medida anticrisis ha sido el ofrecimiento a los dueños de las empresas del impago de impuestos que van desde 50 hasta el 100 por ciento dependiendo del “daño que haya causado la crisis”. Al mismo tiempo ofrecen a los obrero en paro técnico un apoyo que deben tramitar en la Secretaría de Conciliación y Arbitraje, y esta lo entregará a la empresa para que a su vez lo entregue al obrero que lo solicite. Tras todo este rollo burocrático por fin pueden entregarse estos apoyos que son de aproximadamente 500 pesos al mes, con lo cual es imposible siquiera alimentar a una familia.
El capitalismo ha llevado a la miseria a extensas zonas de la frontera norte de México que dependen de la maquila y la exportación a EUA. La crisis ha golpeado muy duro ese sector y seguirá haciéndolo. Desde que nació la maquila en México ha estado marcada por la miseria y opresión más brutal y sin duda alguna tendremos grandes movimientos sociales producto del descontento ante el capitalismo: narcotráfico, prostitución, drogadicción, y muerte. Dentro de esta situación no olvidemos el caso de las muertas de Juárez. Esta mezcla es una bomba a punto de estallar y cuando lo haga debemos estar preparados para que el resultado no sea saqueo desesperación y más sangre derramada.
Lo que necesitamos es comenzar a preparar la toma de fábricas. Fábrica parada por el patrón, fábrica tomada por los trabajadores. También es necesaria la organización de comités de acción, por barrio, por fábrica, encargados de la protección y seguridad de los obreros y sus familias. Necesitamos preparar y organizar una Huelga General que extienda el control obrero a otros sitios y sectores, de tal manera que los productos puedan se repartidos equitativamente y no haya padecimientos. Sin embargo, la solución a las condiciones de la zona fronteriza no se solucionará definitivamente si no es con la lucha por un mundo en donde nuestra existencia no dependa de un puñado de empresarios.
Los futuros acontecimiento en la frontera, no sólo marcaran el de México, sino también el de EUA y con ello el del mundo. Luchemos contra la crisis y la miseria, el capitalismo no tiene nada más que ofrecer en el futuro, más que barbarie ¡Únete a Militante!
La prensa obrera sigue dando pasos adelante
“El periódico no sólo es un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios que se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan su contorno, facilitan las relaciones entre los distintos constructores, les ayudan a distribuir el trabajo y observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado” (Por dónde empezar). Estas era la visión que Lenin tenía sobre las tareas de un periódico obrero y sobre la cual pudo construir al partido revolucionario más importante de toda la historia.
Y esta es la misma manera en que nosotros, los compañeros agrupados en la Tendencia Marxista Militante construimos y fortalecemos a nuestra organización. La publicación de nuestro periódico “Militante, voz marxista de los trabajadores y la juventud” es una tarea fundamental para la organización en su conjunto. Nuestra política es la de publicar mes a mes desarrollado vínculos con el movimiento vivo y creando organización por todos los rincones del país. Ahora queremos informar a nuestros lectores de algunos de los triunfos que hemos tenido durante el año 2008 en nuestra prensa.
En el 2008 publicamos diez número de “Militante” y dos ejemplares extras. Es decir que cumplimos nuestro objetivo de impresión y debido a las exigencias del movimiento tuvimos que imprimir dos números más.
De manera regular hemos enviado periódicos a lugares como Baja California Norte, Hidalgo, Oaxaca, Sonora, Cancún, Torreón, Michoacán, Puebla, Chiapas, etc.
Hemos logrado que todas nuestras publicaciones estén listas para distribuir entre nuestros lectores en los primeros tres días del mes respectivo.
Incrementamos en un peso el precio del periódico, debido a los constantes incrementos en los precios de insumos como papel tinta y demás. La respuesta que hemos recibido ha sido excelente, hay lectores que nos pagan cada ejemplar del periódico en 50 pesos. Gracias a ello hemos podido dar una lucha para lograr nuestra propia infraestructura de impresión (computadoras offset, etc) y con ello poder presentar un mejor periódico a todo el movimiento obrero y juvenil.
Celebramos nuestro 18 aniversario con una publicación especial en la que la portada salió en color. Ese número se vendió en tan sólo unos cuantos días y parte de ellos los enviamos a nuestro congreso internacional, donde fue muy bien recibido por compañeros de países como Paquistán, Estados Unidos, Brasil, Italia, Francia, España, Alemania, Salvador, Venezuela, etc.
Nuestro periódico ha estado presente en una infinidad de movilizaciones convocadas por sindicatos y organizaciones sociales pudiendo contactar con trabajadores del SME, de la CNTE en varios estados, mineros, etc.
En el terreno de la juventud, “Militante” también ha estado presente, analizando y presentando nuestras ideas, al mismo tiempo que generando organización. En la UNAM, la UAM, el IPN, las preparatorias del DF, la BUAP, la UABJO, etc se han colado las ideas de la lucha revolucionaria.
Estos son sólo algunos triunfos del año pasado. Todos ellos son el producto de todo el apoyo que hemos recibido de parte del movimiento obrero y juvenil. “Militante” ha jugado un papel importante en las luchas actuales, pero como ya lo explicamos, nuestra organización no sólo publica un periódico sino que a través de él construimos una organización que se plantea como tarea principal la destrucción de este sistema de miseria y explotación. Militante toma partido en los acontecimientos actuales, no nos quedamos al margen, y creemos que ningún trabajador debe quedarse al margen. En este ambiente de crisis y ataques, los trabajadores, unamos nuestros puños y levantemos una misma lucha contra nuestros opresores capitalistas. Basta de miseria y hambre, Únete a Militante y lucha por el socialismo.
Intégrate a nuestros grupos de base o a nuestros círculos de discusión infórmate en:
Cel: 04455-32993657
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El pasado mes de Febrero se llevó acabo la asamblea general de la Tendencia Marxista Militante en el local de la Sección 9 Democrática del SNTE-CNTE. Ahí nos dimos cita compañeros de distintos frentes de intervención y de diferentes estados del país para discutir las perspectivas generales del movimiento obrero y juvenil en México, además de las consecuencias de la crisis económica para la clase trabajadora. Compañeros trabajadores, sindicalistas, discutimos durante horas, para prepararnos frente a los acontecimientos que nos depara este 2009.
Se habló de las elecciones de este año y la postura que debemos mantener los marxistas frente a las mismas, de un futuro prometedor en la lucha sindical y estudiantil, además de discutir nuestros planes de intervención, de lucha para la construcción de la organización revolucionaria en nuestro país.
Se realizó además una proyección de los 40 años del Comité de Lucha de la ESIME, donde los compañeros de Militante hemos jugado un papel fundamental para la construcción y desarrollo de esta organización que ahora nos reivindicamos como Comité de Lucha Estudiantil del Politécnico – Comité Estudiantil en Defensa de la Educación Pública, impulsado por su puesto por la Tendencia Marxista Militante para ofrecer a la juventud una alternativa de lucha.
Compañeros, la crisis económica se está recargando muy fuerte sobre las espaldas de la clase trabajadora, la crisis sin duda se profundizará a lo largo de este año, es por eso que los marxistas debemos de prepararnos para las futuras batallas de forma consciente y decidida. Es por eso que esta asamblea general fue un paso adelante en ese sentido, nuestros principales frentes de y trabajo (estudiantil, sindical y en el movimiento e torno a la PRD) se ha desarrollado, nuestros compañeros se han ganado un reconocimiento bastante fuerte con diferentes sectores de la clase trabajadora y la juventud.
Impulsaremos diversas campañas a lo largo del año en el terreno sindical y la juventud, mismas que sin duda estarán plasmadas mes tras mes en nuestro periódico Militante y atreves de nuestra web, militante.org , y a las cuales hacemos una invitación para que se sumen.
La Tendencia Marxista Militante, forma parte de la Corriente Marxista Internacional, la cual se ha desarrollado muy fuerte en los países de Latinoamérica en el último periodo.
Nuestra asamblea fue un paso más en la construcción de una alternativa revolucionaria para la lucha de la clase trabajadora. Ahora que el sistema capitalista está en una de sus más profundas crisis económicas los trabajadores y jóvenes del nuestro país y el mundo debemos dar una lucha decidida en contra de los recortes a nuestros derechos pero por la construcción de una sociedad diferente al capitalismo: una sociedad socialista.
La depresión económica mundial y los planes de la administración Obama
El mundo capitalista se encuentra trastornado. La crisis económica iniciada en el verano de 2007 en EEUU se ha convertido en una recesión mundial de consecuencias imprevisibles. A primera vista, las semejanzas con la mayor depresión de la historia del capitalismo, el crack de 1929, son evidentes por mucho que los estrategas de la burguesía se hayan resistido a aceptarlas durante meses. Y estas semejanzas dibujan un cuadro sombrío para la clase dominante.
Una nueva estrategia
La crisis se ha caracterizado por su rapidez y simultaneidad a la hora de contagiar a todas las economías del mundo, desde las más avanzadas hasta las más dependientes, y se extiende a una velocidad de vértigo por todos los vasos comunicantes de la actividad económica (industria, agricultura, sector servicios, sistema financiero, intercambio comercial...).
La conmoción ha puesto patas arriba lo que se consideraba axiomas inviolables de la economía de libre mercado, especialmente tras el derrumbe del estalinismo hace ahora dos décadas. Los gobiernos capitalistas, empezando por el de Obama, están buscando desesperadamente una solución, una orientación estratégica que impida una rebelión social de dimensiones mundiales y una catástrofe aún mayor. Este es el motivo por el que viejas ideas en defensa de la regulación de los mercados, de la intervención del Estado en la economía, de un nuevo esquema redistributivo han vuelto a la palestra con fuerza. Muchos economistas burgueses se desgañitan a favor de planes económicos keynesianos y un nuevo New Deal para sacar a la economía del hoyo. Se trata, en teoría, de aplicar reformas basadas en el déficit público y la inversión estatal con el objetivo de aumentar la demanda mundial, recuperar las tasas de inversión, la producción industrial y frenar la sangría del de-sempleo.
Para ilustrar la gravedad de la situación, el consenso a favor de la nacionalización de la banca, después del fracaso de la intervención multimillonaria para salvar el sistema financiero y de la nacionalización de bancos en países como Gran Bretaña y EEUU, se está haciendo cada día más patente. No es casualidad que el semanario norteamericano Newsweek titulara a toda plana en su portada de hace unas semanas "Ahora somos todos socialistas". Pero en realidad, todas estas medidas tienen muy poco de socialistas. Como señaló el desdichado ex presidente estadounidense George W. Bush, ahora es necesario abandonar los principios de la economía de mercado para salvar el capitalismo.
En un momento en que la prensa capitalista manosea para sus propios fines propagandísticos las medidas económicas y políticas adoptadas por Franklin D. Roosevelt con el llamado New Deal es necesario explicar qué supuso en realidad este plan, a quién benefició y si realmente evitó la crisis mundial. Las lecciones de aquella época, y el fracaso del keynesianismo a la hora de resolver los problemas de la clase obrera, arrojan luz para entender también las perspectivas para la crisis actual del capitalismo.
El crack de 1929
Para comprender las condiciones objetivas que llevaron a la burguesía estadounidense a adoptar la nueva estrategia del New Deal es imprescindible partir del crack de 1929. Pero a su vez el desplome bursátil de aquel año, y la subsiguiente recesión económica mundial, sólo se pueden explicar a partir del auge económico precedente.
Los EEUU emergieron de la Primera Guerra Mundial como la potencia económica decisiva, colocando a Gran Bretaña en una posición subalterna. Partiendo de la excepcional acumulación de capitales propiciada por la guerra, EEUU concentraba las mayores reservas de oro del mundo, el dólar era la única moneda convertible en oro y el superávit acreedor de EEUU alcanzaba los 3.000 millones de dólares. La industria norteamericana registró un gigantesco avance gracias a la aparición de nuevos mercados para sus manufacturas (Europa y Latinoamérica). Paralelamente, la aplicación de nuevos inventos y tecnología militar a la producción civil favoreció el desarrollo de nuevas ramas de la producción que transformarían la vida cotidiana (plástico, aeronáutica, telecomunicaciones,...). Este proceso dinámico se intensificó gracias a una nueva organización de la explotación fabril (fordismo y taylorismo), que a su vez impulsó un fuerte aumento de la productividad del trabajo.
En un periodo de seis años, entre 1923 y 1929, la producción de automóviles creció un 33% y el consumo de energía eléctrica se incrementó en más de un 100%. En 1925 las tasas de inversión productiva en EEUU rozaban el 20% del Producto Nacional Bruto.
No obstante, los primeros síntomas claros de desaceleración de la actividad productiva se manifestaron a finales de 1926 derivados del estancamiento europeo y de la saturación en los mercados mundiales de cereales y productos agrícolas. A partir de ahí se produjo un fenómeno típico de los periodos de ascenso: la sobreabundancia de capitales existentes, ya que no todos podían ser colocados de manera rentable en la economía productiva, empezó a pujar con fuerza el mercado bursátil y la especulación inmobiliaria en busca de mayores beneficios. Entre 1926 y 1929 se agudizó la brecha entre la actividad económica real y la bolsa de valores, enmascarando la crisis de sobreproducción latente. Cuando el estallido se produjo nada lo pudo detener.
Como en la actualidad, el desmoronamiento de las cotizaciones fue brusco y sorprendente, pero reflejaba un hecho incontrovertible: los activos de las empresas y su volumen de producción eran mucho menores que lo que indicaban los índices de cotización. La crisis de sobreproducción se agudizó por la existencia de miles de millones de capital ficticio que actuaron como una losa sobre el mercado y los efectos fueron devastadores. El crack de los valores bursátiles se trasladó inmediatamente al sector bancario que se vio incapaz de recuperar los créditos multimillonarios que habían concedido para financiar la compra de títulos y empresas que ya no valían nada. Entre 1929 y 1932, más de 7.000 entidades financieras entraron en bancarrota.
El colapso del crédito reflejó a su vez la caída abrupta de la actividad productiva estadounidense. Tomando un índice de producción industrial de 100 en 1928, en 1930 se situaba en el 83 y en 1932 en el 54. El parón de la producción provocó una oleada de cierre de empresas. Las tasas de inversión privada colapsaron: si en 1929 todavía se mantenían al 15,4%, en 1931 se redujeron al 7,2% y en 1932 al 1,5%. Paralelamente el desempleo creció a niveles desconocidos: de 1,5 millones de parados en 1929 se pasó a 4,5 millones en 1930, 7,9 millones en 1931, 11,9 millones en 1932 y 13 millones en 1933. En el campo se produjo un auténtico éxodo hacia las ciudades y regiones prósperas de más de 600.000 campesinos al año, retratado magistralmente por John Steinbeck en su obra Las uvas de la ira.
Proteccionismo y crisis de sobreproducción
En una economía mundializada, la crisis no se detuvo en las fronteras de los EEUU y se trasladó a Europa, donde el sistema financiero no pudo evitar quedar suspendido en el aire tras la repatriación de los capitales estadounidenses. Pero lo que tuvo mayores consecuencias a la hora de ampliar y profundizar el movimiento recesivo, fue la adopción generalizada de medidas proteccionistas y devaluaciones competitivas entre las diferentes potencias para proteger sus mercados. En EEUU los aranceles se incrementaron sensiblemente; en Francia, las tasas que gravaban las importaciones pasaron del 17,8% en 1929 al 29,4% en 1935. En Gran Bretaña también aumentó la dosis de proteccionismo: los aranceles subieron del 19,8% en 1932 al 23,3% en 1935. Todas estas medidas indujeron a una contracción del comercio mundial que sufrió una reducción muy severa. Tan sólo en EEUU, el valor de sus importaciones pasó de 4.400 millones de dólares en 1929 a 1.339 millones en 1932. En definitiva, la producción se desplomó en todos los países y el desempleo se convirtió en un fenómeno de masas.
El crack de 1929, como otras crisis anteriores y la que vivimos hoy, reivindican plenamente las palabras de Marx y Engels en El Manifiesto Comunista: "La historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación (...) Durante cada crisis comercial, se destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción (...) Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio (...) Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas".[1]
Los efectos políticos de la depresión económica fueron tremendos. El orden capitalista se vio amenazado en todo el mundo. En Europa se produjo una completa ruptura del equilibrio político y la sociedad fue sacudida por un nuevo ascenso revolucionario que se prolongó durante varios años. Las huelgas generales, las manifestaciones de masas y la crisis de la democracia burguesa y sus instituciones dominaron el panorama. Se abrió una fase en la lucha de clases europea sólo comparable con el periodo revolucionario de 1917-1923. La burguesía en Alemania y en Italia se volvió hacia el fascismo como la solución de la crisis política y social derivada del colapso económico.
El movimiento obrero estadounidense
A diferencia del boom estadounidense de las últimas dos décadas, el periodo de crecimiento de los años veinte se tradujo en un aumento de los niveles de bienestar para una masa importante de trabajadores, especialmente de los sectores cualificados empleados en la industria. Los salarios experimentaron un alza considerable: entre 1914 y 1926 el ingreso anual promedio se elevó de 682 a 1.473 dólares; descontando el efecto de la inflación, el salario obrero creció un 38% en términos reales entre 1915 y 1929. El auge significó también el ocaso del sindicalismo combativo, representado por las organizaciones del IWW, y el fortalecimiento del sindicalismo colaboracionista de la AFL [2]. La conflictividad obrera se redujo considerablemente.
Partiendo de estas condiciones, el impacto del crack de 1929 entre los trabajadores fue dramático. La depresión pilló por sorpresa al grueso de los obreros norteamericanos y el látigo del desempleo paralizó temporalmente su voluntad de respuesta. En 1930 la tasa de desempleo superó el 15%, pero durante el invierno de 1932-1933 el paro alcanzó al 25% de la fuerza de trabajo. Los salarios cayeron un 40%. El impacto de la crisis entre los pequeños agricultores fue tremendo: en este sector los ingresos promedio descendieron a la mitad.
Salvar el capitalismo: el ‘New Deal'
Desde que Roosevelt ocupara la presidencia a finales de 1932, los líderes del Partido Demócrata buscaron una nueva estrategia para salir de la depresión económica sin afectar las bases fundamentales del sistema capitalista, exactamente como hoy intentan Obama y sus asesores. El recurso a la intervención del Estado en la economía, la reforma de la legislación para canalizar el descontento laboral, la defensa del pacto social con los líderes sindicales y políticos de la izquierda norteamericana (socialdemócratas y estalinistas) se convirtieron en el eje de la acción del gobierno Roosevelt. Una política semejante, intentada en Europa a través de los gobiernos de Frente Popular y que acabó en un tremendo fracaso, sólo podía ser aplicada con relativo éxito en un país con reservas económicas importantes. León Trotsky lo señaló en un texto escrito en 1938: "Actualmente hay dos sistemas que rivalizan en el mundo para salvar al capital históricamente condenado a muerte: son el Fascismo y el New Deal. El fascismo basa su programa en la disolución de las organizaciones obreras, en la destrucción de las reformas sociales y en el aniquilamiento completo de los derechos democráticos, con el objetivo de prevenir el renacimiento de la lucha de clases del proletariado (...) La política del New Deal, que trata de salvar a la democracia imperialista por medio de regalos a la aristocracia obrera y campesina sólo es accesible en su gran amplitud a las naciones verdaderamente ricas, y en tal sentido es una política norteamericana por excelencia".[3]
En 1933, la economía norteamericana se encontraba al borde de la catástrofe: la mitad de los estados habían decretado el cierre de todos los bancos; el Producto Nacional Bruto (PNB) se redujo en un 30% y la producción industrial se desplomó un 50% con relación a 1929. La inversión privada, motor de la actividad económica bajo el capitalismo, simplemente se paró. En un contexto de hundimiento de la producción, interrupción del crédito, desempleo masivo, cierres de empresas, deflación generalizada y caída de la tasa de beneficios, las bases del capitalismo norteamericano estaban realmente amenazadas.
Las primeras medidas del New Deal fueron orientadas al sector financiero a través de medidas de rescate, inyectando miles de millones de dólares de dinero público que impidieran su quiebra total. Incluso se llevaron a cabo nacionalizaciones de entidades financieras. Como en la actualidad, este trasvase de recursos públicos se convirtió, en la práctica, en una aceleración de la concentración del capital financiero y un nuevo paso en el fortalecimiento de los monopolios. Lenin explicó en su libro sobre el imperialismo cómo funciona este mecanismo: "Los magnates bancarios parecen temer que el monopolio del Estado se deslice hasta ellos cuando menos lo esperen. Pero, naturalmente, dicho temor no rebasa los límites de la competencia entre dos jefes de negociado de una misma oficina, porque, de un lado, son al fin y al cabo esos mismos magnates del capital bancario los que disponen de hecho de los miles de millones concentrados en las cajas de ahorro; y de otro lado, el monopolio del Estado en la sociedad capitalista no es más que un medio de elevar y asegurar los ingresos de los millonarios que están a punto de quebrar en una u otra rama de la industria".[4]
La Administración Roosevelt también adoptó medidas de ayuda a la industria, a través de la NRA (Ley de Recuperación Industrial), que aceleraron la concentración empresarial y eliminaron las restricciones a los monopolios concediéndoles importantes préstamos y subsidios. Para acabar con la deflación de los precios agrarios se aprobó, entre otras, la Ley de Ajuste Agrícola (Agricultural Adjustment Administration, AAA) de 1933 que facilitó subsidios para limitar la superficie de cultivo y la cría de animales. En última instancia, estas decisiones beneficiaron a los grandes y medianos propietarios agrícolas aumentando la concentración de la propiedad de la tierra: se despidió a miles de jornaleros y pequeños arrendatarios que abandonaron en masa sus tierras.
A pesar de todo, estas medidas no evitaron que creciera el descontento social, especialmente entre los parados que se contaban por millones. En un primer momento, la administración Roosevelt recurrió a medidas de caridad públicas con la puesta en marcha de la Ley Federal de Auxilio de Emergencia, que distribuyó hacia los municipios y Estados una cantidad en torno a los 500 millones de dólares, cifra ridícula si se la compara con el desembolso realizado a favor de las empresas y los bancos. También se puso en marcha un plan de obras públicas para dar empleo a los parados a través de la PWA (Administración de Obras Públicas) que manejó un presupuesto de 3.000 millones de dólares. Para lograr el apoyo de la burocracia de la AFL a todas estas medidas, se incorporó a la NRA la famosa cláusula 7 a) que reconocía el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos y negociar en forma colectiva con la intermediación del Estado.
El New Deal puso en marcha los recursos estatales para reactivar la economía privada y recuperar las ganancias de los grandes capitales. Al igual que hoy, la mayoría de las grandes empresas estadounidenses se mostraban satisfechas con esta intervención estatal, de hecho, los grandes monopolios fueron los que escribieron las reglas. En definitiva, la intervención estatal mostraba con toda crudeza lo lejos que había llegado la anarquía del libre mercado y la incapacidad del orden burgués para organizar la economía de manera progresiva, pero en ningún caso se trataba de un rasgo de socialismo. Federico Engels abordó la cuestión de la siguiente manera en su celebre Anti Dühring: "Si las crisis descubren la incapacidad de la burguesía para seguir administrando las modernas fuerzas productivas, la transformación de las grandes organizaciones de la producción y cambio en sociedades anónimas y en propiedad del Estado muestra que la burguesía no es ya imprescindible para la realización de aquella tarea. Todas las funciones de los capitalistas son ya desempeñadas por los empleados a sueldo. El capitalista no tiene ya más actividad social que percibir beneficios, cortar cupones y jugar a la bolsa, en la cual los diversos capitalistas se arrebatan los unos a los otros sus capitales (...) Pero ni la transformación en sociedades anónimas ni la transformación en propiedad del Estado suprimen la propiedad del capital sobre las fuerzas productivas. En el caso de las sociedades anónimas, la cosa es obvia. Y el Estado moderno, por su parte, no es más que la organización que se da la sociedad burguesa para sostener las condiciones generales externas del modo de producción capitalista contra ataques de los trabajadores o de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista total ideal. Cuanta más fuerzas productivas asume en propio, tanto más se hace capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien, se exacerba...".[5]
La ofensiva obrera
Durante toda esta etapa de crisis, Roosevelt entró en conflicto, a determinada escala, con individuos y grupos de capitalistas. Pero esos choques respondían, precisamente, a que el éxito de su política en defensa de los intereses generales del capitalismo, los grandes monopolios y el imperialismo norteamericano dependía de neutralizar el descontento de la clase obrera. Para lograrlo no dudó en fabricarse una imagen de "amigo de los trabajadores" y enemigo de los monopolios, dando rienda suelta a la demagogia más descarada mientras subordinaba a la burocracia sindical a los intereses generales del capital. Todas sus medidas y giros calculados fueron una respuesta a la ofensiva obrera que se desató desde 1932 hasta 1937 y que culminó en grandes luchas contra los desahucios, marchas masivas de parados y una oleada de huelgas masivas, ocupaciones de fábricas y escisión del movimiento sindical.[6]
Animados por las medidas del New Deal y los tímidos indicios de la reactivación económica, cientos de miles de obreros, entre 1932 y 1934, se organizaron sindicalmente en todos los sectores: en la industria textil, el automóvil, el acero, el caucho, etcétera. Ese movimiento masivo provocó un choque entre los intereses de la burocracia sindical de la AFL, que organizaba fundamentalmente a trabajadores cualificados, y miles de obreros no cualificados que luchaban por la formación de comités de fábrica integrados por toda la clase obrera. Finalmente, la cascada de luchas obreras, ocupaciones de fábricas y de-sobediencia sindical cristalizó en la escisión de la AFL en octubre de 1935: una fracción de la burocracia sindical, encabezada por John Lewis, dirigente del sindicato de mineros, organizó el CIO (Comité por la Organización Industrial) que agrupó a un número de sindicatos muy destacado.
El nuevo panorama abierto con el giro a la izquierda en el movimiento obrero tuvo hondas repercusiones políticas. La posibilidad de que los trabajadores culminasen con éxito el camino iniciado y se dotaran de una organización política independiente,[7] obligó a Roosevelt a realizar un nuevo giro para afianzar una nueva alianza con los sindicatos y los sectores proclives al acuerdo: el Partido Socialista y el Partido Comunista. Para calmar el descontento, el gobierno Roosevelt aprobó una nueva batería de medidas reformistas: desde una reforma fiscal significativa, pasando por la creación del sistema público de pensiones y nuevas ayudas públicas a los ayuntamientos y los Estados. También realizó concesiones a los nuevos comités de fábrica y a los líderes del CIO a través de la llamada acta Wagner, que legislaba a favor de la negociación colectiva por parte de los comités de fábrica. En esta coyuntura se crearon las condiciones para un cambio significativo del panorama político estadounidense. El Partido Demócrata consolidó la alianza entre un sector del capital norteamericano y los sindicatos, un modelo que se ha extendido hasta la actualidad, logrando mantener la confianza de una parte considerable de las masas en el Estado burgués y el sistema capitalista.
En las elecciones de 1936, Roosevelt cosechó un amplio apoyo entre los trabajadores norteamericanos gracias a la ayuda de la burocracia sindical, fundamentalmente del CIO, y de la izquierda, especialmente de los estalinistas que habían jugado un papel importante en la formación de los nuevos sindicatos. Trotsky señaló en aquel momento que "en los EEUU, el frente popular asumió la forma de rooseveltismo, es decir, el voto de los radicales, comunistas y socialistas por Roosevelt".
¿Resolvió el New Deal la crisis capitalista?
El conjunto de medidas adoptadas por el New Deal no pudo resolver la crisis ni las contradicciones profundas del capitalismo norteamericano y mundial. En 1937, tras dos años de modesta recuperación de los indicadores económicos, la recesión se hizo de nuevo visible. El paro seguía en tasas alarmantes (más de diez millones), y los niveles de inversión productiva no se habían recuperado. De hecho, la producción industrial en 1937 era un 9% inferior a la de 1929. Lo que sí consiguió la administración Roosevelt fue abortar el ascenso revolucionario de los trabajadores norteamericanos, neutralizar la expresión política independiente de su descontento, y lograr una adhesión al sistema capitalista que parecía imposible años antes. Para lograrlo contó con el auxilio de los reformistas, los estalinistas y la burocracia sindical. Estas fueron las precondiciones para garantizar el apoyo del movimiento obrero a los planes del gobierno a favor del rearme y de los preparativos de guerra, insuflando un nuevo sentimiento chovinista y patriota en la sociedad. Y fue el factor de la guerra, y su impulso económico tanto en los años que duró el conflicto como en la reconstrucción económica mundial al finalizar la contienda, lo que realmente permitió salir de la depresión iniciada en 1929 y fortalecer el dominio del imperialismo norteamericano sobre el mundo.
El fracaso del keynesianismo
A los teóricos del pacto social y la colaboración de clases, es decir a la socialdemocracia, la perspectiva de la crisis y sus consecuencias en la lucha de clases les provoca auténtico pánico. Por eso les gustaría volver a los buenos viejos tiempos, a los años de crecimiento económico de la posguerra en Europa occidental y EEUU, la época dorada del estado del bienestar, del keynesianismo y del reformismo.
La nota más destacada de aquel periodo en cuestión, que se prolongó hasta la década de 1970, fueron las grandes inversiones en la industria, el giro hacia la mecanización y la automatización, y el avance espectacular de la productividad del trabajo. Se asistió a un crecimiento tremendo de medios de producción y bienes de consumo. A su vez, esta espiral ascendente se vio fortalecida por el crecimiento del comercio mundial, que favoreció rápidos retornos del capital productivo acelerando el ciclo industrial, y una acumulación de capital formidable. Las tasas de ganancia que obtuvieron los capitalistas de los países avanzados en la década de los cincuenta y sesenta han sido las más altas en un siglo.
La intervención estatal fue un factor que contribuyó al auge de la posguerra, pero no fue el decisivo. En países de Europa occidental como Francia o Gran Bretaña, el Estado se hizo con el control de sectores productivos que el capital privado consideraba poco rentables. La modernización de estas industrias (ferrocarriles, minería, siderurgia, eléctricas, etc.) exigía grandes desembolsos de capital fijo, cuya amortización era mucho más lenta que en otras ramas productivas. Estos sectores estatalizados de la economía proporcionaban ma
terias primas y servicios baratos a los capitalistas privados, que de esta manera se beneficiaban de los subsidios y las inversiones estatales. Pero esta intervención estatal no alteraba las leyes básicas ni las contradicciones en que se mueve el capitalismo. El factor clave del auge de posguerra fue el aumento de la inversión de capital privado que ya hemos señalado anteriormente. Era la dinámica del mercado, y no la intervención del Estado, lo que determinaba el movimiento ascendente de la economía.
Tal como los marxistas de la época no dejaron de señalar, esta fase extraordinaria de acumulación finalmente chocó con los límites de la producción y las contradicciones insalvables del sistema. En última instancia toda una serie de factores se combinaron para precipitar la recesión, es decir, la reaparición de la crisis de sobreproducción con sus efectos conocidos: cierres masivos de empresas, ataques a los salarios, desempleo de masas..., abriendo un nuevo periodo de ascenso revolucionario en la década de los setenta.[8]
La depresión económica actual
El contexto general en que se mueve la nueva administración Obama y el resto de los gobiernos capitalistas es espeluznante. Cada dato que se conoce diariamente es peor que el anterior y basta un repaso a los más esenciales para entender la extrema gravedad, profundidad y extensión de la crisis. La contracción de la economía norteamericana (PIB) en el último trimestre de 2008 ha sido del ¡6,2%!; sus exportaciones e importaciones cayeron respectivamente un 19,7% y un 15,7%, el mayor descenso desde 1971; a su vez el consumo se ha desplomado registrando la peor caída en 28 años; la inversión en bienes de equipo, indicador fundamental de la inversión productiva, se redujo en ese mismo periodo un 27,8%, el peor dato en medio siglo.
Por otra parte, la tasa de paro en los EEUU se sitúa ya en el 7,2% y podría acercarse al 10% en los próximos meses. Oficialmente 11 millones de estadounidenses están en el paro, un 48 por ciento más que hace un año. En 2008 el número de norteamericanos que se ha apuntado a las listas del desempleo es de 4,78 millones, la cifra más elevada desde que comenzaron las estadísticas en 1967. La crisis afecta a todos los sectores de la producción, donde el cierre de plantas y la destrucción de empleo se desarrolla a un ritmo endiablado. Pero este fenómeno de paro masivo no es privativo sólo de la economía estadounidense: afecta a todos los países en todos los continentes.[9]
La situación es igual de mala, o peor, en Europa. La actividad económica del conjunto de la UE se redujo el 1,5% durante el cuarto trimestre de 2008. La crisis golpea especialmente a Alemania, que vivió una caída de la actividad durante el último trimestre del pasado año del 2,1%, la más intensa desde la reunificación alemana de hace dos décadas. Las economías de Francia y Reino Unido cayeron también significativamente, el 1,2% y el 1,5%, respectivamente, mientras que Italia descendió el 1,8% y España, el 1%. Por su parte, la caída del PIB en Japón, la tercera economía mundial, fue del 11,7% durante el cuarto trimestre del pasado año en tasa anualizada, según datos de la oficina del gobierno. El índice de la producción industrial del país nipón se redujo un 9,6% en 2008 respecto al año anterior. En el caso de China, si en 2007 su economía había crecido un 13%, en 2008 el impacto de la crisis internacional redujo el crecimiento a un 6,7%.
Los gobiernos capitalistas están paralizados ante el tamaño de la crisis. Sus rescates multimillonarios del sistema financiero han fracasado miserablemente, y eso que han desembolsado más de dos billones de euros de dinero público entre inyecciones de liquidez y compras de activos bancarios en el último año (entre EEUU, Europa y Japón). La persistencia en el cortocircuito del crédito, cuya sequía es una consecuencia del desplome de la economía real, demuestra que todas estas aportaciones de capital se han incorporado a los balances de los bancos o han sido distribuidos directamente como beneficios entre los accionistas. Esta es la razón por la que se ha abierto de forma descarnada el debate sobre la nacionalización de la banca, y de por qué todos los defensores acérrimos de la libertad de empresa se inclinan ahora por la intervención estatal.
Todas estas intervenciones, incluida la nacionalización, tienen una lógica aplastante: auxiliar a la banca privada a través de las finanzas públicas, del dinero que saldrá del bolsillo de los trabajadores, del recorte de los subsidios de desempleo, de los gastos en educación y sanidad pública, sin que ello suponga que el capital de estos bancos se vaya a destinar a resolver las necesidades acuciantes de la población. Los marxistas no apoyamos este tipo de "nacionalizaciones" capitalistas. Nuestro programa frente a la crisis se basa en la expropiación de la banca y de los monopolios, sin indemnización salvo en casos de necesidad comprobada, y controladas por los trabajadores y sus organizaciones. Sólo de esta manera, poniendo este capital privado a disposición de la mayoría de la sociedad, capital que no es más que la plusvalía expropiada a los trabajadores en el proceso de la producción, se podría acometer la planificación de la economía de una manera racional, aumentando exponencialmente el bienestar del conjunto de la humanidad y acabando con la lacra del desempleo y la orgía de destrucción de fuerzas productivas a la que estamos asistiendo. Obviamente este sería un paso colosal en la transformación socialista de la sociedad, poniendo punto y final a esta pesadilla que se llama capitalismo. Pero esta opción, lógicamente, no es la que contemplan los gobiernos capitalistas del planeta, sean del signo que sean.
Las medidas de Obama y las perspectivas para la crisis
Los paralelismos entre el New Deal y los planes anunciados por Obama para tratar de sacar a la economía estadounidense de su actual atolladero son evidentes. Las medidas para rescatar el sistema bancario, pasando por los "planes" de déficit público, hasta el "aumento" de los impuestos para los ricos, demuestran que el guión de la historia ha sido bien estudiado. Incluso hasta en los detalles hay similitudes, como prueba la demagogia empleada por Obama en sus discursos contra los "excesos" de los especuladores y los salarios "escandalosos" de los altos ejecutivos, o sus declaraciones y las del vicepresidente, Joe Biden, a favor de "sindicatos fuertes". En todas las medidas de la nueva administración norteamericana hay un aroma calculado a New Deal, buscando fabricar una nueva legitimidad del sistema y transformar el descontento de millones de trabajadores norteamericanos en un apoyo al capitalismo "de rostro humano".
El nuevo plan económico de Barack Obama, anunciado a bombo y platillo como la solución para evitar una catástrofe, supondrá la utilización de 789.000 millones de dólares (615.000 millones de euros) con los que pretende crear tres millones y medio de puestos de trabajo en dos años. En el camino hasta lograr la luz verde del senado, Obama ha tenido que recortar muchas de sus previsiones iniciales debido a las presiones de los republicanos: ha reducido 40.000 millones de dólares destinados a los Estados para el fomento de la educación y otros 6.000 millones más para la rehabilitación de escuelas públicas, entre otros. El plan, tal como ha sido aprobado, supondrá que el Estado dejará de percibir unos 219.000 millones de euros en deducciones fiscales con el fin de "animar" el consumo de las clases medias. El resto del paquete, 395.000 millones de euros, son nuevas inversiones en infraestructuras, pagos a la seguridad social de los Estados que están al borde de la quiebra, educación y ayudas al desempleo. A este plan se suma el anuncio de un presupuesto para este año, que disparará el déficit presupuestario hasta 1,7 billones de dólares (12,3% del PIB).
Ahora bien, ¿será suficiente este plan para sacar a la economía norteamericana del atolladero? El primer paquete de estímulo aplicado por la administración Bush, cerca de 700.000 millones de dólares, fracasó estrepitosamente. Esta nueva cantidad de dinero puede evaporarse también, sobre todo teniendo en cuenta que es una nadería en comparación con la gravedad de la crisis del sector financiero y el desplome de la producción. La Oficina Presupuestaria del Congreso ha previsto que a lo largo de los próximos tres años se producirá un desfase de 2,9 billones de dólares entre lo que la economía puede producir y lo que de hecho producirá. Y 800.000 millones de dólares, aunque parezca mucho dinero, no sirve ni mucho menos para salvar ese abismo. Como hemos señalado anteriormente, la intervención estatal no es suficiente para reactivar la economía capitalista que depende de la inversión productiva y de la venta de mercancías para obtener beneficios, paralizados en estos momentos por la lógica de la sobreproducción.
Además los peligros de esta estrategia son evidentes. Recurrir al déficit masivo puede colocar en riesgo de suspensión de pagos al conjunto de la economía capitalista norteamericana que, no olvidemos, arrastra ya un déficit fiscal y comercial histórico financiado gracias a los miles de millones de dólares que China y otros países asiáticos emplean en comprar bonos del tesoro y demás títulos de deuda pública.[10] La diferencia fundamental con la época de posguerra, en pleno ascenso de las fuerzas productivas, es que la crisis también afecta a China y a Japón de una manera contundente. Obama corre el riesgo de quedarse bloqueado a la hora de obtener fondos para financiar este déficit espectacular que va a dispararse en los próximos meses. Si el gobierno norteamericano intenta cubrirlo poniendo en circulación una gran masa monetaria, como ya están haciendo, provocarán una devaluación aún mayor del dólar. Este hecho tendrá sus efectos. Por un lado, retraerá a los inversores extranjeros en deuda pública, que no querrán comprar más bonos del tesoro devaluados. En segundo lugar azuzará las medidas proteccionistas y las devaluaciones competitivas de otros países, un fenómeno que ya se está extendiendo por todo el planeta y que trae a colación los peores fantasmas del crack de 1929.[11]
La volatilidad de la situación es extrema. El lunes 2 de marzo, cuatro días después de que el presidente Obama presentara sus nuevos presupuestos, las bolsas mundiales registraron una nueva jornada de pánico, tras el anuncio del gobierno estadounidense de una nueva inyección de otros 30.000 millones de dólares a la aseguradora AIG. Por primera vez desde el crack de 1997 el índice Dow Jones cayó por debajo de los 7.000 puntos.
La dinámica de depresión económica es difícil de determinar en sus detalles. Pero una cosa es clara: igual que ocurrió con el crack de 1929, sus consecuencias políticas serán profundas. La confianza en el capitalismo será cuestionada por millones de trabajadores y jóvenes que, a pesar del fuerte impacto que están sufriendo en estos momentos, se verán obligados a pasar a la acción con una fuerza desconocida en las últimas décadas. Las grandes movilizaciones de Italia, Francia y Grecia son sólo un anticipo de lo que está por venir. Las organizaciones obreras, tanto políticas como sindicales, serán sacudidas de arriba abajo y las oportunidades para transformar la sociedad en líneas socialistas se multiplicarán en decenas de países. En estas circunstancias, el programa del genuino marxismo se abrirá paso con fuerza, ganando un apoyo consciente entre millones de oprimidos de todo el mundo.
1. Carlos Marx - Federico Engels, El Manifiesto Comunista, Fundación Federico Engels, p. 44.
2. IWW Trabajadores Industriales del Mundo (IWW o los Wobblies), sindicato revolucionario estadounidense, inspirado en la doctrina del sindicalismo revolucionario y el anarcosindicalismo. AFL (American Federation of Labor), una de las primeras federaciones sindicales de EEUU. Fue fundada en Ohio en 1886 por que la dirigió hasta su muerte en 1924, basándose en un programa conservador y colaboracionista con las patronales y los diferentes gobiernos capitalistas de EEUU.
Si en 1919 se produjeron en torno a 3.600 huelgas que afectaron a más de 4 millones de trabajadores (casi el 21% de la fuera laboral norteamericana), diez años después las huelgas solo sumaron 900 y los trabajadores implicados fueron alrededor de 300.000, es decir, un 1,2% de la fuerza de trabajo.
3. León Trotsky, ¿Qué es el marxismo?, Fundación Federico Engels, Madrid 2003, p. 28.
4. V. I. Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Fundación Federico Engels, Madrid 2007, p. 375. Federico Engels, Anti Dühring, Editorial Grijalbo, OME, Barcelona 1977, p 289-90. El propio Engels contestó a aquellos "socialistas", como los socialdemócratas actuales, que veían en la intervención del Estado en la economía un signo de socialismo: "Recientemente, desde que Bismarck se dedicó también a estatizar, se ha producido un cierto falso socialismo -que ya en algunos casos ha degenerado en servicio al estado existente- para el cual toda estatalización, incluso la bismarckiana, es sin más socialista. La verdad es que si la estatalización del tabaco fuera socialista, Napoleón y Metternich deberían contarse entre los fundadores del socialismo..." (Ídem)
6. En 1933 y 1934 fueron a la huelga más de un millón de trabajadores de diferentes industrias, en defensa de los salarios, mejoras en los convenios colectivos y por el reconocimiento de las comisiones sindicales, de las cuales destacaron, por su combatividad y radicalización, la huelga de los Camioneros en Minneapolis, los estibadores de San Francisco y los del sector automotriz en la ciudad de Toledo. La primera de estas huelgas fue liderada por los trotskistas de la Liga Comunista, que organizaron un soviet en la ciudad de Minneapolis en el que participaron trabajadores de todos los sectores, encabezados por los camioneros y su sindicato local, y una auténtica milicia obrera que se enfrentó a miles de policías y esquiroles movilizados para acabar con la huelga. La segunda lucha fue dirigida por el PC. Los estibadores iniciaron la huelga para abolir el sistema de shape-up (una especie de mercados de esclavos donde por la mañana temprano se elegían grupos de trabajadores para el día), se enfrentaron a la represión armada de la policía en los muelles y la lucha se trasladó a toda la clase obrera de San Francisco que protagonizó una gran huelga general. Las tres huelgas mencionadas acabaron en grandes victorias.
En otoño de 1934 tuvo lugar la mayor de todas las huelgas, con 325.000 trabajadores textiles que abandonaron las fábricas y se organizaron en piquetes enfrentándose durante semanas a la represión policial y militar en numerosas ciudades. También fueron muy importantes las huelgas de brazos caídos, en realidad una manera de ocupar las fábricas e impedir la producción, como la de los trabajadores del caucho en Akron (Ohio) y la de la fábrica Fisher Body (General Motors) en Flint (Michigan) que se prolongó desde diciembre de 1936 hasta febrero de 1937. Para ver más en detalle el desarrollo de este periodo se puede consultar: Howard Zinn, La otra historia de los EEUU, Hiru, Hondarribia 1999; Farell Dobbs, Rebelión Teamster, Pathfinder, Canadá 2004.
7. En la Convención del Sindicato del Automóvil y en la de la AFL de 1935 (donde Lewis rompió para fundar el CIO), un sector de trabajadores propuso la formación de un Partido de Trabajadores nacional. Todos estos intentos expresaban un avance formidable en la conciencia política de amplios sectores de la clase obrera. En agosto de 1937 encuestas realizadas por Gallup mostraban que el 21% de los consultados apoyaban la formación de tal partido.
8. Por un lado el fuerte incremento de capital constante en proporción al capital variable hizo inevitable el aumento de la composición orgánica del capital. A pesar de todas las fuerzas contrarrestantes, la tasa de ganancia experimentó un descenso paulatino a partir del final de la década de los sesenta. Por otra parte, el aumento del precio de las materias primas industriales, especialmente del petróleo, fue un factor importante a la hora de encarecer los costes de producción. Éste hecho se enlazó a otros muchos. Uno de los más significativos fue el ascenso de la lucha de clases en el mundo colonial y también en los países capitalistas avanzados. Desde EEUU hasta Francia, donde la gran huelga revolucionaria de mayo de 1968 estuvo cerca de liquidar el capitalismo, o Italia, durante el otoño caliente de 1969. La larga lista de factores que influyeron no termina ahí. Los enormes déficits públicos, alimentados durante veinte años y que conformaban la espina dorsal de la doctrina keynesiana, actuaron como un lastre y dispararon la inflación. La sobreacumulación y las dificultades de colocación de los capitales calentó la burbuja especulativa. Un análisis brillante de todo este periodo se puede consultar en el primer volumen de las obras de Ted Grant, especialmente en la sección titulada: El auge económico de la posguerra. Orígenes, efectos y declive. Fundación Federico Engels, Madrid 2007.
9. La Organización Internacional del Trabajo pronosticó que 2009 puede acabar con 50 millones de desempleados más en todo el mundo, considerando un total de 230 millones de parados para este año.
10. La teoría de Keynes y sus seguidores a favor de estimular la demanda puede funcionar temporalmente, si las reservas públicas están saneadas y son abundantes o durante una época de auge de la economía, aunque sea a costa de un endeudamiento agónico del Estado. Tal como ocurrió en los años del New Deal, los resultados que se pueden obtener con estos métodos en una fase de depresión económica son muy modestos. Pero en la actualidad se parte de unas condiciones muy diferentes: EEUU tiene en estos momentos una deuda global superior al 50% del PIB. El déficit público es de 1,3 billones de dólares, cerca de un billón de euros, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, equivalente al 8,3% del producto interior bruto (PIB). En palabras del historiador estadounidense Paul Kennedy: "Estoy aterrado porque muy probablemente tendremos muy poco dinero para pagar los bonos del Tesoro que van a ser emitidos, en decenas de miles de millones cada mes, en los próximos años (...) Hoy, nuestra dependencia de los inversores extranjeros se aproximará más y más al estado de endeudamiento internacional que nosotros los historiadores asociamos con los reinados de Felipe II de España y Luis XIV de Francia" (El poder de EEUU está decayendo).
11. Los ejemplos de un nuevo proteccionismo proliferan por todas partes. Hace dos meses, Rusia decidió elevar del 5% al 30% el gravamen para los coches importados. También ha introducido aranceles a la carne de ave y de cerdo. India ha anunciado que durante los próximos seis meses prohibirá la importación de juguetes de China (la mitad de los que importa). El Gobierno chino antes elevó las deducciones de los impuestos a la exportación de sus juguetes en un 14% para ayudar a sus fabricantes nacionales. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha aclarado que las ayudas a las empresas de automóviles son para "ayudar a frenar la huida de empleo de Francia". Estados Unidos ha salido a apoyar a los gigantes del motor de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. Para que el PIB de los países avanzados crezca al 3%, el comercio internacional debe hacerlo al 8% pero ahora la economía mundial apenas crece. Según la OMC, el comercio mundial caerá en 2009 por primera vez en 27 años, en torno a un 2%.
Fuente: El Militante
Trabajadores de distintos sindicatos, militantes del PRD, jóvenes de varias universidades y delegados de diversos países lograron un lleno total en la presentación del libro “Reformismo o Revolución” escrito por el dirigente de la Corriente Marxista Internacional Alan Woods.
Entre los asistentes tuvimos a compañeros del SUTIEMS (Sindicato de Trabajadores de IEMS), del SME (Sindicato Mexicano de Electricistas), del SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, del SITUAM (Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana).
La presencia de una delegación de trabajadores de la empresa Olympia causó un gran impacto, pues ellos han instalado las banderas de Huelga en su empresa debido a los ataques que han recibido de la patronal. Además asistieron militantes de base del PRD, jóvenes estudiantes de Universidades como la UNAM, el IPN, la UAM y la BUAP.
La presentación generó tal expectativa que incluso asistieron compañeros de distintas regiones de la República Mexicana, entre ellos Puebla, Estado de México, Saltillo, Chihuahua, Hidalgo, San Luis Potosí, y el Distrito Federal. Debido a que esta presentación se enmarca en un conjunto de eventos que realiza la Corriente Marxista Internacional en defensa de la ideas del Marxismo, contamos con la presencia de compañeros de países como Venezuela, Argentina, Brasil, EEUU, Canadá, España, Italia, Austria y Ecuador. En el local se respiraba un aire de hermandad, internacionalismo y lucha de clases.
El primero en tomar la palabra fue el compañero Esteban Volkov, -nieto del gran revolucionario León Trotsky- quien reconoció la amplia labor que Alan Woods ha realizado a favor de la defensa del Marxismo. Esteban es un compañero que a cada oportunidad que se le presenta, apoya a la Corriente Marxista Internacional (CMI). Después, el compañero Jordi Martorell, Secretario General del la Campaña Manos Fuera de Venezuela (MFV) se dirigió a los asistentes para explicar las tareas que en defensa de la Revolución Bolivariana se han realizado por distintos países a raíz de esta iniciativa.
Alan Woods, es un compañero muy conocido dentro del movimiento obrero y juvenil en México, ya en otras oportunidades ha dado conferencias sobre algunos de sus otros libros como “Razón y revolución”, “Bolchevismo, el camino a la revolución” y sobre las perspectivas del movimiento obrero internacional. En esta ocasión tuvimos la oportunidad de escucharle en torno a su último libro “reformismo o revolución”. En México, si bien Heinz Dieterich, a quien Alan responde en su libro, no representa más que a un sector de intelectuales que pretenden confundir a la clase trabajadora con ideas y lenguaje rebuscado, lo fundamental es que en el libro estudia a profundidad el proceso de la revolución bolivariana y de la revolución en general, desmintiendo uno por uno los argumentos más usados por los reformistas.
La revolución es un proceso vivo, para el cual no se ha escrito ni se podría escribir una receta que hay que seguir paso a paso para finalmente tener un buen platillo, una revolución es mucho más compleja que eso. En este momento de crisis económica muchas teorías han salido por la borda, el keynesianismo, el capitalismo con rostro humano, y muchas falacias más se han topado con la realidad: Dentro del capitalismo no hay salida a la injusticia, a la pobreza y a la explotación. Y ahora algunos intelectuales en el afán de verse audaces, o como si se tratara de una moda pretenden crear nuevas teorías para el socialismo, como es la teoría del “socialismo del siglo XXI” defendida por Heinz Dieterich. En la presentación del libro, Alan Woods explicó claramente el papel de estas personas que creen haber hallado el hilo negro, pero que sin embargo, han desempolvado y lustrado una vieja idea presentándola como nueva, estas personas creen que pueden andar por el mundo usando un lenguaje rebuscado y predicando la “verdad absoluta” sin saber siquiera ellos mismos que es a lo que se refieren. Pero el movimiento obrero ha identificado al llamado “socialismo del siglo XXI”, como un conjunto de ideas carente de todo contenido y que más bien significan una “teoría” a favor de los empresarios y banqueros que quieren seguir manteniendo sus intereses de clase.
Alan Woods explicó que sin la participación activa de las masas ninguna revolución es posible, sin embargo, también señaló la importancia del factor subjetivo, es decir, de la dirección revolucionaria que armada con las ideas del marxismo debe ir a la vanguardia de la revolución para llevarla por el camino del socialismo. Una revolución sin estos dos elementos no podrá se victoriosa.
En este momento el referente revolucionario para todo el mundo y en especial para América es la revolución bolivariana, en ella tenemos a un pueblo que lleva 10 años defendiendo a la revolución y sus avances. Al frente del proceso se encuentra Hugo Chávez un hombre honesto y valiente, pero que desgraciadamente está rodeado de burócratas que no desean otra cosa que frenar el proceso revolucionario. El impacto del trabajo de esos burócratas lo podemos en las oportunidades que le han dado a la burguesía para que esta lance una constante ofensiva que en el caso de la fábrica Mitsubishi provocó la muerte de tres compañeros obreros que se pusieron al frente de la lucha en esa empresa.
Alan insistió en la importancia de los trabajadores en la revolución, ya que sin su amable permiso dijo “no se prende un foco, ni se mueve una rueda”, de ahí que esta sea la clase destinada a llevar adelante la revolución en Venezuela y en todo el mundo, como prueba mencionó el caso de empresas como SIDOR, Inveval, etc. Fábricas venezolanas que hoy día están bajo control obrero y que son fundamentales para el futuro de la revolución.
La charla fue magnífica, los más de 150 asistentes han recibido al marxismo con los brazos abiertos, prueba de ello es que en cuestión de dos horas que duró la charla hemos vendido más de 5 mil pesos en materiales de la Fundación Federico Engels.
Agradecemos al “Grupo Tacuba” por habernos prestado el local para la presentación, así como al grupo de compañeros que se encargaron de la logística cuidando cada detalle para tener un excelente evento, tal como fue.
Al finalizar el evento, un ambiente de ánimo y lucha se desbordó, muchos compañeros se acercaron a Alan para que les firmara su libro, para sacarse fotos con el, pero sobre todo, varios de ellos plantearon firmemente su total disposición para construir la organización en su centro de trabajo. Este acto ha sido un exitoso preámbulo para la Escuela Marxista Panamericana que empieza este 27 de febrero, y que sin duda será un punto de inflexión para la extensión de las ideas marxistas en América y para el desarrollo de las fuerzas de la revolución proletaria.