Tras las elecciones realizadas el pasado 1 de julio fue más que clara la victoria de la coalición “Juntos haremos historia” por el cargo presidencial y el arraso de diputaciones, senadurías, puestos municipales y estatales por parte de esta coalición frente a sus adversarios
El pasado 18 y 19 de agosto se realizó en la comunidad nahua de San Pedro Tlanixco, localidad cercana a Tenango de Valle en el Estado de México, un encuentro de todas aquellas organizaciones que mantienen una lucha por la defensa de la tierra, el agua, la vida y la libertad a lo largo y ancho del territorio mexicano.
Las elecciones pasadas han sido sin duda alguna un acontecimiento histórico que abren un nuevo periodo de la lucha de clases en la Ciudad. No se trata solo del triunfo arrollador de Morena, significativo por sí mismo, sino especialmente la bancarrota de los partidos del régimen. Particularmente destaca el descalabro del PRI en la Ciudad que solo gobernara una alcaldía, y la no menos lamentable coalición del PRD con el PAN que solo consiguió cuatro alcaldías, no sin serias dificultades y muchas artimañas fraudulentas.
Desde la implementación de la reforma educativa, que ya se ha discutido mucho que no sólo es una educativa, sino también laboral, hemos visto que ha golpeado brutalmente a los trabajadores de la educación en lo que refiere a la inestabilidad laboral, por otro lado, se ha dejado ver el impacto directamente en la calidad educativa con el famoso nuevo modelo educativo.
El descontento acumulado durante los gobiernos del PRI y del PAN encontró en la campaña electoral una vía para expresarse, colocando a López Obrador como presidente de la república. El descontento popular utilizo la joya más preciada del sistema democrático burgués, las elecciones, para rechazar las políticas neoliberales de los gobiernos de estos partidos. La utilización popular del mecanismo electoral burgués tiene un primer resultado; la desestabilización del PRI y del PAN. Fisuras y fracturas internas han aparecido en ellos y en los dos hay una dura lucha interna con el pretexto de buscar culpables de su pésimo desempeño electoral.
Las elecciones del pasado 1 de julio han marcado un punto de inflexión en la historia de la lucha de clases en México: como nunca se había visto en proceso electoral alguno en nuestro país, ese día las masas desposeídas se movilizaron con especial determinación para derrotar en las urnas a los partidos tradicionales de la burguesía, el PRI y el PAN, y expulsarlos de la presidencia de la República, cediéndole ese lugar a AMLO y Morena.
El triunfo histórico de Andrés Manuel López Obrador y MORENA en las elecciones del 1 de julio, representa un punto de inflexión en la lucha de clases de nuestro país. Después de 89 años de tiranía priísta y panista, de explotación, guerra sucia y miseria para la mayoría del pueblo, los años de resistencia y combates de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres, del campesinado y los pueblos indígenas han cosechado sus frutos: hemos barrido a la derecha de la presidencia, del Congreso y de la mayoría de los distritos. Una victoria que ha asombrado al mundo entero, y que demuestra la enorme fuerza de los oprimidos para transformar la sociedad.
La victoria arrolladora de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales del 1 de julio marca un punto de inflexión. Después de décadas de tiranía priista, de una violencia militar y policial salvaje, de la privatización de sectores estratégicos de la economía y contrarreformas laborales y educativas sangrantes, millones de trabajadores, jóvenes, campesinos, indígenas y mujeres hemos culminado años de lucha contra la derecha. El triunfo de AMLO y Morena es, ante todo, el fruto de la batalla incansable de todos los oprimidos por transformar la sociedad y acabar con la pesadilla del capitalismo mexicano.
Durante los últimos 15 años hemos sido testigos de un ascenso de gobiernos de izquierda en América Latina, lo cual no es más que la expresión de rechazo por parte de los sectores más oprimidos a un modelo económico neoliberal que nos ha llevado a una situación de verdadera pobreza, desempleo, violencia y la exacerbación de todos los males inherentes al capitalismo.
Millones de trabajadores, jóvenes, campesinos, indígenas y mujeres hemos culminado años de lucha contra la derecha, con una primera batalla triunfal en las urnas. Pero aún debemos defender esta victoria frente a la derecha y los empresarios que están contra el pueblo.
No es venganza, es justicia
El voto hacia AMLO, que ha derivado en la aplastante derrota del PRIAN este 1 de julio, fue motivado no sólo por la búsqueda de un cambio de rumbo en lo económico por parte de millones de familias trabajadoras, sino también por sus anhelos de justicia ante la impunidad con que han actuado el PRI y el PAN en décadas de abiertos crímenes de Estado.